Análisis de 9 Monkeys of Shaolin – V de Varapalos

Los rusos de Sobaka Studio firman un beat ‘em up algo diferente, entretenido y un poco más que correcto.

El videojuego como medio permite crear obras de muchos tipos y nosotros, como jugadores, decidimos cuál de ellas será la encargada de acompañarnos en nuestro día a día durante lo que dure el viaje. Los triples A cuentan con valores de producciones altos y generalmente ofrecen contenido inabarcable y muchas horas de juego. A veces más de las que disponemos.

Y puede que, como yo, tú también seas de los que después de terminar un juego largo —de esos que nos exigen más que otros y que terminamos empachados—, decides jugar a algo más comedido y corto. Y para esto, 9 Monkeys of Shaolin es una opción más que buena.

Sobaka Studio es el equipo de desarrolladores ruso, con sede en Moscú y Kaliningrado, que nos trae un videojuego beat ‘em up, un género tan clásico que ya no genera el interés de antaño. Por supuesto, siempre habrá el fan más acérrimo de este tipo de juegos y estudios dispuestos a satisfacer sus necesidades con propuestas más o menos interesantes. De hecho, no hace mucho salió Streets of Rage 4.

Precisamente por esto, 9 Monkeys of Shaolin busca darle una vuelta de tuerca para no ser un yo contra el barrio más. Y culpa de esto lo tiene una propuesta narrativa que tiene intención en contarnos una historia, aunque luego nos olvidemos de ella porque nos interesa repartir varapalos —literalmente— a diestro y siniestro.

La historia, un bonito cliché

Que el juego tenga ganas de contarnos una historia no significa que sea buena o, mejor dicho, novedosa. Porque si algo es la historia es un bonito cliché que bebe de las películas de kung fu de los años 70 y 80.

9 Monkeys of Shaolin nos pone en la piel de Wei Cheng, un pescador que sabe algo de artes marciales porque le enseñó su abuelo. La historia comienza cuando un grupo de bandidos ataca el pueblo y, básicamente, se cargan a todos. Y cuando digo a todos es que ni el pobre abuelo del protagonista se salva. Incluso el propio Wei Cheng recibe una paliza monumental y casi muere desangrado.

Por suerte para el joven pescador, los monjes Shaolin llegan a tiempo y lo llevan al templo, donde conseguirá recuperarse de esas heridas que, en cualquier otra persona, hubieran sido mortales. Motivado por la sed de venganza, Wei Cheng se une a los monjes para descubrir quién está detrás de los ataques —el de la aldea solo es uno de ellos— y poder vengar la muerte de su abuelo.

Avanzar a base de golpes

Para llevar a cabo nuestro objetivo iremos yendo a distintos lugares como templos, aldeas y otros escenarios por los que avanzamos a base de asestar golpes con el arma que llevemos. Al principio, tendremos una herramienta muy sofisticada capaz de dar topetazos críticos a cualquiera que se cruce en nuestro camino: una vara.

A medida que superamos ciertos niveles desbloquearemos nuevas armas similares, calzado y accesorios que otorgan al protagonista diferentes ventajas como envenenamiento o más agilidad para esquivar golpes enemigos. Eso sí, no hay uno mejor que otro porque cualquier combinación sirve para derrotar a los enemigos. La función de esta variedad de objetos y armas es más un servicio para que los distintos tipos de jugadores se sientan cómodos con el personaje. Por ejemplo, la esquiva se hace con un salto que en pantalla es más vistoso y peliculero, pero las alpargatas doradas lo sustituyen por un dash que (para mi) funciona mejor.

En cualquier caso, comenzamos con ataques básicos: golpe contundente, empuje y la patada voladora. Conforme la historia avanza, el maestro del templo Shaolin nos enseñará nuevas técnicas de lucha. También aprenderemos a realizar ataques más fuertes que utilizan el Qi, nuestra fuerza interior que se recupera a base de golpe y porrazo básico. Y aquí también hay cabida para la magia y la fantasía, porque no solo tenemos que luchar contra espíritus, sino que el maestro nos enseñará a utilizar el Qi para realizar una serie de golpes nuevos —Elementos Sureños, lo llaman— e invocar unos sellos terrestres de ligereza, harmonía y atracción.

