Despierta el tigre que hay en tí

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Una de las primeras conversiones de recreativa con las que Sega adornó el lanzamiento de Mega Drive fue una verdadera animalada en el momento. Altered Beast se alza de su tumba en esta nueva entrega de nuestro AlfaBetaRETRO.

Hay un momento en la vida de todo hombre en el que sobrevienen ciertos cambios fisiológicos. Lo solemos notar porque un día empezamos a reparar en que nos cambia la voz, que se vuelve como más gutural de golpe y porrazo. Se nos define más la complexión física, damos el estirón, dicho simple y llanamente, y además empieza a salir pelo donde antes no había. Este momento que es ley de vida, suele llegar en una etapa muy marcada, y es en la que tras haber sido resucitado por el mismísimo Zeus llegas a acumular tres esferas de poder tras despachar a patadas a sendos lobos blancos para transformarte en una bestia semihumana. No, no es una alegoría de nada, a menos que Sega quisiera esconder algún doble sentido en su arcade Altered Beast.

Sega, que había empezado en los salones recreativos a caballo ocupándose de la exportación de muebles arcade entre Estados Unidos y Japón, había visto durante los ochenta cómo las oportunidades le llegaban y poco a poco se iba labrando una fama con verdaderos juegazos. Sega hacía recreativas que por una cosa o por otra resultaban distintivas y quedaban en el recuerdo y las retinas de los jugadores, que cuando se quedaban sin monedas en los bolsillos regresaban a su casa deseosos de que algún alma caritativa les diese un port para sus sistemas domésticos. Por lo general, no era lo mismo. Pero qué gozada poder jugar a Shinobi, Golden Axe, Out Run y demás titulazos cuando a uno le viniese en gana y sin tener que mendigar cinco duros a una madre no muy por la labor.



Es en este momento de la trayectoria de Sega, en la segunda mitad de los ochenta, cuando la división AM1 le saca lustre a la placa System 16 y deja esos pesos pesados que cimentarían la reputación de la desarrolladora. Y una de las mentes tras parte del éxito fue la de Makoto Uchida, diseñador que tomó parte en tres proyectos de este último tramo de década. Tres juegos de acción con bastante de beat’em up, pero en tres entornos bastante diferentes. Uno de ellos, un mundo mitológico con reminiscencias de la Grecia antigua con dioses y criaturas sobrenaturales. Otro, tres cuartos de lo mismo, solo que tomando la moda de los bárbaros y las historias de espada y brujería que inspiraba cierto cimmerio para dar forma al mencionado Golden Axe. Y por último, un futuro con invasión alienígena de por medio y seres bastante repugnantes en Alien Storm. Pero centrémonos en el primero. Centrémonos en Altered Beast.

Altered Beast llega en una época en la que todavía vale todo en el mundo de los videojuegos, tanto a nivel visual como de argumento. La mecánica, en realidad, era lo de menos. A los jugadores de aquel entonces les atraía más la diversión pura y dura y que el juego les pudiera transportar imaginación mediante a otros mundos por encima de otros aspectos más técnicos y narrativos que ahora mismo tendrían la preferencia. Así, un juego que en esencia consiste en aporrear a seres surgidos del mismísimo infierno, viene cubierto de epopeya protagonizada por un centurión caído en combate que es traído de nuevo al mundo de los vivos por Zeus con esa famosa orden pronunciada en una voz metálica digitalizada y, por qué no decirlo, algo gangosa: “Rise from your grave” (“Álzate de tu tumba”).

Por no llevarle la contraria a Zeus, nuestro héroe vuelve al ajetreo de ser carne y hueso una vez más para partir al rescate de Atenea de las garras de Neff, el señor del Inframundo. Las correrías en pos de tal misión se nos muestran desde una perspectiva lateral, en un solo plano, sin que haya profundidad como en otros juegos de peleas, pero a cambio la metamorfosis se convierte en el quid de la cuestión. Y es que nuestro resurrecto tirillas puede defenderse más mal que bien a base de puñetazos y patadas contras engendros de la talla de zombies o demonios, pero de tanto en tanto se verá venir a lobos bicéfalos que acudirán en manada, primero un par de ejemplares pardos y luego uno blanco que al ser atizado se convertirá en una esfera azulada que aumentará el poderío físico del héroe.



