Pero sigo siendo el rey

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Nada de campesinos holgazanes. Nada de armas obsoletas y oxidadas. Nada de tropas que no estén en perfecto estado de revista. Alcanzar la supremacía es cosa seria, y para triunfar en Age of Empires II y ser un verdadero rey del medievo, hay que cuidar hasta del más pequeño detalle. ¿Viene o no viene esa madera?

Después de un duro día de trabajo, hay un gran placer culpable que es acomodarse en la butaca, aflojarse el cuello de la camisa, procurarse un pequeño refrigerio y lanzarse a la conquista del mundo. Ya sea en juegos de estrategia por turnos con esas famosas últimas palabras de “un turno más y lo dejo” que seguramente sean un día – esperemos que muy lejano – el epitafio del gran Sid Meier, o en juegos de estrategia en tiempo real, la otra variante menos relajada pero indicada para quienes quieren desconectar del día a día con un desafío táctico. Reunir recursos, erigir edificios y generar tropas, ya sabes cómo va desde los tiempos de Warcraft, pero reconoce que en realidad se te grabó en la cabeza gracias a Age of Empires II.



En 1997, Ensemble Studios, que solo 4 años después sería absorbida por Microsoft, les daba a los de Redmond una nueva franquicia para su sistema Windows que traería, tanto a ellos como a los jugadores, muchas alegrías. El invento juntaba los dos referentes estratégicos del momento, cada uno reconocido como lo mejor en lo suyo. De la rama de los turnos, el titánico Civilization. Con sus diversas culturas enfrascadas en una guerra de progreso y beligerancia, pero tendiendo puentes a alianzas, espionajes y construcción de monumentos emblemáticos que admirasen las generaciones venideras. Del campo del tiempo real, Warcraft II era el espejo donde mirarse. Blizzard había conseguido que su mecánica de microgestión a partir de los recursos recogidos en cada mapa pasara a estar escrita en piedra para ser tomada como ejemplo por todo título que quisiera ser algo en el género estratégico.

El resultado de esta unión fue Age of Empires, el bello hijo de una noche de pasión entre Civilization y Warcraft II. Pero Age of Empires, aunque todo el mundo reconocía que era un buen juego y que era un comienzo muy prometedor para Ensemble, aún se podía mejorar. De hecho, se podía mejorar bastante. Sus modos para un jugador eran fantásticos, así que ahí poco había que ajustar. Si acaso, sus árboles tecnológicos sí que podían beneficiarse de unos cuantos retoques. Para cuando Ensemble hizo los deberes y salió Age of Empires II, hasta los más reticentes acabaron por claudicar: La estrategia ya era uno de esos géneros que, oficialmente, molaba. 



Age of Empires II: The Age of Kings nos vuelve a poner en el papel del líder de una nación, pero en lugar de abarcar un amplio periodo de tiempo se limita a la Edad Media. A lo largo de cuatro etapas de ésta, que podremos hacer avanzar conforme impulsemos el desarrollo tecnológico de nuestra nación, tendremos a nuestra disposición una gama de edificios, ya sean civiles, militares o destinados a otros propósitos capaces de producir nuevas unidades más avanzadas para poder situar a nuestra civilización como la parte dominante en mapas aleatorios – o creados gracias a su editor – con varias facciones en liza. O bien, podremos seguir los pasos de diversos ejércitos a lo largo de un modo campaña que nos traerá a personajes históricos como Saladino, Juana de Arco, William Wallace o Gengis Khan. En todo caso, tendremos que reunir recursos en forma de madera, oro, piedra y comida para sostener a nuestro pueblo y tener materia prima para poder expandirlo.



Va a ser complicado que a estas alturas haya alguien que no conozca Age of Empires II. Incluso si en la vida se ha instalado este juego o jugado una partida, cualquiera que haya tenido un mínimo contacto con títulos de estrategia en tiempo real encontrará familiar su mecánica juego, consistente en reunir recursos para poder costear las construcciones y unidades con las que engrosar nuestras filas. Y es en este aspecto en lo primero que empieza a despuntar Age of Empires II sobre su predecesor.

Y es que aunque en principio el aumento de civilizaciones no sea muy significativo (13 sobre las 12 de la primera entrega), cada una de esa docena más una de facciones tiene un personalidad propia muy marcada. Empezando por los tipos de unidades y edificios, algo que sobre el papel sería la base para diferenciar bandos, y siguiendo por su propio árbol tecnológico, reflejando elementos propios de cada una de estas culturas. Desde celtas a mongoles, pasando por el Sacro Imperio Romano Germánico, el Japón feudal de los samurais, vikingos, francos, teutones, godos, bizantinos, persas, ingleses, chinos, turcos o sarracenos. Cada una de ellas cuenta con una especialidad propia y, por ende, una unidad específica y exclusiva de sus filas, además de una dupla de bonos que les otorga a cada pueblo una mejora concreta sobre el campo de batalla y otra en el terreno socioeconómico.

