Análisis de Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy! – El mazmorreo, mejor en compañía

La simpática mascota de Final Fantasy protagoniza un spin-off tan cautivador como divertido.

Analisis de Chocobo's Mystery Dungeon: Every Buddy! 01

«Kweee!». Si has reconocido eso, entonces eres alguien que ha jugado a Final Fantasy y sabes qué es un chocobo. Estas simpáticas aves multicolor son uno de los mayores iconos de esta franquicia rolera, como también el medio de transporte favorito de los jugadores. Su aspecto ha cambiado en incontables ocasiones, pero siempre han tenido su hueco en el FF de turno, fuera numérico o no. De hecho, su fama fue tal que, ya en el año 2008, protagonizaron su propio juego para Wii: Final Fantasy Fables – Chocobo’s Dungeon.

Título que pasó desapercibido por aquel entonces, pero que ahora vuelve con una remasterización para Nintendo Switch y PlayStation 4 llamada Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy!. Anunciada a finales de 2018, se estrenó el pasado 20 de marzo en ambas plataformas y, tras muchas horas mazmorreando con este plumífero personaje, por fin podemos hablaros largo y tendido de él. Un juego que, desde ya, os adelantamos que debéis tener en vuestros radares si os gustaron los Pokémon Mundo Misterioso.

Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy!: de mazmorra a mazmorra y tiro porque me toca

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Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy! nos mete en la piel, o en las plumas de Chocobo, una de estas criaturas que se llama igual que su raza y que acompaña al cazatesoros Cid en busca de las reliquias que hay repartidas por todo su mundo. Un día, por azares del destino, acaban atrapados en otro mundo y en una ciudad llamada Lostime. Un lugar de lo más pintoresco y con una situación la mar de extraña. Cada vez que suena la Campana del Olvido que hay en su campanario, todos sus habitantes olvidan lo que estaban haciendo y lo que suceden.

Algo que sumerge a esta población en un continuo estado de felicidad amnésica y que acaba afectando a Cid, haciendo que sea nuestro amigo amarillo el que asuma el protagonismo por completo. No solo tiene que ver qué está pasando en esa ciudad, también tiene que buscar la forma de volver a su mundo y, de camino, hacer que todos vuelvan a recuperar sus recuerdos para acabar con esta maldición que los azota. Bebés que nacen de huevos de por medio y alguna que otra leyenda, con esta premisa es con la que arranca el videojuego. Con esta premisa es con la que se nos lleva de la mano a un tropel inmenso de mazmorras.

Porque esta aventura protagonizada por un Chocobo se centra por completo en** recorrer mazmorras que cambian cada vez que las visitas**, encontrar tesoros y combatir contra enemigos, y todo ello rindiendo un constante homenaje a la saga Final Fantasy. Desde la música hasta los personajes que aparecen y las clases que puede tener nuestro protagonista se basan por completo en lo visto en muchos FF. Si te gusta la franquicia, aquí te vas a encontrar completamente «en tu salsa».

«Esta aventura protagonizada por un Chocobo se centra por completo en recorrer mazmorras que cambian cada vez que las visitas, encontrar tesoros y combatir contra enemigos, y todo ello rindiendo un constante homenaje a la saga Final Fantasy.»

Análisis de Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy!

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Que tenga en su nombre «Mystery Dungeon» es la forma más sincera y humilde de definir a este juego. Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy! se centra en recorrer diferentes mazmorras para devolver recuerdos a personas, y para otras cosas que no vamos a revelar. Sin embargo, la gracia especial reside en que cada jugador vivirá diferentes mazmorras, porque estas se generan de forma completamente aleatoria a la hora de entrar en ellas. Nunca hay dos iguales, cada una es un misterio y, aunque la repitas, nunca te encontrarás con dos versiones iguales de ella.

Combate, busca… y relájate (ahora también en compañía)

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Volvemos al nombre para hablar de otra de las particularidades de este juego, aunque esta vez, más bien de esta versión. La coletilla «Every Buddy» tiene que ver con la inclusión de un modo cooperativo local para que dos jugadores puedan recorrer las mazmorras juntos. Es cierto que hay determinadas limitaciones en cuanto a movilidad y quién lleva la voz cantante, pero es una buena manera de bajar un poco el nivel de dificultad (algunos picos son exageradamente altos) y para hacer también más amena la aventura.

Cerca del 80% del juego transcurre en las citadas mazmorras. Aunque son completamente aleatorias, su estructura y su diseño están muy bien construidos para ir ofreciendo un reto constantemente creciente. El desafío está siempre presente y, como decimos, a veces demasiado presente; pero también son lugares que invitan a recorrer hasta el último de sus rincones con el mapa de reojo para buscar algún nuevo objeto para equipar, una trampilla que nos dé una ventaja o, incluso, toparnos con una trampa que nos deje completamente vendidos.

