OPINIÓN: El despertar de Hollywood

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Tras los Globos de Oro, reflexionamos en torno al papel de la mujer en la industria del cine, uno de los temas candentes en la gala celebrada en Los Ángeles.

OPINIÓN: El despertar de Hollywood

La industria del cine hollywoodiense está viviendo tiempos convulsos. Una época repleta, afortunadamente, de cambios que esperemos transformen el sector para siempre. El año pasado, los actores afroamericanos reivindicaron definitivamente su derecho a disfrutar de las mismas oportunidades que el resto de sus compañeros de profesión, más acostumbrados a nominaciones, premios y, en definitiva, reconocimientos a su labor como intérpretes.

Cintas como Fences, Figuras ocultas o Moonlight, que acabó llevándose la estatuilla dorada por delante de La La Land, pusieron de manifiesto que los académicos compraban no solo con palabras sino con hechos este discurso de igualdad. Por supuesto, no fue más que un ladrillo en la construcción de la renovada industria cinematográfica que Hollywood nos intenta vender en los últimos años. No podemos despreciar, en cualquier caso, su interés por abandonar las rancias costumbres que han guiado la forma de operar de la Academia desde su fundación.

Algo similar ha tenido lugar este año en las semanas previas a la celebración de los Globos de Oro, en las que hemos asistido al nacimiento de un emocionante movimiento llamado #Metoo, “yo también” en castellano. Algunas de las actrices más populares en Estados Unidos, como Reese Witherspoon o Nicole Kidman, han encabezado una cruzada contra los productores y actores que, aprovechándose de su situación, no dudaron en acosar y violar a mujeres que simplemente trataban de hacerse un hueco en la industria.

Ha pasado durante décadas y, tristemente, seguirá pasando durante más tiempo del que quisiéramos reconocer. La noticia más grata es que, durante los últimos meses, parece haberse abierto una veda que llevaba largo tiempo cerrada y que impedía señalar directamente con el dedo a los indeseables que alguna vez cometieron este tipo de agresiones de carácter sexual. Personalidades como Harvey Weinstein, Brett Ratner, Kevin Spacey o Dustin Hoffman son algunos de los lamentables ejemplos que a todos se nos vienen a la cabeza en estos momentos.

Como era de esperar, los asistentes a la primera gran gala de la temporada no perdieron la oportunidad de alzar su voz para criticar esta clase de actitudes, reflejadas a la perfección en el maravilloso monólogo de apertura de Seth Meyers. También en las vestimentas de los invitados, tanto mujeres como hombres, que lucieron trajes negros en apoyo a la causa. El colofón llegó, sin embargo, con el agradecimiento de Oprah Winfrey tras recibir el galardón honorífico Cecile B. DeMille, que se convirtió en uno de los discursos más memorables de cuantos hemos escuchado en este tipo de eventos.

¿Por qué los afroamericanos en particular y las mujeres en general tienen que seguir un escalón por debajo del resto en pleno 2018? La prueba la hallamos en la misma gala, donde Sterling K. Brown, ganador del Globo de Oro en la categoría de mejor actor en una serie dramática, se confirmó como el primer afroamericano en ganar el premio. Más triste fue el apartado de dirección, donde ninguna realizadora logró colarse entre los nominados: “todos hombres”, como aseguraba Natalie Portman al presentarlos en el atril. ¿A qué se debe qué esta discriminación?

La respuesta más simple es la puramente estadística. En Hollywood, el número de directores es infinitamente superior al de directoras, una realidad que solo empezará a cambiar cuando la propia industria apueste por sus mujeres tanto como viene haciendo en el apartado actoral en series como El cuento de la criada. ¿No tenían cabida talentos como Patty Jenkins, responsable de Wonder Woman, o Greta Gerwig, nominada a mejor guion y a mejor película en la categoría de comedia por Lady Bird? En lugar de ello, la Asociación de la Prensa Extranjera prefirió asegurar el tanto con pesos pesados como Guillermo del Toro, Christopher Nolan, Ridley Scott o Steven Spielberg.

Nadie duda, evidentemente, de su talento tras las cámaras. No obstante, quizás haya llegado el momento de dar un voto de confianza a aquellos que, con la misma destreza, se arriesgan a ser partícipes de un sector en el que todo es más difícil dependiendo de la raza y el sexo. No se trata de hacer un alegato a la llamada discriminación positiva, sino a la oportunidad de que la industria se muestre como un espacio más abierto, inclusivo y justo con sus miembros. Con todos ellos, mujeres incluidas.

En palabras de Oprah Winfrey, también la primera afroamericana en recibir el premio honorífico de los Globos de Oro, “ha llegado el momento”. El momento de ver a más mujeres en las categorías de máxima relevancia, como apuntaba Barbra Streisand durante su intervención en la gala: ”Necesitamos más mujeres directoras y más mujeres nominadas en la categoría de mejor dirección”. Quizás algún día podamos ver unificada las categorías de actuación como ahora mismo lo está la de dirección.

Eso significará que, efectivamente, “Hollywood ha cambiado para siempre”, como afirmaba tras recoger su galardón una esperanzada Reese Witherspoon, protagonista de la magnífica Big Little Lies. De momento pongamos todo nuestro empeño en que, tanto en el sector del cine como en cualquier otra rama profesional, la igualdad se convierta en un elemento esencial y en el vehículo para evolucionar como sociedad. Tenemos la obligación de evitar que discursos tan inspiradores como el de Oprah queden relegados a una atracción más de los medios y se transformen, de una vez, en el empujón definitivo para cambiar nuestra obsoleta realidad. Time’s Up.

Javier Castillo