Análisis de Child of Light: Ultimate Edition para Switch - Un cuento que nace de la muerte

Publicado por el

La historia de Aurora en el reino de Lemuria llega de nuevo para conquistar a los jugadores de la híbrida.

 

 

Ubisoft Montreal nos pilló por sorpresa con un revés de esos que da gusto recibir de vez en cuando. La división canadiense del gigante francés decidió explotar su lado más creativo, y de paso el motor UbiArt que tantas bondades estaba demostrando con el retorno al scroll lateral de Rayman, para lanzar al mercado Child of Light. Una aventura de ensueño, que tocaba algunos temas de lo más peliagudo con una naturalidad e incluso una inocencia realmente sombrías, pero que enamoraba por su atmósfera y su excepcional apartado artístico.

De eso hace ya casi 4 años y una generación de consolas de por medio. El título, protagonizado por la pequeña Aurora, se estrenó en PlayStation 3, Xbox 360 y PC para, más adelante, dar el salto a Wii U, PlayStation Vita, PlayStation 4 y Xbox One. Esta joven princesa ha realizado un larguísimo viaje por cantidad de plataformas, pero no había terminado su trayecto. Ahora ha superado otro hito más, con una versión para Nintendo Switch.

La híbrida de Nintendo, esa que nos ha metido los chasquidos de dedos en la cabeza, recibe a Child of Light: Ultimate Edition esta misma semana, el 11 de octubre para ser exactos. Una excusa perfecta para volver a revisitar el onírico mundo de Ubisoft y, para los que no tuvieron, conocer este también híbrido entre plataformas, puzles y rol del clásico, del de turnos. Aurora está de vuelta con una edición completa de contenidos, pero que necesita algún que otro retoque para brillar con la luz que merece.

Hay algo que llama poderosamente la atención en Child of Light, y que no tiene que ver con ese acabado visual que encandila en segundos. La historia de esta niña es un viaje a través de la muerte, una odisea para vencer al miedo más irracional del ser humano, tratándolo sin tapujos, sin paños calientes, pero pasándolo por un filtro de ensueño y melancolía.

No pasan ni 3 minutos de partida para ser testigos no de una, sino de dos muertes, y del dolor que estas pueden causar. En Austria, en pleno año 1895, un duque que perdió tristemente a su mujer, ve cómo su pequeña se desvanece mientras duerme. Aurora, que acaba de perder la vida mientras se sumía en un profundo sueño, no acaba en el mundo de los muertos. Despierta en una tierra totalmente distinta a su Europa, en el reino de Lemuria.

Tras abrir los ojos y dar sus primeros pasos totalmente atónita, tratando de saber dónde está y, sobre todo, dónde está su padre, comienza sus primeras andanzas para cambiar por completo un reino al que no le queda mucho tiempo de vida. Sí, es la típica historia del viaje del héroe tal y como la estamos planteando, pero la trama que se esconde tras esto y, sobre todo, la continua presencia de la muerte hacen de esta una historia bastante diferente a lo habitual. Quizá por eso logró conectar tan especialmente con el público hace años, por es forma de mirar de tú a tú a esa sombra oscura que todos tratamos de pasar por alto. La superación y el crecimiento de la protagonista esconde un mensaje que va también de afrontar miedos, incluso cuando son tan instintivos como el miedo a morir.

Al margen de esa pequeña pirueta narrativa que tiene constantemente, lo que mejor sabe hacer Child of Light es mantener una atmósfera a medio camino entre la magia y la melancolía. Cada nota de piano que suena, cada nuevo paisaje que recorres en la piel de Aurora mantiene ese toque lúgubre perenne. Por mucha luz que haya, siempre hay una pequeña porción de oscuridad recordando la funesta situación de nuestra protagonista.

A pesar de esto, y de los años que tiene ya a sus espaldas, sigue siendo capaz de sorprender por el genial despliegue artístico. No es un juego que pueda presumir de contar con una altísima factura, pero sí de una creatividad despampanante. La banda sonora acompaña a la perfección con unas melodías suaves y taimadas, que se fusionan con unos decorados y unos personajes pasados por una sensacional acuarela digital. Desde el eterno movimiento al viento de la melena de nuestra protagonista hasta la más pequeña hoja casan perfectamente.

