Análisis de Romancing SaGa 2 – Desmontando las reglas del RPG

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Cuando hablamos del género RPG y nos ceñimos a su vertiente japonesa, el JRPG, nombres como Final Fantasy, Dragon Quest o, apurando algo más, Chrono Trigger se clavan en nuestra cabeza de forma casi automática. Franquicias nacidas en el seno de una Squaresoft y una Enix que hace décadas competían y que, por azares del destino, ahora trabajan como una sola bajo ese familiar nombre de Square-Enix.

Desafortunadamente, lejos de ese flujo de «lo mainstream» hay auténticas joyas que se quedaron en la comodidad de un mercado nipón totalmente receptivo a sus propuestas. La franquicia Romancing SaGa (de la que tuvimos ligeros atisbos en Occidente con Final Fantasy Legend) es una de ellas. Ideada por Akitoshi Kawazu, alguien capaz de introducir un corte repentino en mitad de un combate contra un jefe final sin despeinarse, es famosa por experimentar con mecánicas muy diferentes a lo que acostumbramos y explorar rutas bastante alternativas dentro de los cánones del rol.

Más de 20 años después de su estreno en Super Famicom, y tras haber pasado por iOS y Android con sendos remakes, Romancing SaGa 2 ha aterrizado en PlayStation 4, Xbox One, PC y Nintendo Switch con un ligero lavado de cara y nuevos contenidos que nos han hecho lanzarnos de lleno para descubrir un videojuego tan original como veterano. Valiente y sin miedo a echar por tierra algunas de las bases inamovibles del RPG tal y como lo conocemos, ha sido todo un devorador de horas del que queremos hablaros en profundidad para que veáis lo que se esconde tras su estética tan retro y a la vez tan moderna.

El papel del jugador en Romancing SaGa 2 es el de líder del imperio de Varennes. Como emperadores, nuestro objetivo es llevar a cabo una tarea que comienza como una venganza por un terrible incidente en la capital, Avalon, y que termina como una odisea por aniquilar a 7 seres que antaño fueron unos legendarios héroes. El tiempo a veces nos enseña que hay leyendas que deben permanecer en la memoria, y la transformación de estas heroicas figuras en criaturas tan peligrosas es la mejor prueba de ello.

Eran héroes, y ahora son monstruos de un poder descomunal. Tal es este, que se hacen necesarios varios linajes para poder alcanzar el nivel y la fuerza suficientes como para derrotarlos. Y aquí, justo en este punto, es donde entra la mecánica principal del juego y, a su vez, principal vehículo del argumento. Comienzas jugando como el emperador Leon para después ceder el relevo a Gerard, su único hijo superviviente; pero probablemente acabarás la historia con un personaje ubicado varias generaciones después.

El paso de los años, manifestado en la superación de mazmorras y localizaciones, marca el ritmo del juego. Nos hace cambiar de protagonista cada poco tiempo (algo que también sucede si este muere una cantidad determinada de veces) y mantener además todos los conocimientos, habilidades y demás estadísticas de sus antecesores gracias a un conjuro con el que se transmiten todas las capacidades de generación en generación. Transcurren décadas hasta llegar a ese combate final con el que se cierra el argumento, y lo más importante es que nuestras acciones durante toda la partida también influyen en él.

Durante todo este camino, debemos mejorar no solo nuestro equipo y capacidades, también nuestra ciudad. A medida que combatimos y descubrimos tesoros reunimos tanto materiales como dinero que podemos invertir para ampliar las estructuras de Avalon, conseguir mejores objetos y equipamiento y todo aquello que ayuda al crecimiento tanto de nuestro personaje principal como de todos sus compañeros de equipo. Entra aquí en juego un pequeño elemento de estrategia que además bebe del rol para aplicar sus bases no solo a un grupo de héroes, sino a toda una localización.

Y esta no es la única premisa que difiere de lo habitual. Los combates sí mantienen el tradicional esquema de turnos, ataques, habilidades y armamento; pero incorporan un sistema de formaciones y posiciones que influyen en los roles de los luchadores en la batalla. Se aprenden con el paso de las generaciones y su correcto uso es fundamental para no moder el polvo una y otra vez, porque los combates, aunque comienzan sin demasiada dificultad, poco a poco adoptan un cariz bastante cruel con el jugador.

