Análisis de Katana Zero para Switch: Una resaca de casete y VHS

Un samurai con pocos escrúpulos y una historia completamente rota

Katana Zero

Las enormes posibilidades que ofrece un desarrollo independiente se reflejan en las buenas y rompedoras propuestas que llegan al mercado cada poco tiempo. Este tipo de juegos, más sujetos a la creatividad, a explorar temas más incómodos o a lanzar mecánicas jugables más desafiantes y poco comunes suelen tener un impacto muy positivo en el mercado, pero poco nivel de ventas debido, precisamente, a la casi inexistente inversión en publicidad que tienen. Gracias a este ecosistema, en el que se puede dar más rienda suelta a la locura interna sin importar mucho dejarse un dinero que luego no se va a recuperar, es lo que está moviendo la industria en los últimos años y hay casos tan claro como los de Celeste o Dead Cells, títulos independientes lanzados en 2018 que se han ganado su hueco en los premios más importantes del sector. Y, además, al igual que el juego que me ocupa, han tenido su versión para Nintendo Switch.

Katana Zero

Al igual que algunos de los juegos que he citado anteriormente, Katana Zero se reviste de una jugabilidad endiablada para transmitir un mensaje que va mucho más allá de su propia propuesta jugable. Se trata de un título de acción y plataformas que es tan sencillo de entender como complicado de ejecutar con éxito. Y a todo esto se le suma una narrativa cinematográfica que deja al jugador como el pegamento necesario para unir todas las piezas y conformar una línea argumental lógica. Vamos, que hay que sajar cabezas para poder enterarte de lo que está ocurriendo.

Los viajes de la memoria

Askiisoft presenta Katana Zero como un juego básicamente de acción combinado con plataformas, ya que se necesita tener muy en cuenta el entorno para poder llevar a cabo las masacre del personaje protagonista. Visto así, no dista mucho de lo que podría hacer cualquier otro desarrollador sabiendo programar para una consola. Pero lo diferente de este juego es que ni el jugador ni el propio personaje saben por qué hacen lo que hacen. El samurai del albornoz tiene que cumplir una serie de misiones para una organización que le ayuda a controlar sus pesadillas, pero a partir de ahí se empiezan a disolver las fronteras entre lo real y lo ficticio y también entre aquello que es un sueño y lo que no.

Katana Zero

La narrativa en Katana Zero está construida como la de Memento, la película de Christopher Nolan en la que su protagonista sufre una enfermedad que no le permite recordar los hechos recientes. El espectador va dando saltos en el tiempo hasta que al final puede formar una imagen global de lo que ha pasado. En el caso de Katana Zero la vertiente argumental se extiende hacia los dos lados de la línea temporal, es decir, se va avanzando y, a medida que se avanza, se conocen hechos del pasado del personaje y también lo que va ocurriendo a continuación. Todo envuelto en música noventera, litros y litros de sangre y también en cintas VHS, que vendrían a ser las fotografías que usaba Leonard en la película de Nolan.

El juego de Askiisoft combina estos tramos de acción con otros conversacionales, los cuales no tienen demasiado impacto en los acontecimientos, pero sí que ayudan a conocer más sobre el misterio que envuelve al samurai conocido como El Dragón. A pesar de esa espera capa de sangre, Katana Zero esconde un profundo y delicioso núcleo dulce que uno va descubriendo, por suerte o por desgracia, arrebatando vidas, pero también conociendo a personajes muy interesantes.

Error y acierto. Y vuelta a empezar

Katana Zero sigue una mecánica jugable muy sencilla, pero que pondrá a más de uno de los nervios. El título consiste, básicamente, en superar diferentes niveles sin caer en el intento. Y aquí está la cuestión, ya que como ocurre en otros títulos del género dungeon crawler como Enter the Gungeon o el antes citado Dead Cells, si te aciertan, vuelves a empezar. Y vuelves a empezar el nivel entero, por lo que hay que andarse con ojo. Por norma general, los juegos de este tipo, que te invitan a volver al principio si caes, siempre tienen un motivo por el que puedes volver a intentarlo. No es una cuestión de «es un videojuego«. No. Es una parte más de la narrativa en el caso del juego que he tenido entre manos.

Katana Zero

En el universo de Katana Zero se trafica con Cronos, una droga que permite manipular el tiempo hasta cierto punto. Sus consumidores, aunque acaban con secuelas bastante severas, son capaces de desarrollar precognición, es decir, una especie de visión futura que les permite adelantarse a los acontecimientos. De esta forma, los niveles no se juegan realmente, sino que se «prevén». Lo que lleva a cabo realmente el jugador es una de las múltiples posibilidades que se pueden dar y ejecutar, posteriormente y a modo de grabación en vídeo, la que sale bien. Es una especie de Dr. Strange cuando ve que solo hay un futuro posible en el que Thanos cae derrotado. Más o menos.

El Cronos dota al Dragón de, además, una especie de éxtasis temporal que le permite ralentizar todo lo que ocurre a su alrededor para poder superar algunos niveles. La dificultad de cada fase aumenta cuando, además de esbirros, también entran en juego torretas, láseres de la muerte y diferentes obstáculos que hay que superar. La frustración aumenta cuando tras muchas, MUCHAS, intentonas no consigues pasar el nivel, pero se puede, aunque sea porque has conseguido desviar una bala con tu espada.

Estética píxel y fosforita

Aunque pueda ir de samurais y de espadas, lo cierto es que Katana Zero se ambienta en una especie de futuro lejano en el que las guerras han vuelto a dejar mal paradas a cientos de personas y en el que se han desarrollado nuevas formas de conseguir guerreros artificiales y casi indestructibles. Nueva Meca es la ciudad en la que se desarrolla este juego y en la que se ambienta este título. Las mafias, la droga, la desigualdad social y el alcohol son el pan de cada día para unas personas que hablan de NULOS, cromañones y otros términos que denotan un odio hacia lo extraño y un arraigado racismo producto del terror en el que se encuentran. Esta atmósfera neo-noir, mezclada (que no agitada) con rasgos más orientales y tradicionales no hay por donde cogerla, pero simplemente se disfruta siendo un justiciero de espada muy afilada y sentimientos casi inexistentes.

Katana Zero

Además, el título cuenta con unos gráficos construidos completamente con estética pixelada, una tendencia que es muy común en juegos de estas características, donde se quiere potenciar la jugabilidad y la narrativa por encima de otra cosa. Se consigue, de esta forma, una propuesta vertiginosa que no requiere de una máquina muy potente para poder ser disfrutada al máximo. Los personajes no cuentan ni siquiera con cara y, de igual manera, se puede ver a través de ellos, entenderlos y hasta empatizar con ellos. Como he dicho al principio del análisis, el jugador completa los huecos que deja el juego tanto en la parte gráfica como en la del puzle que es la historia.

Conclusiones

Katana Zero no es de las propuestas más innovadoras que han llegado al mercado en general y a Nintendo Switch en particular, pero su historia, que parece de primeras insignificante, es lo que le da el toque diferente que muchos títulos de este corte no se atreven a implementar. La jugabilidad por la jugabilidad está bien, pero si se sabe construir sobre una buena narrativa, el jugador termina mucho más satisfecho, ya que sus acciones conducen a un final lógico que hace que su ansiedad de historias quede saciada.

Juan Pedro Prat

Periodista. Siempre llevo a mano un Poké Ball por lo que pueda pasar. Combino mi pasión por escribir con la de diseñar, aunque no se me da muy bien. Intento siempre aprender de todos los que me rodean.

Publicaciones relacionadas

Cerrar