No nos extraña que hasta Yoshitaka Amano se sintiera atraído por este estilo. Aunque nos resulta algo molesto ver que en esta versión la fluidez no termina de seguir el ritmo que marca todo el apartado visual. Child of Light: Ultimate Edition se esfuerza por mantener una tasa de 60 fotogramas por segundo constantes en Switch pero, al menos en el Modo Portátil, en más de una ocasión desciende con ralentizaciones notorias. Necesita y merece un parche más pronto que tarde.

La incapacidad para mantener fluidez es uno de los poquísimos peros que hemos podido encontrar en esta versión. Es la más completa de todas, ya que incluye todos los DLC disponibles para el juego original, y además conserva y respeta unas mecánicas que funcionaban aunque pudieran pecar de repetitivas a la larga.

Como decíamos, Child of Light mezcla las plataformas con el rol. Introduce también pinceladas de puzles, pero los pilares principales son esos dos. De este modo, introduce combates por turnos al más puro estilo RPG, aunque añade un par de mecánicas pensadas para dar algo más de dinamismo, como es el usar a Ignículus (con la pantalla táctil o con el stick derecho) para frenar a los enemigos o el sistema de interrupciones para cortar los ataques en seco.

Por lo demás, se mantiene muy fiel al lado más tradicional de los juegos de rol, incorporando más compañeros al equipo, implementando un sistema de habilidades con diferentes ramales, debilidades elementales y por supuesto experiencia y niveles para mejorar a todos y cada uno de nuestros personajes. El sistema de equipamiento se cambia por el de los Oculi, unas gemas que se combinan para obtener piedras preciosas que se equipan para aportar mejores tanto estadísticas como elementales. Una pequeña curva fuera de la senda del RPG tradicional, pero que a efectos prácticos plantea la misma idea.

Con todo esto, y aunque se logra un sistema de juego con bastante empaque, el ritmo de las batallas puede resultar bastante lento y, aunque el desafío se acentúa bastante de cara a los compases finales, sobre todo con algunos jefes; los más experimentados no sufren demasiado con las batallas. Afortunadamente, esto también es síntoma de que no es necesario pasar horas y horas masacrando enemigos para subir de nivel, uno de los elementos que más complican enfrentarse a un juego de este género.

Child of Light es un cuento que no tiene pudor alguno a mostrarse como tal. De hecho, a consecuencia de esto tenemos que remarcar un último punto más, que no es otro más que su genial trabajo de localización. Cada diálogo está planteado como una pequeña consecución de versos con juegos de palabras y las siempre presentes rimas. Un toque adicional que remarca el mimo que hay tras esta obra, ese que se nota en cada pincelada que construye su mundo.

- Jugabilidad: Child of Light posee varias mecánicas interesantes. Toca el palo de las plataformas, también el de los puzles, pero deja caer todo el peso sobre su componente rolero. Define bien esta rama, aunque con el paso de las horas puede perder algo de fuelle.

- Gráficos: El apartado visual es el más potente de todo el videojuego. Disfrutarlo en portátil refuerza aún más el genial trabajo que realizó Ubisoft Montreal para dar vida a este lienzo que nos traslada a Lemuria. Una lástima que el framerate falle en esta versión.

- Sonido: La banda sonora es otro de los puntos fuertes del título. Cada melodía logra tocar las notas perfectas para sumergirte aún más en este cuento que nace de la muerte y el doblaje, cuando está presente, funciona también a la perfección.

- Duración: Es un cuento, si; pero no uno que nos vaya a tener horas y horas frente a la pantalla. En total, la duración aproximada puede colocarse por encima de las diez horas si tenemos en cuenta también los descargables incluidos en esta edición y tratamos de potenciar al máximo a todo nuestro equipo. Una cantidad que, ciertamente, le viene como anillo al dedo.

- Conclusión: Con su llegada a Nintendo Switch, Child of Light: Ultimate Edition recuerda todo lo bueno que tenía cuando llegó a consolas y PC, como también aquellas pequeñas pegas que lo entorpecían. Un cuento para disfrutar en momentos de tranquilidad y que llega en un genial momento a la híbrida.