Análisis de Baobabs Mausoleum Ep.1: Ovnifagos Don´t Eat Flamingos en Switch – Watracio vuelve

 

 

Nintendo Switch recibe a una criatura indie de esas que vemos en las tiendas digitales una vez cada muchos años. Si por algo puede enorgullecerse esta vertiente del desarrollo de videojuegos es por explotar facetas que las grandes producciones no se atreven a tocar, llegando a veces a unos límites que sorprenden no solo por la inventiva en cuanto a mecánicas, guiones o estética; sino por reflejar la total libertad de sus creadores.

Baobabs Mausoleum es la esperpéntica obra de Celery Emblem, aunque lo es más de Jacob Jazz, el autor que se esconde tras los neones, la estética ochentera y el maremágnum de locuras de este título. Una obra episódica, cuyos dos primeros episodios se encuentran ya disponibles en Steam pero que se adentra en la eShop con un primer capítulo que refleja lo estrafalario de su propuesta.

A veces aventura gráfica, a veces juego en primera persona, a veces JRPG y a veces un hijo bastardo de The Legend of Zelda. Así es como mejor se puede definir este batiburrillo de aspecto extraño que ha llegado a la híbrida de Nintendo para cumplir uno de los sueños de su creador. Una aventura breve que, a pesar de ser tan distinta al resto, corrobora eso de que las apariencias engañan. Un primer vistazo puede hacer a cualquiera mirar extrañado; pero es cuando se sumerge en esa extrañeza cuando descubre que es lo que precisamente logra hacer destacar a este título.

Así que, antes de seguir, vamos a coger un cigarrillo cual Watracio Walpurgis y vamos a contaros qué es esta locura llamada Baobabs Mausoleum y su primer episodio: Ovnifagos Don’t Eat Flamingos.

El protagonista de Baobabs Mausoleum es el agente Watracio Walpurgis. Esta mezcla entre berenjena y humano de verde cabellera forma parte del FBI y se cruza con un poblado de lo más extraño tras sufrir un problema con su coche. Sin saber cómo, se topa con Flamingo’s Creek, una localidad que aparece solo una vez cada 25 años. Para ser más exactos, el día 11 de marzo.

Así, tanto él como el jugador descubren un lugar que es de todo menos encantador. Flamingo’s Creek está plagado de criaturas de lo más extraño y habitado por unos individuos que no se alejan mucho de estas. Reverendos castores que dan bienvenidas sacadas de una película de ficción de los 80, búhos con ojos de colores y hasta John Carpenter se encuentran aquí. Menuda combinación, ¿verdad? Pues es algo que se extiende a todos y cada uno de los apartados de este título.

Quizá se le puede achacar a esta entrega que el desarrollo de los acontecimientos transcurre de una forma bastante lenta, a pesar de su corta duración; aunque, dado que se trata de un primer episodio, puede justificarse con que sirve de punto de partida. Una toma de contacto para conocer un poco al protagonista, pero sobre todo para asimilar que las reglas de esta localidad onírica y aterradora son muy distintas a las que habituamos. Cada diálogo lo demuestra, como también esa otra rama paralela de los acontecimientos que no vamos a contar para dejar algo del lado del factor sorpresa. Aunque adelantamos que este se sucede casi cada 5 minutos.

Porque podríamos resumir este primer episodio como algo que transcurre de sorpresa a sorpresa. No podemos afincar a Baobabs Mausoleum dentro de un género concreto porque, aunque la estructura a partir de la que se construye parece la de una aventura gráfica tradicional, con vista aérea y unos diálogos bastante reducidos, no tarda en coquetear con muchos otros, aunque a veces lo haga de forma paródica.

Pasas de buscar una cerveza que dar a un camionero a realizar un pequeñísimo QTE para mover una barca o a pelearte con un cocinero con una batalla por turnos al más puro estilo JRPG o incluso a moverte en primera persona en un entorno tridimensional para buscar a unas criaturas. Un popurrí de experiencias distintas y marcadas por el brutal carisma de este juego, pero que por tanta variedad no terminan de ahondar en sus posibilidades.

