Análisis de A Way Out – Juntos hasta el final

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Dados sus antecedentes, toparse con algo que llega con la firma de Hazelight Studios es saber que estás ante algo poco tradicional. Aunque todavía no habían conformado este estudio, ya en 2013 mostraron de lo que eran capaces con Brothers: A Tale of Two Sons, un videojuego que sorprendía por su particular narrativa y su forma de mezclar las plataformas con los puzles.

Se puede decir que, para aquel entonces, cogieron una serie de fórmulas bastante tradicionales y las aderezaron con el manejo simultáneo de dos personajes distintos con un único mando. El jugador, tenía que “dividirse en dos” para poder resolver todos los rompecabezas y, básicamente, interactuar con todo ese entorno que rodeaba a los dos hermanos. Esa era la perla de Brothers y la llama suficiente para saber que, de volver a hacer algo, este equipo no iba a seguir la senda tan recorrida por otros.

Ahora nos topamos con A Way Out, un juego que hereda ciertos aspectos de aquella historia fraternal, pero que esta vez pide que dividamos el sofá. Se trata de una aventura obligatoriamente cooperativa, de la primera obra en la que Hazelight Studios aparece como tal, acogido en el seno de Electronic Arts, y es el mecanismo perfecto para detectar el amor por el cine de su progenitor, el cineasta Josef Fares. Aquí se cuenta la historia de Vincent y Leo, de dos personas que deben aprender a trabajar en equipo para conseguir su objetivo, tal y como han de hacer los jugadores. Y el resultado, sin duda, nos ha encantado.

No podemos hablar demasiado sobre el argumento de A Way Out si no queremos entrar en el peligroso terreno de los spoilers, así que vamos a proceder con brevedad y cautela. En este juego conocemos a Vincent y Leo. El primero, sereno y pacífico, acaba de llegar a la cárcel por un crimen que no ha cometido. El segundo, nervioso y peligroso, lleva en prisión ya un tiempo tras una traición.

Ambos se conocen por casualidad en la prisión y, al poco tiempo, descubren que tienen un motivo en común para salir. De esta forma, comienzan a planificar una huida que no es más que el comienzo de algo más grande y peligroso para los dos. No podemos leer más sin destripar nada sobre la historia, y no hay nada que nos doliera más si ocurriera. Lo que ha preparado Hazelight Studios es algo que merece no ser desvelado salvo cuando estés a los mandos con otra persona, porque solo así disfrutarás realmente, o disfrutaréis, de lo que han preparado Fares y compañía.

La trama de A Way Out es algo que se construye sobre el carácter chocante de sus dos personajes, como también la jugabilidad. Como si de una película se tratara, es habitual toparse con una buena cantidad de escenas cinematográficas en las que veamos a los personajes interactuar y relacionarse, además de ver cómo poco a poco ambos se van desarrollando y comienzan a fraguar una amistad casi fraternal. Ambos tienen unos perfiles muy marcados y claramente contradictorios, y es precisamente esa diferencia y ese choque de mundos lo que le da a este guión ese genial cebo con el que te acaba atrapando.

El factor narrativo es la gran clave de este título, con permiso de la obligatoriedad de jugarlo con otra persona. Hazelight ha incluido una modalidad online con la que buscar colegas de fuga a través de internet, incluso ha incluido el sistema Friend Pass, con el que dos personas pueden jugar con una sola copia del juego. El problema es que esta opción se siente algo vacía. La auténtica experiencia que el estudio ha querido traernos se vive mejor con dos mandos y una misma consola, compartiendo habitación con tu compañero de cárcel y discutiendo in situ qué decisiones tomar o cómo actuar.

La coordinación es la clave. Si los dos jugadores no se compenetran pueden acabar muy mal en más de una ocasión. A Way Out exige una comunicación constante entre ambos y, aunque también les concede cierta libertad para actuar durante la partida, es cuando deben cooperar codo con codo cuando el juego brilla con más fuerza. Los que echábamos de menos un motivo para dividir pantalla al jugar nos hemos topado con algo muy bueno aquí, y con una razón más para mirar a otros tantos y señalar una foto de Leo y Vincent.

Mano a mano, o mando con mando, los dos jugadores deben investigar ligeramente para resolver ciertos puzles que les permitan avanzar, como también actuar con rapidez y agudeza cuando lleguen momentos de acción. Por unos momentos, el juego puede llegar a recordar a una aventura gráfica; pero en otros, meternos en una secuencia de persecución digna de un Uncharted o hacernos frenar para echar una partida al cuatro en raya. Tiene un poco de todo, aunque su gran fortaleza reside en cómo aúna sus elementos para apuntar siempre a la cooperación o a la competitividad entre jugadores.

