Análisis de Assassin's Creed: Odyssey – Bendecido por los dioses

 

Año 480 a.C. Trescientos espartanos se enfrentaron en una batalla suicida contra los combatientes persas de Jerjes I para retenerlos en el desfiladero de las Termópilas. El Rey de Esparta Leónidas I cayó junto a sus hombres escribiendo así una página de la Historia que quedaría para la posteridad.

Assassin’s Creed: Odyssey nos sitúa 50 años más tarde (431 a.C.) y nos descubre la Antigua Grecia bajo la mirada de uno de los descendientes del rey espartano. Kassandra o Alexios portan la lanza de Leónidas, un artefacto precursor que llevará al protagonista a desentrañar una conspiración sobre su familia.

Según pasan los minutos, el juego introduce el contexto histórico a través de varios personajes relevantes de la época. Esparta y Atenas están inmersas en la Guerra del Peloponeso y este conflicto bélico se puede percibir durante toda la aventura, ya que el jugador puede participar en las contiendas de un bando u otro a modo de conquistas.

Por primera vez, un Assassin’s Creed permite seleccionar un personaje y elegí a Kassandra como la protagonista de este periplo al que me aventuraba. La joven vive en la isla de Cefalonia y consigue sobrevivir trabajando como misthios, una mercenaria que aparentemente solo le importan los dracmas. Con el paso del tiempo nos damos cuenta de la fortaleza y al mismo tiempo fragilidad de Kassandra, un personaje muy humano cuyo camino le pone en una dicotomía constante entre el bien y el mal. Decisiones que estarán en manos del jugador para crear un personaje a su gusto. Kassandra (o Alexios) puede ser cruel o piadosa, avariciosa o generosa, visceral o contenida. Se crean situaciones extrañas en las que la protagonista tiene comentarios muy mordaces que nos sacan una sonrisa. En definitiva, Odyssey nos presenta un personaje muy maduro al que podemos moldear durante la aventura.

Pero este Assassin’s tiene algo especial que se ve durante las primeras horas de juego. El sistema conversacional le da una profundidad exquisita que permite decidir tu camino en cada momento. Kassandra ha sido instruida desde la infancia en el combate espartano, el ADN de su linaje. Pero el futuro le aguarda una historia difícil de asumir y en la que tendrá que tomar importantes decisiones.

Sus viajes le llevan a Delfos donde conoce a Heródoto, el historiador clásico que recogió la batalla de las Termópilas en su obra. Es entonces cuando descubre que algo está ocurriendo en el mundo griego, algo mucho más oscuro que poco o nada tiene que ver con la guerra.

La portadora del águila (Kassandra) tiene reputación en toda Grecia y hay quien dice que el águila Ícaro se lo concedió el mismísimo Zeus. El Culto de Kosmos amenaza a su familia y su propia existencia. Esta secta está compuesta por miembros sin rostro. El objetivo de Kassandra es encontrar y desvelar la identidad de todos y cada uno de estos asesinos, que han formado parte del Culto durante mucho tiempo con fines que pueden interferir en la historia.

Durante nuestra aventura se descubrirán los motivos de esta persecución a la familia de Kassandra, que no estará exenta de sorpresas y giros de guion. Para ello, Odyssey obliga a mantener los sentidos muy despiertos, sobre todo en las conversaciones de las misiones, en las que podemos conseguir pistas sobre estos misteriosos personajes. Es interesante cómo exige buscar información en diferentes lugares, ya sea a través de misiones corrientes o de otros personajes que conocen su identidad. Todo este entramado ramificado por secciones nos llevará finalmente al líder del Culto.

Ni falta hace decir que cada miembro tiene su nivel y algunos tienen habilidades únicas que les hacen ciertamente letales. Derrotarlos nos concederá una nueva pista del miembro superior, recompensas y una pieza del artefacto del Culto. Este artefacto es el que le puso la diana a Kassandra por una profecía. Las piezas son necesarias para mejorar la lanza de Leónidas en unas fraguas especiales del universo Assassin’s Creed. La Odisea, como han llamado a la historia principal del juego, nos llevará a enfrentarnos a ellos a medida que avanzamos. Pero no será el único peligro que se encuentre Kassandra, aunque sí el reto personal de la protagonista.