Ovnifagos don’t eat Flamingos abarca mucho, pero aprieta poco en cuanto a mecánicas de juego. Los puzles a resolver son bastante sencillos y la dificultad no es muy elevada. Hay que olvidarse de tener un inventario plagado de objetos a combinar para resolver rompecabezas, ya que todo suele limitarse a una zona concreta y una solución secuencial. Es decir, si tienes un objeto, sabes que lo tienes que usar para seguir, en lugar de acumular otro o buscar alternativas.

Esta sencillez puede ser lo más achacable, sobre todo para quienes entren de lleno buscando algo desafiante. Sin embargo, el primer capítulo de Baobabs Mausoleum sirve como algo introductorio, como una forma de presentar este menú en el que picotear un poco de todo sin llegar a empacharse.

Y, por supuesto, si sus creadores se animan a experimentar en el terreno jugable, el lugar donde queda más claro es en el gráfico. La personalidad de Baobabs Mausoleum no se refleja solo en las contestaciones de Walpurgis o en lo extraño de su guión, lo hace totalmente en tu retina gracias a ese toque de película VHS que posee (más acentuable a través de las opciones) y al estrafalario estilo que posee.

Que coja algunos efectos sonoros de lo más conocido y los introduzca como elemento permanente invita a pensar que hay cierto toque paródico en todo esto, aunque con el traje del protagonista, su trabajo y el ambiente general; no termina de quedar claro si lo que se buscaba era rendir homenaje a series como Expediente X o Twin Peaks, cogerlas como inspiración o reflejarlas con algo de sorna.

Lo que sí queda claro es que no deja indiferente en ningún momento. Los colores escogidos en todo momento, siempre con tonos tierra, las animaciones hechas con unas ilustraciones tan simples pero a la vez tan comunicativas… Todo está impregnado con un espíritu caótico que nunca deja de estar presente y que, como decíamos, se extiende a todo este primer capítulo. No sabemos lo que nos deparan siguientes episodios, pero queremos verlo.

– Jugabilidad: no se le puede colgar ninguna etiqueta a este título. El batiburrillo de géneros con los que experimenta marea, pero a la vez, contenta. Sí se puede hablar de él como una aventura gráfica, como también reprochársele que con tanto experimentar se olvide de desafiar al jugador; pero tiene varios episodios por delante para ponerse serio.

– Gráficos: una estética 16 bits que no se corta en simular las señales de vídeo de los 90. El pixel art simplista al que recurre permite reforzar su presencia y acompaña a la perfección al estilo elegido por Jacob Jazz. De lo grotesco a lo alocado, no tiene término medio en ningún momento.

– Sonido: sorprendentemente, la banda sonora tiene alguna pieza de las que se clavan en el tímpano y en la cabeza. Todo está bastante bien escogido para casar con la estética general, aunque un poco más de variedad no habría estado nada mal para terminar de rematar el conjunto.

– Duración: bastante breve. El primer episodio de Baobabs Mausoleum, Ovnifagos Don’t Eat Flamingos puede completarse en unas dos o tres horas incluso consiguiendo todos sus coleccionables, que son bastante fáciles de obtener. 

– Conclusión: Baobabs Mausoleum Ep. 1: Ovnifagos Don’t Eat Flamingos es un trampantojo. Un primer vistazo de la sensación de ser un título descuidado, pero no es más que una forma de reforzar su identidad. En el momento que empiezas a jugarlo y te adentras en Flamingo’s Creek, descubres que este brutal montón de referencias se esconden detrás de un juego que experimenta todo lo posible para contentar; pero que también a base de acumular y acumular se olvida de adentrarse un poco más en cada aspecto que toca.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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