Análisis de Burnout Paradise Remastered – Bienvenidos de vuelta a Paradise City

 

 

Dicen que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor, y las compañías de videojuegos están empeñadas en hacérnoslo creer con los lanzamientos que estamos viendo en los últimos tiempos. No lo decimos por la falta de calidad en las nuevas propuestas, sino por ese amor por el remake y el remaster que nos ha traído, por ejemplo, bellezas como Shadow of the Colossus, que nos va a traer de vuelta a Dante y la trilogía con la que deslumbró en PlayStation 2 y que, en unos días, va a hacer que volvamos a correr a toda pastilla con Burnout Paradise Remastered.

Una remasterización convertida en secreto a voces que se anunciaba hace apenas unas semanas y que se estrena el próximo 16 de marzo para que revivamos el que, para muchos, fue el gran salto de Criterion y de la franquicia a los mundos abiertos y el que, para otros, fue el paso con el que comenzó a diluirse el espíritu tan bestia de la saga. ¿Cómo conserva el tipo ahora, diez años después?

Lo cierto es que se nota que ha habido un trabajo pensado para contentar a los amantes de aquella entrega, pero también que se queda corto a la hora de ofrecer algo de especial interés y que, con tanto tiempo quemando gomas, se está acercando peligrosamente a la llanta. Nos hemos metido de lleno a correr y destrozarlo todo en Burnout Paradise Remastered, y ahora nos toca contaros qué tal ha ido esta experiencia.

Burnout Paradise Remastered es una remasterización con todas las de la ley. No podéis esperar novedades en el sentido de nuevas funciones o cambios en mecánicas, porque se ha tratado de mantener un espíritu totalmente fiel al original en todos y cada uno de los sentidos. Bien es cierto que hay ciertos cambios orientados a la mejora de aspectos concretos, pero el aroma general es a algo añejo y también satisfactorio.

En esta entrega no hay una trama, no hay un argumento ni un hilo conductor (no hemos podido evitarlo) que te motive a cumplir una meta concreta. Lo que importa aquí es derrapar y explorar tanto Paradise City como Big Surf Island, DLC de pago incluido que llega incluido en esta reedición, mientras corres, vences a tus oponentes en carreras, destrozas sus coches y amplías tu colección de vehículos mientras no dejas de quemar rueda por las calles.

Criterion afirmó en su momento que el enfoque de Paradise era dejar libertad al jugador/conductor. Apostó por cambiar el concepto básico del juego de carreras para traer una propuesta similar a la que ya puso Need for Speed Most Wanted 2 o incluso a aquello que Test Drive Unlimited siempre ha hecho como suyo, pero ofreciendo un híbrido entre velocidad y destrucción. Porque, si importaba correr, también importa destrozar todo lo que se pueda.

Desde que te sueltan por primera vez en las calles de Liberty City y empiezas a escuchar al locutor de Crash FM, Bandit, explicarte cómo van las cosas en ella, lo único que haces es rodar por ahí buscando nuevos lugares, saltos imposibles, cárteles que romper y carreras por hacer.

El mecanismo para activar estas es bastante interesante e incluso resulta natural. Una vez llegas a unas señales de tráfico, aparece un mensaje indicando el tipo de competición que se puede realizar (carrera normal, destruir a tus rivales, sobrevivir con todos contra ti o acumular puntos haciendo piruetas) y, en ese momento debes mantener pulsado el freno y el acelerador al mismo tiempo para que esta se active.

Una idea original en su momento que actualmente sigue funcionando para no romper por completo el ritmo de la partida; pero que no es la única forma de competir. Y es que, además de tener las opciones online al alcance de un par de pulsaciones de D-Pad, también hay pequeños retos como pruebas de velocidad en calles concretas o el mayor espectáculo (destrucción, saltos y cabriolas) también en zonas concretas tanto de la ciudad como de la isla anexa.

A consecuencia de todo esto, enseguida te ves buscando más y más retos para mejorar tu carné de conductor y tener acceso a nuevos vehículos que, por cierto, para ser desbloqueados requieren destrozarlos por completo cuando te los cruces en tus paseos a toda mecha por las calles.