Sello de ligereza en 9 Monkeys of Shaolin
El sello de ligereza hace levitar a los enemigos cercanos durante un tiempo.

Al mismo tiempo, destruyendo objetos del escenario descubriremos unas estatuas que, a modo de coleccionable, desbloquean funciones curiosas prescindibles como enemigos cabezones o apariencias del personaje. Más importancia tienen los tés que nos encontramos por el camino.

Hay cuatro distintos: el té verde Longqing que restaura 20% de salud, el té amarillo Huang Ya nos otorga Qi ilimitado durante 5 segundos, el té rojo oolong Da Hong Pao duplica el daño que infligimos y, por último, el té blanco Baihao Yinzhen que reduce el daño que nos hacen los enemigos en un 30% durante 5 segundos.

Saber utilizar estos ítems en el momento exacto será casi vital en la dificultad máxima del juego, donde cada golpe del rival se llevará una gran parte de nuestra barra de vida y, si morimos, empezaremos el nivel desde el principio. La gracia de todo esto consiste en combinar cada una de las posibilidades que ofrece el juego para derrotar a los enemigos. Y lo cierto es que una vez que tenemos todo desbloqueado (que no mejorado) los combates se resuelven con movimientos gráciles.

Patada voladora 9 Monkeys of Shaolin
La patada voladora es de los golpes más satisfactorios de ejecutar en el juego

Combinar sellos con golpes contundentes o volar de un lado a otro de la pantalla con la patada voladora resulta bastante satisfactorio y, de algún modo, creíble. Algunos enemigos asestarán golpes especiales que solo se pueden mediante la esquiva o una especie de parry que no convence del todo, dos movimientos defensivos que completan el sistema de combate.

El estilo artístico es un juego de luces, sombras… ¡y de color!

Y si bien a 9 Monkeys of Shaolin vine por las hostias —esto es un beat ‘em up, al fin y al cabo— me quedé por un apartado artístico superior a lo que cabría esperar de un juego como este. Las ilustraciones que se utilizan a modo de cinemáticas estáticas para narrar la historia son pintorescas y el diseño visual de los niveles muestra una clara intencionalidad.

Uso del color en 9 Monkeys of Shaolin
Los escenarios se asocian a una paleta de colores muy llamativa.

El propio Mikhail Bushuev, director creativo y animador de Sobaka Studio, explicaba en el blog de Xbox que tanto las sombras y los contornos fuertes hechos con tinta como el alto contraste y los colores vivos combinan bien con el estilo del juego. Incluso el color de los escenarios tiene el objetivo de ser tan contundente como los varapalos que asestamos a cada enemigo. La paleta de colores son reflejo del lugar en el que nos encontramos, por eso la pantalla de la aldea en llamas predomina el naranja o un bosque de bambú es verde.

El resultado final es entretenido, pero podría ser mejor

Me gusta pensar que el juego es como el protagonista, un pescador, y nosotros el maestro que evalúa las técnicas del mismo. Pero a diferencia de Wei Cheng, que termina siendo en un monje Shaolin, el juego no consigue desatar todo su potencial para convertirse en lo que debería ser. Aprueba el curso, sí, pero todavía quedan lecciones que aprender, animaciones que pulir y aspectos que mejorar.

Pero no es de esos aprobados en los que el profesor sube la nota para no volver a verte en septiembre, no. El juego entretiene durante las dos tardes cortas (o una larga) que le podemos dedicar para completar la historia. Y a pesar de que el resultado final se ha quedado en poco más que buenas intenciones, 9 Monkeys of Shaolin aprueba por sus propios medios porque tiene interés en hacerlo bien y yo en ver qué es lo próximo de Sobaka Studio.

▪ Fecha de lanzamiento: 16/10/2020

Álex Pazos

Comunicador audiovisual centrado en videojuegos. No sé si subo o si bajo, depende. Mi primera consola fue la Mega Drive, que alimentó mi pasión por los videojuegos día tras día. Los detalles son tan importantes como una buena historia. Fortis Fortuna Adiuvat.
Cerrar