El extenso mapa desvela los territorios que están bajo el control de Esparta (rojo) o Atenas (azul). Pero esta situación no es inamovible. Cada región tiene un líder nacional, un tesoro nacional y múltiples suministros repartidos por toda la zona. Un indicador advierte al jugador del poder nacional que tiene la región. Para debilitar las fuerzas se pueden destruir suministros, robar el tesoro o matar al líder. Esto último sin duda es lo más difícil, porque este personaje está siempre muy bien acompañado por una guardia personal de mayor nivel.

Sin embargo, una vez robamos de las arcas el tesoro, el líder queda desprotegido y será un blanco fácil para Kassandra. En cuanto el poder nacional es debilitado por completo, se activan unos eventos especiales denominados conquistas. Se trata de una batalla multitudinaria, simulando un ataque o bien para invadir o bien para defender el territorio que acabamos de debilitar.

Este campo de batalla sirve para poner en práctica un sistema de combate que sigue su camino hacia derroteros más roleros. Las primeras diferencias que vemos con respecto a Assassin’s Creed: Origins son las habilidades que podemos equiparnos. En Egipto todas las habilidades que conseguíamos se podían usar en cualquier momento.

En esta entrega solo podemos equiparnos 4 habilidades de Cuerpo a Cuerpo (CAC) y 4 a distancia que se podrán activar mediante una combinación de botones. Algunas de estas habilidades gastan adrenalina, cumpliendo así la función de maná de muchos RPG. Por tanto, sin adrenalina, no sirven de nada. Para subir este indicador tenemos que hacer ataques normales ya sean a melé o con el arco.

Este estilo de combate a distancia no es tan letal como en Origins, sino complementario al combate cuerpo a cuerpo. Esto no impide que sea más útil para ir sigiloso en las misiones, pero por norma general me ha parecido más satisfactorio el enfrentamiento directo. Odyssey le da la vuelta al lema “la mejor defensa es un buen ataque”, porque es necesario controlar los tiempos y demostrar reflejos para parar los ataques enemigos. Del mismo modo, los soldados con escudo son casi impenetrables, pero tenemos habilidades a nuestra disposición para desmoronar su defensa, quitándole el escudo de forma definitiva o con la patada espartana que empuja al oponente como vimos en la película 300.

El árbol de habilidades está dividido en Caza, Combate y Asesino; y algunas habilidades pueden ser pasivas, así que no necesitan ser equipadas. Como decía, este sistema me parece muy satisfactorio y propone un reto al jugador con reyertas más difíciles y únicas. El usuario tiene que elegir las armas adecuadas (tanto el acero como la habilidad) para derrotar al enemigo que tiene delante.

Cuando Kassandra forme parte de una conquista puede decidir defender (dificultad normal) o atacar (mucho más difícil). Tiene lógica que invadir un territorio sea más difícil, porque además el territorio atacado contará con un mercenario en el fervor de la batalla. Un indicador que disminuirá progresivamente marcará los tiempos de las conquistas, ya que se puede perder la contienda por varios motivos: que muera Kassandra o que el territorio mate a todos los atacantes antes de que lo haga nuestra protagonista.

Si la invasión concluye con victoria, ese territorio pasará a manos del contrario para el resto de la partida. No necesariamente el jugador tiene que posicionarse desde el principio en uno de los dos bandos. Es importante advertir de este aspecto, porque en los primeros compases de la partida puede resultar confuso. Cuando nos enfrentamos a atenienses, los espartanos nos dejan campar libremente por sus campamentos. Pero tienes la opción de atacar también asentamientos espartanos y en ese momento te unirás, aunque de forma figurada y posiblemente temporal, a los atenienses. Las conquistas exitosas recompensan con objetos épicos.

En las ciudades no hay ningún peligro a menos que hagas actos reprochables y seas visto. Puedes robar o matar, pero si un civil lo ve pondrán recompensa por tu cabeza. Lo interesante de este Assassin’s Creed es que hará replantearte todo y la actitud que quieres adoptar en la aventura. Aunque estos actos no tendrán repercusión en la historia, cada vez que te pillen, un mercenario activará la búsqueda.

Este tipo de personaje será por lo general del mismo nivel o superior que el de Kassandra y la perseguirá hasta que la encuentre. Imita el sistema de phylakes de Origins, pero totalmente mejorado y con mayor personalidad. Una IA más inteligente al que le dan una historia, fortalezas y debilidades. En el panel de mercenarios se puede consultar para conseguir un combate como mínimo igualado, ya que son jefecillos difíciles de superar y con armas y habilidades propias.

Sin embargo, hay varias formas de evitarlos. En el panel Mapa se puede pagar la recompensa (será mayor cuantos más mercenarios te persigan) o matar al promotor de las recompensas que se marca en el mapa con un icono diferente.