Parte de la culpa de la dureza que posee se debe también a la casi inexistencia de información. Aprendes las mecánicas casi de la misma forma que los personajes sus habilidades, por suerte (sí, el azar determina qué aprendes y qué no en función del arma y el combate), y hace que el arranque sea mucho más complicado de lo que debería. No contento con eso, el juego evoluciona con el que está a los mandos. A medida que combates, ganas puntos de habilidad y mejoras para las armas, los enemigos se vuelven más poderosos y, consecuentemente, también esos 7 héroes a los que hay que dar caza. Conviene olvidarse de algo tan tradicional como el luchar por subir de nivel por dos razones: la primera, no hay niveles; la segunda, todo se te hará más complicado.

Esta evolución conjunta hace que se tenga que buscar un importante equilibrio entre combates y exploración. Pero no contento con eso, Romancing SaGa 2 sigue sorprendiendo con más excentricidades en forma de mecánicas. No existen objetos para revivir a personajes ya que, al reducirse su salud a cero, pueden curarse de forma normal o esperar a terminar la pelea para que vuelvan a estar en pie. Al principio parece un sistema que invita a tomarse las cosas con calma, hasta que descubres que cada muerte reduce una unidad en un contador que, al llegar a cero, hace que pierdas al personaje para siempre y, si este era el principal, dar el paso a la siguiente generación.

Y esto, precisamente, hace que no podamos hablar de un grupo de héroes, sino de un grupo de aliados que forjas durante la partida. El próximo emperador que manejes depende de a quiénes ayudes y con quiénes te agrupes. Sin embargo, tanto tus herederos como los de aquellos que te acompañaban en batalla podrán mantener todas las características de sus antecesores. Sin quererlo, poco a poco puedes dar forma a un pequeño ejército de seres casi indestructibles aunque, como ya hemos dicho antes, esto puede no ser más que una forma de poner las cosas todavía más difíciles de cara a la batalla final.

Todo lo que trae consigo este remake del Romancing SaGa 2 de Super Nintendo nos llega ahora a las plataformas actuales con un acabado que trata de alejarse de los errores cometidos con otros remakes de Square-Enix. Los escenarios han sido renovados por completo para adaptarse a la alta definición y algunos enemigos cuentan con animaciones adicionales; pero, mazmorras, modos y clases adicionales aparte, todo lo demás trata de ser lo más fiel posible a la plataforma original, con sus píxeles bien grandes y sus melodías retro.

Al final, pensábamos que íbamos a estar ante un fiel reflejo del JRPG más tradicional y nos hemos encontrado con un juego que cuenta con una personalidad propia, un estilo y una serie de mecanismos que desafían seriamente a las ideas más clásicas del género. La única pega que podemos ponerle al conjunto, además del más que notable efecto del paso de los años, es la falta de información para asimilar tanto cambio porque, por lo demás, no ha hecho más que sorprendernos por su originalidad.

Jugabilidad: Cambia por completo las reglas del RPG para dar forma a algo con personalidad propia. Uno de los pocos títulos del género en los que lo más recomendable no es pararse a luchar como un loco para subir de nivel. Las formaciones le dan algo más de estrategia y el sistema generacional le da otro punto de interés que, junto con la posibilidad de desarrollar tu propia de ciudad, construyen algo tan distinto que se hace especialmente molesto no contar con nada que te informe de tanto cambio con respecto a lo tradicional.

Gráficos: Muy fiel a sus orígenes de 16 bits, tanto modelos como efectos se mantienen casi idénticos a los de la época en la que salió, hace ya más de dos décadas. Los entornos, por su parte, sí han sufrido un importante lavado de cara, aunque no parece suficiente. Dados los tiempos que corren, se podía haber conseguido un efecto mayor con un pequeño empujón en este aspecto.

Sonido: De la misma forma que en el campo visual, la fidelidad vuelve a caracterizar este punto. Melodías tan familiares que se hacen hasta reconocibles si has conocido algún otro RPG de los 90. Otro empujón aquí…

Duración: La trama principal puede prolongarse perfectamente durante unas 40 horas o más. Este aspecto se hace más interesante porque, lejos de invitar al jugador a perderse más y más horas, castiga elevando la dificultad si te prolongas más de lo debido a base de combates.

Conclusión: Romancing SaGa 2 coge la mesa de las patas, mira al resto de títulos de rol y la tira con un tono totalmente desafiante. No nos extraña en absoluto el peculiar interés de S-E por seguir lanzando remakes de esta entrega lanzada en Super Famicom. Es el mejor exponente de lo que supone todo Romancing SaGa. Original en cuanto a mecánicas, con una historia sencilla y un sistema de juego que llama poderosamente la atención por cómo se aleja de todo lo visto incluso 20 años después de ver la luz originalmente. Si tan solo se animara a ser algo más explicativo…

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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