Esta es toda la premisa de juego principal de Burnout Paradise Remastered y la que ofrecía Burnout Paradise en su momento. El amor por la fidelidad al producto original ha supuesto que no se hayan implementado grandes novedades salvo un par de mejoras en el terreno online y un remozado acabado gráfico, sin embargo, no parece suficiente.

No lo parece porque, con una década encima, el peso de los años se nota. Es cierto que se han hecho retoques visuales para intentar ofrecer una segunda juventud a este juego, pero son escasos para conseguir algo acorde a los tiempos que corren. Por otra parte, no hemos podido probarlo en PlayStation 4 Pro o Xbox One X, donde luce a 4K, así que nos hemos tenido que conformar con unos 1080p y unos 60 fotogramas por segundo que, eso sí, van como la seda.

Esta antigüedad se nota, sobre todo, en las colisiones. Hay un notable esfuerzo volcado en conseguir que tengan el mayor realismo posible… para la época en la que vio la luz. Ahora, a día de hoy, siguen siendo resultones pero se puede ir a mucho más. Claro que, entendemos, esto es solo una remasterización y no tiene por qué echar toda la leña en el fuego para dejarnos atónitos.

Buena decisión, también, la implementación de los DLC. Gracias a ellos podemos disfrutar de la versión más completa de este juego sin pagar más que su precio original y disfrutar de marcianadas como una especie de Delorean que pliega sus ruedas para volar a toda mecha por las calles, como también de motos o incluso coches patrulla. En cuanto a contenidos cumple y bastante, pero vuelve a restringirse a lo que ya existía, sin arriesgar por algo más.

De todas maneras, todas estas pegas se te van de la cabeza en el mismo momento que te ves acelerando al máximo, pulsando el turbo y pegando un volantazo para hacer que ese malnacido se salga de la carretera y destroce su vehículo. El problema es que al poco te lo hacen a ti y entras en ese bucle de destrucción y rabia que acaba siendo tan curiosamente divertido y caótico. Y eso es, precisamente, lo que hacía y hace que Burnout siga brillando por encima del resto.

Jugabilidad: Se mantiene totalmente fiel al original. Buena respuesta, buen comportamiento de los coches en la carretera y todo un gozo a la hora de moverse para destrozar todo lo que se mueva. La ciudad es un buen lugar para experimentar con el vehículo, cuenta con bastantes recovecos para encontrar rutas alternativas para las carreras o rótulos a destruir para conseguir todo el porcentaje del juego. Además, la variedad de vehículos es suficiente para tener bastante con lo que probar y correr.

Gráficos: Desde el primer momento queda claro que estamos ante un juego de la pasada generación con un pequeño paso por el taller de chapa y pintura. Las destrucciones quedan bien, pero carecen del salto cualitativo que permite la tecnología actual. La resolución y la tasa de fotogramas van a la perfección, pero se echa en falta algún trabajo mayor en cuestión de mejora visual. Se ha eliminado el bloom excesivo del original, cosa que se agradece, aunque se han dejado atrás otras mejoras que logren hacerlo más atractivo.

Sonido: Sensacional. En el mismo instante en el que entras al menú principal y escuchas a los Guns 'N Roses pedirte que los lleves a Paradise City sabes que la música no va a defraudar, y ni ella ni los efectos sonoros lo hacen. La selección musical es lo bastante amplia y goza del suficiente renombre para entretener tus oídos mientras oyes los sonidos de choques, espejos rotos y frenadas en seco.

Duración: Lanzarte a un mapeado totalmente abierto sin «misiones» ni nada que te obligue a seguir un guion concreto abre la puerta a la divagación a niveles absurdos. Puedes perderte durante unos cuantos minutos por las calles, aunque en unas horas ya habrá puntos que logres memorizar con cierta facilidad. Con Big Surf Island como añadido al mapeado, junto con sus propios retos, tiene cuerda para rato. Y eso sin contar el modo online.

Conclusión: Burnout Paradise Remastered trae de vuelta a un juego bastante valiente en su época. El Burnout Paradise está aquí, en PlayStation 4 y Xbox One, esperando a que te subas al coche y corras en él; pero puede que pronto lo veas por el retrovisor. Los años pasan y, aunque la remasterización lo dota de una cantidad más que notable de contenido y sigue manteniendo una jugabilidad muy potente, se queda atrás en el campo visual de una forma imposible de ignorar.
 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

Publicaciones relacionadas

Cerrar