Veremos cómo se fortalece a ojos vista obteniendo poco a poco una musculatura hipertrofiada digna de todo un Mr. Olympia, y con ello cómo atiza golpes más poderosos, hasta que con la tercera de estas esferas ocurrirá el milagro y se transformará, según el nivel, en una de cuatro posibles bestias: un hombre lobo, un hombre dragón, un hombre oso (pardo para más señas) y un hombre tigre. Cada uno de ellos tiene dos formas de ataque con las que tendremos que enfrentarnos a las formas monstruosas que adopta Neiff al final de cada nivel. Eso sí, no lo hará hasta que no considere al héroe digno de ello, y eso será cuando estemos transformados al fin en un metamorfo. Esto quiere decir que si tardamos mucho en recoger las esferas el nivel se irá alargando más y más.

Esto es más importante de lo que parece, ya que el control de Altered Beast, de sus versiones domésticas especialmente, es un tanto rígido y conviene medir bien los tiempos y distancias para no quedar expuesto a las oleadas de enemigos y ver cómo la vida que se nos ha concedido se va tan fácil como fácil ha venido. Porque además, para mayor castigo, no hay ni un objeto que permite recuperar los puntos de vida perdidos. Los tres segmentos de la barra de vida irán pasando inmisericordemente cada uno de azul a amarillo y luego a rojo para luego desaparecer sin poder hacer nada al respecto.

Pese a no ser un dechado de originalidad, Altered Beast ganó muchos adeptos gracias a su intensidad, al gimmick de la transformación, algo original en el momento, y a un estilo visual con unas criaturas que harían las delicias de David Cronenberg. Los monstruos llegan a ser tan surrealistas como repulsivos, empezando por el propio jefe del primer nivel, un gigante deforme y tripudo que lanza cabezas. Puedes leerlo de nuevo, es así tal cual. Y no hemos hablado del híbrido extraño entre dragón y caracol al que hay que hacer salir de su concha a trompazos, o a los raros cruces entre, otra vez, dragón y serpiente de cascabel que emergen del suelo y techo del segundo nivel, pero cuya cola o cabeza podemos mandar a paseo de una patada.



Altered Beast fue un gran reclamo en la primera hornada de juegos de Mega Drive gracias a la fama ganada en los recreativos. No fue ni muchos menos el único sistema al que llegó, e igualmente TurboGrafx-16 tuvo una conversión bastante fidedigna. A Master System le cayó una versión lenta pero gráficamente sorprendente, y algo más discretas son las conversiones para ordenadores personales, especialmente las de 8 bits, no demasiado bien paradas. Pero una vez más, tener una recreativa en casa, salvando todas las distancias que había que salvar, era lo más que se podía pedir en aquel entonces.

Altered Beast tiene algunas curiosidades. Makoto Uchida crearía Golden Axe al año siguiente, y en él aparecería una de sus criaturas, la cocatriz, la famosa montura rosada que propina latigazos con su cola. Además, la forma final de Neff, un hombre rinoceronte con placas de armadura, ganó la suficiente notoriedad como para dejarse ver en el cine, entre los villanos del grupo de apoyo de Rompe Ralph. El propio final de la recreativa adopta la línea de Uchida de lanzar guiños a los jugadores, ya que en este caso, spoiler, todo resulta ser el rodaje de una película.

Aunque con los años Sega retomaría la licencia e intentaría hacer secuelas, ninguna tuvo la fama del original. Eso sí, en PlayStation 2 dió lugar a un sangriento juego de acción con toque más realista y con una historia en la que la mitología se cambia por la genética. Tampoco marcó época, pero sirvió para recuperar las transformaciones clásicos e introducir otras… como un híbrido entre humano y alienígena. Pero lo que estaba claro es que en la Sega de los ochenta eran unos fieras. De la programación, se entiende.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Un hombre lobo americano en Londres

Libro: La isla del doctor Moreau

Canción: Torrebruno – Tigres, leones

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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