Las misiones son las verdaderas protagonistas de este Assassin’s Creed. Origins puso la primera piedra para redondear la fascinante aventura que supone Odyssey, y buena parte de culpa la tienen sus misiones. La posibilidad de tomar decisiones le da una profundidad abrumadora que nos hace preguntarnos: ¿qué hubiera pasado si hacemos lo contrario? Esta sensación la tenemos continuamente durante el juego y podemos comprobar las consecuencias de nuestros actos en algunas ocasiones.

Por ejemplo, en una misión teníamos que entretener a un hombre para que Febe, una niña de Cefalonia, pudiera buscar en su casa un documento. Al iniciar conversación, nos pregunta algo y tenemos que dar una respuesta correcta antes de que finalice una cuenta atrás. Al errar en nuestra respuesta, el hombre llama a los guardias y lucha con Kassandra, mientras Febe huye de la casa. Posiblemente podríamos haber obtenido la información de manera pacífica sin matarlo, pero nuestra decisión precipitó los acontecimientos.

Por otra parte, Odyssey destierra las misiones de relleno y añade misiones con una continuidad asombrosa guiadas por personajes con identidad muy definida. Es satisfactorio encontrar una historia detrás de cada NPC que, por cierto, tienen un modelado de cara sensacional. Esto evita caer en la repetición de misiones similares que no aportan nada a la historia. En ocasiones algunas de ellas se pueden solapar y según nuestra decisión se pueden dar por fallidas.

Tras ir a Delfos y consultar el oráculo, pudimos hacer misiones secundarias que se relacionaban de alguna manera con la principal, sobre todo por la información que se obtiene de ellas. En esa misión conseguimos el primer romance de Kassandra, tras intentarlo con varios personajes anteriormente. En ese aspecto, te pueden rechazar o, por el contrario, las negociaciones románticas pueden llegar a buen puerto en función de las conversaciones.

Asimismo, Kassandra cuenta con una tripulación que le acompaña en la Adrastea, el barco con el que surcará el mar Egeo. La protagonista puede proponer a personajes de misión alistarse en su equipo, así como a soldados derrotados por la propia heroína. Los primeros pueden rechazar la oferta, pero los segundos aceptan siempre a modo de redención. Origins pasa de puntillas por los combates navales, mientras que en Odyssey toma un protagonismo mayor. Kassandra puede mejorar el barco mediante recursos para conseguir mayor daño en ataque por flechas, jabalinas o a la hora de embestir otro navío, entre otras cosas.

Esta mayor dimensión marítima cobra más sentido al tratarse de un escenario formado por islas, un aspecto que no pudo explorarse en la anterior entrega. Vuelven así los abordajes al más puro estilo de Black Flag y hundimientos provocados por nuestro buen hacer al frente del puesto de mando. Pero cuidado, porque también nos encontramos con algunas bestias marinas.

Y hablando del escenario, hay que destacar que pasamos del desierto más cálido a un terreno más abrupto con multitud de islas. En estos territorios se rinde culto a un dios diferente de la Grecia clásica, por lo que está muy presente la mitología griega con continuas referencias a la religión y la literatura. El simple hecho de introducir a Heródoto como personaje principal nos quiere transmitir ese caracter más divulgativo del juego. Durante las travesías por el mar, el historiador cuenta relatos sobre esta mitología que Kassandra parece desconocer. Teseo y el Minotauro, el sudario de Penélope con el que daba largas a los pretendientes o la leyenda de Prometeo solo son algunos ejemplos de lo que podemos encontrarnos muy bien introducidos en la aventura.

Grecia como cuna de la filosofía y la democracia está representada a través de personajes históricos como Sócrates (en la imagen superior) o Pericles. El primero nos acompaña durante la aventura como si fuera la voz de nuestra conciencia y cuestionando la moralidad y ética de nuestros actos. Este personaje provoca que nos replanteemos las decisiones que vamos a tomar y su fama le precede en Atenas. Junto a él, también conocemos a Sófocles y Eurípides mientras se enzarzan en una batalla dialéctica destacando la rivalidad entre dos de los máximos exponentes de la tragedia griega. Y no tiene pelos en la lengua a la hora de tratar también la homosexualidad con Aristófanes, el amor libre y orgías que predominaban en el mundo griego.