Más allá de eso, nuestra ave tiene un indicador de hambre junto con el de salud y el de SP para ejecutar habilidades. Si este llega a cero, comenzará a perder vitalidad hasta caer y tener que empezar la mazmorra desde el comienzo; pero ahí están las Verduras Gysahl (fans de Final Fantasy, os sonarán) que se encuentran o se plantan para evitar que quede famélico. Es una variable que hay que tener muy presente, sobre todo en las mazmorras más avanzadas, porque puede suponer un devastador combo en combinación con poderosos enemigos.

Y estos, de hecho, también requieren de mucha paciencia y planificación. Caer en una emboscada y quedar rodeado por tres de ellos puede ser sinónimo de Game Over (los textos están en inglés), pero saber llevarlos a pasillos estrechos para tumbarlos uno a uno o usar las habilidades adecuadas puede facilitar bastante las cosas, sobre todo si tenemos en cuenta que, al entrar en estas fases de combate, cada acción consume un turno. Hay libertad en el resto de movimientos, pero, a la hora de luchar, cada movimiento, ataque o impacto del enemigo se rige por un estricto sistema de turnos.

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Ahí entran también en juego las profesiones de nuestro Chocobo. No es que sea pluriempleado, o quizá sí, es que, como en Final Fantasy, puede cambiar de clase para modificar sus estadísticas al comienzo de cada mazmorra, tener acceso a diferentes habilidades y, por supuesto, llevar un nuevo atuendo de lo más cuqui. El problema de estas clases es que cada una tiene un crecimiento diferente, lo que repercute también en la fortaleza de nuestro personaje. Si, por ejemplo, tienes nivel 30 pero nunca has tocado la profesión de Mago Negro, será como si empezarás de cero, a pesar de contar con unas estadísticas base altas. Por suerte, para el segundo jugador esto es más secundario, ya que puede asumir cualquier rol sin que le repercuta negativamente.

Mazmorras para combatir la memoria, y el tiempo

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Aunque el mazmorreo es el núcleo principal de Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy!, hay muchas otras opciones para desconectar un poco de tanta tensión. Pescar, llevar tu huerta y otras tantas opciones te ayudan a contar con un inventario mucho más amplio y con objetos que te ayudarán a hacer más llevaderos tus periplos contra los enemigos en busca de recuerdos, como también a relajarte un poco mando en mano mientras ves a este polluelo amarillo siguiendo sus quehaceres como buen pájaro que ha abandonado el nido.

Misiones secundarias, mazmorras opcionales y muchas más opciones hacen que este título pueda superar las 30 horas con suma facilidad, aunque es una pena que no se pueda disfrutar al completo con un amigo con otro mando, ya que este se limita solo a aparecer en los momentos donde realmente se le necesita, es decir, las propias mazmorras.

Una buena duración para un juego bastante bueno en líneas generales, pero también humilde en varios aspectos donde el paso de los años se hace de notar. Vamos a hablar sobre esto a continuación.

Más de 11 años pasan factura a cualquiera, para mal y para bien

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El apartado técnico es uno de los más flojos de todo el conjunto. Hay que tener en cuenta que es un juego de 2008 que ha pasado por un pequeño lavado de cara para llegar a las plataformas actuales, uno que se ha limitado a aumentar la resolución, estabilizar la tasa de fotogramas y maquillar algunas texturas; pero que se ha dejado por el camino cualquier otra mejora que consiguiera algo más a la altura de las técnicas actuales.

A pesar de ello, Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy! tiene un encanto arrebatador. Su diseño y, sobre todo, su dirección artística, hacen que, junto con la gran cantidad de referencias que hay a todo el universo Final Fantasy, los años hayan dejado unas arrugas que le sientan incluso bien. A eso le sumamos una banda sonora muy bien construida, con algunos de los temas más emblemáticos de la franquicia y con un toque bastante marchoso y cargado de «buen rollo», y tenemos algo tan pegadizo que nos hará tararear varias de sus melodías cuando estamos a otra cosa.

Insistimos, puede que no sea una maravilla técnica, pero tiene un acabado muy bien llevado gracias a lo acertado de todo su apartado artístico tanto a nivel visual como sonoro. Tiene personalidad de sobra para quedarse clavado en nuestras retinas y nuestros oídos. Y con eso le basta, y le sobra.

Las mazmorras, en la piel de un Chocobo, siempre son más divertidas

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No podemos negar que hay un magnetismo muy potente en Chocobo’s Mystery Dungeon: Every Buddy!. Puede que sea por contar con uno de los mayores iconos de los videojuegos como protagonista (ojo, hasta en Assassin’s Creed se ha colado), o por cómo logra hacer que un desarrollo lineal resulte divertido y adictivo gracias a un buen diseño de mazmorras y un buen planteamiento de mecánicas. No podemos evitar trazar ciertas conexiones con los videojuegos de Pokémon Mundo Misterioso por razones obvias, pero la aventura de este Chocobo se desmarca tanto por su universo como por su fuerte personalidad.

Un buen acercamiento al género, ideal para el fan de Final Fantasy o para quienes buscan una experiencia divertida, para compartir con amigos a los que les gusten los retos de vez en cuando. Tened mucho cuidado con él, porque a pesar de su simpatía y de esos diseños tan resultones, se esconde un título que pide paciencia y mucha estrategia. Estáis advertidos.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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