Análisis de Baldur’s Gate y Baldur’s Gate II Enhanced Edition – Larga vida al RPG

Hay obras por las que no pasa el tiempo.

Baldur's Gate

En el videojuego, como en la vida, hay nombres propios que marcan un antes y un después. Figuras que no dejan indiferente a nadie por lo que su aparición supone para el devenir de todo un género. No podemos hablar de videojuegos de terror sin citar a Resident Evil, ni de acción en primera persona sin hacer lo propio con Doom. Por supuesto, tampoco podemos abordar un género tan extendido como el RPG sin que salga a la palestra Baldur’s Gate, la obra —y su secuela— que hoy tenemos entre manos. Un auténtico mito formado por la pareja que la mejor BioWare nos dejó hace aproximadamente veinte años.

Gracias a Beamdog y Meridiem Games tenemos la oportunidad de disfrutar una vez más —o descubrir por primera vez— de dos leyendas del género: Baldur’s Gate: Enhanced Edition y Baldur’s Gate II: Enhanced Edition, que ya se encuentran disponibles recopilados en un pack en PlayStation 4, Nintendo Switch y Xbox One. Dos títulos que ofrecen decenas de horas de rol de calidad y que además vienen acompañados de todas las expansiones lanzadas hasta la fecha. Por supuesto, ambas entregas están traducidas al castellano excepto Siege of the Dragonspear, la expansión del primer capítulo lanzada hace apenas tres años y medio.

Baldur's Gate

El mito y la joya de la corona

Dragones y Mazmorras. Reglas básicas del popular juego de rol y perspectiva isométrica. No hace falta nada más no solo para agitar el mercado en 1998, sino para que dos décadas después continúa planteando una experiencia RPG más densa incluso que títulos actuales. Una jugabilidad pausada en la que todo movimiento puede llevar al éxito o fracaso en un abrir y cerrar de ojos. Baldur’s Gate es la definición de lo que debería ser un buen juego de rol, simple y llanamente. Gestionar un grupo formado por personajes creados a nuestra imagen y semejanza, cuyas aptitudes van mucho más allá de la fuerza o el conocimiento mágico; la personalidad de cada uno es un factor determinante a la hora de adentrarse en un mundo repleto de pequeñas historias y muchos matices.

«Más y mejor» es una expresión recurrente que empleamos al ver cómo una secuela amplía y mejora lo que ya de por sí era fantástico. Y se queda corta para definir lo que es Bladur’s Gate II, el mejor RPG de todos los tiempos para muchos usuarios. Apenas dos años después y continuando directamente el guion del original, BioWare tocó el cielo con la mejor obra en sus casi veinticinco años de historia. Como ya sabéis, en aquella época el tiempo pasaba más rápido que de costumbre y el avance de la industria era palpable durante el día a día. Es por eso que, a pesar de compartir su columna vertebral, Baldur’s Gate II presumía de un conjunto mucho más pulido que su antecesor en lo que a la experiencia a los mandos se refiere. Muchas más historias, mazmorras, ciudades y variedad de situaciones para dar forma a uno de esos videojuegos que perduran a través de los años.

Una buena puesta a punto

Nunca es fácil abordar un regreso de este tipo; la naturaleza de su sistema de control, apartado técnico y tros aspectos como la localización a diferentes idiomas o la inclusión de contenidos adicionales son los elementos principales que siempre debemos mirar con lupa. Por suerte, Beamdog ha realizado una gran labor y a excepción de una expansión de Baldur’s Gate II, todo lo demás se encuentra perfectamente traducido al castellano. Por su parte, el apartado audiovisual ha sido pulido aprovechando las versiones Enhanced Edition que ambos títulos recibieron hace un tiempo en PC. Hoy por hoy, estamos ante la mejor oportunidad para disfrutar una vez más de estos clásicos.

Mención especial merece la adaptación de los controles, algo ante lo que los amantes del género están de enhorabuena desde hace unos años. Y es que, si miramos casos como los de Divinity: Original Sin o Wasteland II, nos damos cuenta de que los desarrolladores han dado con la tecla a la hora de abordar con garantías la adaptación a consolas de títulos originalmente concebidos para jugar con teclado y ratón. Aunque ambos Baldur’s Gate son videojuegos un tanto arcaicos a día de hoy debido a la complejidad de sus comandos, hay que decir que a poco que uno se acostumbre no tendrá ningún problema para disfrutar de una experiencia intuitiva a los mandos.

Baldur's Gate II

¿Recordar o descubrir?

Poco importa; si os gusta el género estáis obligados a jugar a Baldur’s Gate y Baldur’s Gate II. Tanto si es vuestra primera vez como si solo queréis recordar tiempos mejores. Hay obras que trascienden más allá de los años y si hablemos de RPG, estas de BioWare son, probablemente, dos de las más laureadas de todos los tiempos. Un recopilatorio que promete un sinfín de horas de contenido. La adaptación a consolas es más que correcta, a pesar de que no suele ser tarea fácil debido a la complejidad de este tipo de propuestas a los mandos. El aspecto más problemático a priori, que no era otro que trasladar los controles concebidos para teclado y ratón a los mandos de PlayStation 4, Xbox One y Nintendo Switch ha resultado ser un juego de niños para el estudio canadiense.

Asimismo, resulta evidente que el tiempo no pasa en vano, ni siquiera para los que mejor llevan el envejecimiento. No son juegos para todo el mundo y es posible que los jugadores más noveles tengan que hacer un esfuerzo para adaptarse y ser conscientes de que los títulos que tenemos entre manos llegaron en 1990 y 2000, respectivamente. En cualquier caso, volvemos a insistir en el buen trabajo llevado a cabo por Beamdog a la hora de ofrecer a todos una experiencia renovada, pero que en todo momento conserva la identidad que elevó a la franquicia al olimpo del género. Por último, por si todavía queda algún despistado en la sala, os recordamos que Baldur’s Gate III se encuentra en desarrollo y llegará próximamente, por si queréis ir abriendo boca….

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.
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