AlfabetaRETRO: Yakuza 2 – Un dragón desatado

 

 

Tatuajes, apretones de manos, dedos cortados y muchos trabajos sucios. El mundo de la mafia japonesa, de la más que conocida Yakuza, siempre ha sido algo que atrae las miradas de curiosos y no tanto por ser el reflejo del crimen en una sociedad donde la limpieza, lo inmaculado y los valores brillan en cada paso de cebra y en cada esquina: la nipona.

Adentrarse en el mundo de la noche, en la otra cara de una moneda que resplandece a lo largo y ancho de todo el mundo, fue un experimento que consiguió que la saga Yakuza llamara la atención de la industria del videojuego a finales de 2005. El relato de Kazuma Kiryu, un criminal encarcelado por error que contacta con su lado más humano mientras trata de recuperar el honor de su clan, Tojo, dejó con la miel en los labios a los jugadores que descubrieron el buen hacer de Ryuta Ueda y Toshihiro Nagoshi a la hora de dar forma a un brawler donde los golpes importaban, pero también las razones tras ellos.

Una acogida más que fuerte en Japón, y unos brazos medianamente abiertos en Occidente propiciaron que el título lanzado en PlayStation 2 recibiera una secuela al poco tiempo. Los nipones solo tuvieron que esperar un año para reencontrarse con Kiryu, mientras los occidentales tuvimos que aguantar hasta 2008. 

Más golpes, más variedad de subtramas y una Tokio más viva que nunca eran los factores que, junto a una historia mucho más evolucionada, profunda e incluso emotiva, lograron hacer que esta secuela firmada de nuevo por el padre de Super Monkey Ball o F-Zero GX pegara con más fuerza que el más rabioso de los puñetazos del Dragón de Dojima.

Alejado del oscuro mundo de las organizaciones criminales, Kazuma Kiryu recibe una última petición de sus antiguos compañeros de organización. Con el fin de mantener las buenas relaciones entre el Clan Tojo y la Familia Omi, debe partir en un viaje que le llevará a descubrir las intenciones de una mafia coreana con pocas ganas de firmar paces y mantener la tranquilidad.

La enemistad con el Dragón de Kansai y el potente choque entre ambos personajes, un relato de traición y venganza, de intereses y de rencores fraguados durante más de un cuarto de siglo componen el argumento de Yakuza 2. Sin entrar demasiado en terreno de spoilers, sobre todo con el lanzamiento de Yakuza Kiwami 2, remake de este, tan fresco, decir que el guion dio un salto de gigante con respecto a su predecesor, llegando a coquetear con una historia romántica entre puñetazos, patadas, katanas y sangre.

No hay que olvidar que la esencia de este Yakuza, y de cualquier otro juego de esta franquicia, reside en el enorme despliegue de posibilidades que se contempla al adentrarse en sus combates. Pero la evolución del guion y el riesgo tomado por tratar de dar un poco más de sentido a cada pelea y hacer que los personajes tuvieran más peso fue una de las decisiones más acertadas de esta entrega. Ganar importaba, pero más aún cuando se hacía por defender a unos personajes que comenzaban a dejar huella. 

Pero no os confundáis. Tener un guion con más empaque no implica que sea realista y totalmente serio. Quienes conocen la saga Yakuza saben que uno de sus sellos de identidad, en el plano argumental, es que siempre hay hueco para situaciones de lo más disparatadas y exageradas. Decir que la visión de Nagoshi sobre este mundo es fiel, es como asegurar que Miyamoto acertó definiendo el papel de un fontanero en sus videojuegos. Hay drama, pero también mucha locura y surrealismo.

Como buen brawler, Yakuza 2 se esforzaba por permitir al jugador hacer un impresionante despliegue de golpes y combos con una facilidad pasmosa. Kiryu es una máquina de matar y en esta entrega ese papel se refuerza más con la inclusión del Heat Mode, un medidor que se rellenaba en cada combate y que, una vez completo, envolvía al protagonista en una llama azul liberando todo su poder.

En esos instantes es cuando la locura escondida entre bambalinas sale a la luz por completo. El personaje se vuelve capaz de coger prácticamente cualquier objeto del escenario en el que se encuentra y usarlo como arma con la que machacar a sus rivales. No importaba que fuera un palo, una espada, una señal de tráfico o un sillón. Todo valía para hacer a los enemigos morder el polvo. Para ser capaces de afrontar a unos jefes que podían poner las cosas muy complicadas, sobre todo por unos QTE que pedían muchos más reflejos de lo habitual.

A pesar de lo divertido de esta fórmula, el núcleo de la jugabilidad de Yakuza 2 le debía mucho a los ligeros tintes de mundo abierto que lo bañaban. En este sentido, se podrían incluso establecer ciertos lazos con la saga Shenmue por la libertad del jugador a la hora de distraerse no solo con secundarias tan banales como ayudar a alguien que sangra por la nariz, sino también con arcades, simuladores de citas o hasta el mero disfrute de una buena bebida en un bar de copas.

Factores que alimentan la credibilidad de una ciudad que nunca duerme y que, además de dar más viveza e interactividad a la experiencia de juego, también aportaban bonificaciones al jugador. Kiryu adquiere experiencia con cada pelea, tarea o labor que lleva a cabo, pudiendo mejorar sus estadísticas para ser un yakuza mucho más peligroso y letal.

Puede que, con el paso del tiempo, sea uno de esos juegos que no envejecen demasiado bien a nivel visual, aunque su fórmula central haya resistido mucho mejor a la erosión del paso de los años. En PlayStation 2, el acabado gráfico era y es digno de mención, sobre todo por el más que destacable mimo y amor por los pequeños detalles. Las noches de neón de Yakuza 2 eran todo un espectáculo para la época y todavía siguen dejando cierta huella en quienes las contemplan.

La vuelta al doblaje japonés, además, ayudaba a sumergirse más de lleno en el mundo que se construía entre peleas, paseos y partidas de Mahjong o intentos de ligar. La primera entrega vino a Occidente con un reparto de voces inglés que funcionaba, pero que estaba a años luz de la fuerza y el sentimiento conseguidos por los seiyus originales, los que tomaban la batuta en este segundo juego para demostrar el auténtico sentimiento de estos yakuzas.

Sega experimentó y, con Yakuza 2, siguió forjando una franquicia que a día de hoy es todo un icono. Nuevas bases, una mayor profundidad argumental y, sobre todo, muchas cosas con las que perder el tiempo y disfrutar de un videojuego a través de su vertiente más ociosa componen el abanico que ayudó a esta segunda entrega a conquistar también al público occidental. Razones más que suficientes para que ahora, con el remake que plantea Yakuza Kiwami 2, os animéis a darle una oportunidad. El Dragón de Dojima os cautivará con su fiereza.
 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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