Precisamente, siendo fácil que entre todo este batiburrillo de naciones, bonos y unidades hubiera un inevitable desequilibrio, lo cierto es que Age of Empire II es ejemplar en este aspecto. Cada bando puede imponer su propio estilo de juego sin que ellos signifique haya una pata que cojee más que otras. Simplemente, se prestan más a un tipo de estrategias que a otros según los rasgos antes mencionados, y es lo ideal tanto para quien quiera probar varias maneras de afrontar las misiones como para el que tiene muy claro su proceder y busca la civilización que se ajuste como un guante. Age of Empire II tiene para todos. Y en este sentido, es admirable.



Con la jugabilidad por bandera, mejorando algo que ya de por sí era brillante, Age of Empires II pronto fue adoptado como el juego estratégico de preferencia por parte de los tácticos de espíritu más competitivo, que podían jugar tanto en red local como a través de Internet contra otros 7 jugadores como máximo en mapas aleatorios. De hecho, uno de los rasgos que Ensemble se trajo de Civilization fue que no fuera la supremacía militar la única posibilidad de victoria. Ésta se podía conseguir también mediante una condición opcional, y es que si una nación erigía su propia Maravilla, una construcción específica de cada pueblo, muy costosa y que requiere de un gran tiempo de construcción. Pero si nos las apañamos para evitar que sea destruída durante un cierto tiempo, reportará una victoria tanto a sus constructores como a sus bandos aliados.

Nuestra civilización en Age of Empires II puede avanzar tecnológicamente a través de cuatro etapas, siempre que se den ciertos requisitos y se pueda cumplir con el coste del avance. Esto traerá consigo el estudio de mejoras para nuestras unidades, y el consiguiente desbloqueo de figuras más avanzadas. Así, en cuanto el motor de nuestra sociedad eche a andar, veremos como de tener primitivos campesinos y guerreros contaremos con tropas de caballería, infantería, arqueros y hasta vehículos de asedio, transporte o barcos de guerra. Otro de los rasgos de la serie Age of Empires es la posibilidad de sumar a nuestras filas a héroes propios de cada civilización, personajes legendarios de una mayor capacidad de maniobra y acción.

Para el año 1999, 2001 para cuando llegó por nuestros pagos, Age of Empires II cuenta con unos gráficos bastante interesantes. No desencajan mandíbulas, pero tampoco se les puede pedir más por cuanto que representan con el suficiente detalle a las unidades y elementos del mapa, conformando un tablero de juego de visión amplia y sobre el que en todo momento tenemos el control, pudiendo enfocar en cualquier momento la acción sobre un sector determinado gracias al minimapa de la parte inferior derecha. La sencillez de uso, con todo a golpe de clic prácticamente in situ y sin mucha complicación, o dicho de otro modo, sin tener que recurrir a menús o demasiados iconos en pantalla (solamente los usamos cuando queramos construir, llevar a cabo alguna acción o mejorar algo tras seleccionar el elemento adecuado), no solo facilita el manejo sino que despeja la zona de juego para que el mapa abarque prácticamente toda la pantalla.



En España, Age of Empires II nos llegó completamente localizado, y eso incluye un doblaje al español de bastante calidad que incluye acentos para determinadas civilizaciones y personajes. Eso sería quizá lo único forzado en unas voces que, por otro lado, al dejar las voces de las unidades intactas le dota aún más de esa variedad entre naciones. Acompañadas, claro, por una banda sonora acorde a cada pueblo y que no se impone nunca sobre lo que sucede en el terreno, sino que va de la mano.

Age of Empires II redondeaba su propia franquicia, y de paso también su propio género, puesto que con más de un millón largo de unidades vendidas en su momento, se convirtió en un superéxito que no era difícil ver instalado incluso en ciertos lugares públicos para echar el rato. Dió para una expansión, Age of Empires II: The Conquerors, que añadía nuevas civilizaciones como los mayas y los aztecas. Y es que entre recolectar, construir y conquistar, ser rey es un no parar.

Juan Elías Fernández

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Nacho Castañón

Editor y PR en Andro4all. Licenciado en Periodismo y Comunicación Integral. Formado en El Referente, Agencia Colpisa y AlfaBetaJuega, y escribiendo sobre el mundo de la tecnología, videojuegos y deporte desde 2013. Mi perfil en LinkedIn.
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