Quizá lo más achacable a su concepto de juego sea lo limitado en el rango de acciones. Aunque te permita interactuar con los demás personajes, elegir diferentes caminos a seguir con las conversaciones o incluso poco a poco vaya introduciendo nuevos elementos para enriquecer su jugabilidad, gran parte de los momentos, sobre todo los de acción, se resuelven pulsando un botón en el momento adecuado, a base de QTE. Por otra parte, los puzles a veces son bastante predecibles y fáciles de resolver, aunque se introduzca esa pequeña variedad que permita llegar de formas distintas a una misma solución.

Por supuesto, entendemos también que son exigencias del guion, nunca mejor dicho, y que A Way Out es un título marcado a seguir una línea que, a pesar de las pequeñas bifurcaciones que aparezcan, siempre vuelve a ser el camino a seguir por los jugadores. Aunque, la verdad, cuando te ves debatiendo con tu compañero si hacer las cosas al estilo de Leo, a tortas, o al de Vincent, dialogando, te olvidas de todas estas pequeñeces. Los dos personajes tienen una personalidad que se refleja fielmente en sus actos y que te ayudan a conectar muy rápidamente con cualquiera de ellos.

En cuanto al campo audiovisual, no hay queja alguna. Uno de nuestros mayores miedos era que, con esos juegos de cámara en los que es capaz de haber cuatro planos distintos al mismo tiempo en pantalla, fuera difícil ver por dónde nos movíamos o lo que estábamos haciendo; pero lo cierto es que no ha habido inconveniente alguno, de hecho, la espectacularidad que consigue gracias a ese efecto cinematográfico es algo que nos ha gustado bastante.

Además, el doblaje de voz escogido para los protagonistas y gran parte del reparto funciona tremendamente bien. El campo gráfico quizá sea lo menos sorprendente del título, aunque hay algunas panorámicas en campo abierto que son dignas de enmarcar, sobre todo si se disfruta del título a una resolución 4K (en nuestro caso, habiendo analizado la versión de PC, pudimos probarla y disfrutarla). Tampoco nos preocupa, ya que somos conscientes de que no estamos ante una producción de gigantesco calibre, sino ante la propuesta de un pequeño estudio muy apasionado con lo que hace.

Jugabilidad: A Way Out te pide resolver puzles, sumergirte en diálogos, huir en persecuciones, arrasar en un tiroteo o demostrar tus dotes al piano. Pica un poco de infinidad de aspectos para llevarlos todos a sus dos puntos más fuertes: la narrativa y la cooperación. La capacidad para dar libertad y, a la vez, pedir compenetración a los dos jugadores es algo que nos ha enamorado y que nos hace insistir en que, si es posible, siempre juguéis dos personas en una misma sala.

Gráficos: la obra de Hazelight no puede presumir de ser un portento bestial a nivel gráfico, pero sí de gozar de un aspecto gráfico bastante resuelto y, sobre todo, adecuado a lo que quiere hacer. La caracterización de los personajes principales nos ha gustado tanto como el nivel de detalle de unos elementos y paisajes, aunque también hemos visto otros que desentonan un poco con el conjunto.

Sonido: excelente doblaje para los protagonistas y una banda sonora que pasa un poco de puntillas. Hemos echado en falta alguna melodía contundente, aunque tenga algunos momentos en los que la música sabe muy bien cómo actuar para transmitir el sentimiento de lo que sucede.

Duración: debido al tipo de juego que es y la experiencia que propone, puede superarse en poco más de 6 horas. Para completar su historia hemos tenido que realizar tan solo dos partidas para llegar al final y ver el desenlace, aunque tiene pequeñas alternativas durante el transcurso de la historia que invitan a experimentar de nuevo, aunque sea por mera curiosidad.

Conclusión: A Way Out ha traído justo lo que esperábamos, una experiencia cooperativa que exige compenetración y un desarrollo narrativo muy interesante. Obligar a jugar con otra persona es tanto su mayor bondad como su mayor debilidad, sobre todo si no se tiene un “Player 2” con el que compartir partida. Sin embargo, lo que hace vivir a ambos a los mandos es algo que vale mucho la pena. Ojalá más juegos con este afán y amor por la pantalla dividida, ojalá más Leos y Vincents.
 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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