La política está presente continuamente, y aunque el Culto del Kosmos va tras la familia de Kassandra, lo cierto es que sus acciones repercutirán en la estabilidad política. Debido a la guerra, el telón de fondo de la historia, la enfermedad y la medicina también tienen su lugar en Odyssey. En este sentido nos encontramos con epidemias extendidas por el conflicto bélico y dos formas de atajar las enfermedadades: una forma tradicional con sacrificios a los dioses y los tratamientos de Hipócrates, considerado “el padre de la medicina”.

Todos estos engranajes sirven para hacer funcionar la maquinaria inmensa de Assassin’s Creed Odyssey, que ha profundizado en muchos aspectos que Origins solo tocaba por la superficie. Las más de 30 horas de cinemáticas están justificadas con una historia vibrante que nos mantiene enganchados desde el minuto uno que pisamos Cefalonia.

Raquel Morales


Jugabilidad: El nuevo sistema de combate con habilidades activables es muy satisfactorio. La evolución que inició con Origins parece completa en esta entrega, haciendo más partícipe al jugador de cómo quiere afrontar la aventura. Mayor poder de decisión, que implica más interacción sobre todo en las misiones que contienen más de 30 horas de cinemáticas. Las misiones son protagonistas absolutas de una historia fascinante de principio a fin. Odyssey deja de lado las misiones vacías y da una personalidad arrolladora tanto a Kassandra como a los personajes que se va encontrando, ya sean principales o no. Todo conecta con una trama muy enriquecedora como base para construir una tragedia griega digna de Eurípides.

Duración: La historia puede estar en torno a las 40-50 horas, pero ya sabemos que Odyssey es de esos juegos que puedes entretenerte por el camino descubriendo templos, naufragios, tesoros o cuevas con enemigos a los que derrotar. No faltan cosas que hacer y secretos por descubrir jugando con ese aire mitológico que tiene la cultura griega.

Gráficos: Si solo nos fijáramos en los gráficos, estamos ante un Origins reciclado. Sin embargo, es de agradecer cómo ha mejorado el modelado de las caras en los primeros planos que otorgan una identidad propia a personajes que no gozan de gran protagonismo. Eso contribuye a que las misiones secundarias no se sientan repetitivas. En cuanto a rendimiento, nos encontramos algunos tirones inesperados, que seguramente se resolverán con una actualización, pero nada grave.

Sonido: La banda sonora es preciosa y consigue una mayor inmersión en la cultura griega. Temas que le dan epicidad a una historia que bien lo merece. Del mismo modo, los NPC hablan griego (excepto cuando se dirigen al jugador) y otros detalles de sonido que mantiene la coherencia necesaria para tratar una época histórica.

Conclusión: Siendo sincera, era escéptica con esta entrega de Assassin’s Creed. Odyssey tenía un reto mayúsculo para evitar que fuera solo un Origins ambientado en Grecia y lo ha logrado con nota. La aventura en Egipto nos encantó pese a sus fallos, pero nos cuesta encontrar aspectos negativos en esta secuela. Este juego tiene la mejor historia de la serie con un personaje fuerte pero con sus debilidades. Kassandra, con quien hemos jugado, es una protagonista a la altura de las circunstancias a la que podemos moldear su personalidad en base a sus decisiones. Tenemos que destacar la dimensión enorme que Ubisoft le ha dado a las misiones y al sistema conversacional, cuyas decisiones pueden ser irreversibles y cambiar el transcurso de los acontecimientos. Nos olvidamos de las misiones de relleno y muchas secundarias aportan información nueva a la Odisea.

El sistema de combate que ya tomaba forma en Origins, completa su evolución con las habilidades que se pueden equipar y utilizar con adrenalina a modo de maná. El sigilo sigue presente, pero pierde dimensión en esta entrega a favor del enfrentamiento directo, que es más satisfactorio que a distancia.

Por último, es sorprendente cómo introduce disciplinas como la filosofía, el teatro, la política o la medicina en la trama de forma natural, aunque Sócrates puede resultar cargante en algunas ocasiones. Nada que nos nos adviertan previamente en la historia. En definitiva, Assassin’s Creed Odyssey tiene una personalidad propia. Nos regala una tragedia griega enorme que mantiene el interés de principio a fin y no cae en errores del pasado, sino que le da una vuelta de 180 grados para convertirlos en sus puntos fuertes.

Raquel Morales

Periodista. No puedo dejar NADA sin explorar. Me adiestré con Lara Croft en el templo de Karnak mientras buscaba el cubo horádrico entre vacas. Camino de Grand Line.

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