Análisis de Sailaway: The Sailing Simulator – Viento en popa a toda vela

Lanzarse a desarrollar videojuegos en solitario es similar a lanzarse a navegar en total soledad. Cualquier cambio en el clima, cualquier pequeño percance puede hacer que tu travesía se convierta en una pesadilla. En el mundo de los juegos, un problema durante la programación o incluso un fallo con la versión final o una campaña poco acertada pueden hacer que tu trabajo se vaya  al traste en cuestión de segundos.

Este símil debe ser algo que Richard Knol ha tenido muy presente durante los últimos meses. Él es quien, tras el nombre del estudio Orbcreation, se ha encargado de dar vida a Sailaway: The Sailing Simulator, un proyecto que nació como un pequeño experimento para comprobar la interacción entre una embarcación y el oleaje marino que, con el paso del tiempo, acabó convirtiéndose en algo que consumía todas sus horas y se convertiría en un videojuego.

Tras 10 meses explorando las seguras, aunque algo turbulentas, aguas del acceso anticipado en Steam, este simulador de navegación ha decidido salir a mar abierto para surcar todo el agua que cubre nuestro mundo en su entorno virtual. Una experiencia sorprendentemente completa, como también sorprendentemente accesible, que nos ha tenido varias horas inmersos en sus aguas montados en un velero y poniéndonos un sombrero.

Sailaway: The Sailing Simulator es, como su nombre bien indica, un simulador de navegación. No vengas buscando un objetivo, ni puntuaciones, ni tan siquiera una meta que tire de algún tipo de hilo argumental. Lo que este título quiere que hagamos es surcar los mares de nuestro mundo en su mundo virtual, y para ello parte de una premisa tan clara como ambiciosa: replicar todos y cada uno de nuestros mares de la forma más detallada posible.

Es uno de los factores de los que más presumen sus responsables al hablar de él, y la verdad es que, si no lo llega a cumplir, se queda muy cerca de conseguirlo. Sailaway es el simulador de navegación más grande con el que nos hemos topado hasta la fecha, y decir esto de algo desarrollado por una única persona es de esas cosas que suceden pocas cosas en la vida. Es ambicioso a rabiar, y gracias a ello consigue transportarnos a un mundo tan creíble como familiar.

Punto a favor en este sentido es, también, su fidelidad en lo referente a la meteorología. Si en un punto determinado del planeta está habiendo una tormenta mientras juegas, ten por seguro que te la toparás en este entorno tridimensional. Orbcreation se ha asegurado de sincronizar toda la meteorología global para plasmarla en tiempo real en su juego/simulador, consiguiendo así un resultado orgánico y especialmente inmersivo. No solo los efectos visuales nos remarcan el clima, también el estado del mar y las mareas, que afectarán a nuestra navegación.

En cuanto a la navegación, se abre en dos ramas bien diferencias: una pensada para los que quieren saber de primera mano cómo es la experiencia de un marinero en estos navíos ligeros y personales y otra para aquellos que prefieren algo más acorde al control con teclado y ratón. Para los primeros se despliega un completísimo arsenal de cuerdas, manivelas, velas y parámetros a tener en cuenta para poder determinar el desplazamiento y el estado de la embarcación. Para los segundos, tan solo hay que pulsar unas teclas para determinar a dónde y cómo movernos.

Ni que decir tiene que lo más recomendable para disfrutar de una simulación total es lanzarse a la primera opción. Para este caso, Sailaway: The Sailing Simulator ofrece un completo tutorial, aunque bastante cargante debido a su alta cantidad de textos. Una vez lo superes, ten por seguro que sabrás bien cómo desenvolverte en un yate o un velero real. Siguiendo esta línea, además, no podemos pasar por alto el amor por el realismo: si en el mundo real una travesía entre dos puntos del globo llevaría semanas o meses, en este juego también.

En ese sentido, el simulador aprovecha su mundo permanente (o, más bien, mar permanente) para que la embarcación siga el curso que dictemos antes de abandonar la partida. De esta forma, cuando no estemos frente a la pantalla, recibiremos correos indicándonos cómo va el viaje y cómo está el clima en la zona donde se encuentra nuestro barco. Es algo bastante interesante, y que invita a disfrutar totalmente de la experiencia; pero que también pierde cierto interés al no haber ningún tipo de inconveniente que ponga en peligro este viaje.

Para los amantes de lo fácil, por supuesto, está también la opción de teletransportarse. No todo el mundo tiene la paciencia de aguantar días y días rodeado de mar, y mucho menos cuando tiene a mano una función que convertiría todo ese tiempo en unos segundos. Es algo que solo es posible en un entorno como el de un videojuego, pero que también es totalmente necesario para que el jugador no acabe dejándolo por el tedio.

Por suerte, la navegación no tiene por qué ser en solitario. Aquí es donde entra el componente online de Sailaway: The Sailing Simulator. Su mundo está poblado por todos los jugadores que decidan zarpar con sus embarcaciones a descubrir y disfrutar de nuestros siete mares. De hecho, gracias a esto, es posible charlar con ellos a través de un chat de texto e incluso invitar a los demás a subirse a nuestra embarcación para compartir viaje. Lo que no es posible, por ejemplo, es hacer que dos barcos choquen, dado que no hay sistema de colisión alguno.

Por lo general, Sailaway: The Sailing Simulator cumple bastante bien con su premisa principal, que no es otra más que ofrecer una simulación de la navegación en el mundo real. Flaquea, y bastante, en el terreno técnico, con un acabado bastante probre que deja bastante frío cuando se tiene en cuenta la ambición volcada por mimar la fidelidad con respecto a nuestros mapas

Ese, y el apartado sonoro, son los puntos débiles de este título. Por todo lo demás, se coloca como una experiencia idónea para todo aquel que quiera descubrir lo que se siente bregando con todos los factores que entran en juego a la hora de navegar, como también para aquellos que, simplemente, quieren sentarse frente al PC, hacer una embarcación casi a su gusto, bautizarla y salir ahí afuera a visitar mares y océanos que jamás ha visto.

Jugabilidad: Accesible para quienes no quieren complicarse, enrevesado y complicado para los que apuestan por el realismo. Sailaway: The Sailing Simulator se mueve entre esas dos aguas para llegar al gusto de todos. Sorprende su fidelidad por plasmar las condiciones meteorológicas en tiempo real, así como su total afán por hacernos vivir una experiencia lo más real posible en un mundo virtual.

Gráficos: Bastante pobres. No logra sorprender en ninguno de sus puntos, aunque al menos el conjunto es lo suficientemente robusto para no frotarse los ojos o tener que apartar la mirada. Al menos tiene por delante mucho futuro en forma de actualizaciones con las que terminar de solidificar y conseguir algo que despunte más.

Sonido: Similar al apartado anterior. Sailaway logra sumergirte en sus aguas a través de un buen elenco de efectos sonoros; pero en terreno musical es demasiado árido. Las melodías son sutiles en exceso y para nada memorables. Aunque, por otra parte, se puede entender con el pretexto de no desviar la atención del jugador de lo que realmente interesa.

Duración: Este punto puede ir desde la nada hasta la eternidad. Teniendo en cuenta que un viaje puede tomar días, horas o meses si así se desea, es algo que puede tener un ciclo de vida bastante prolongado. Básicamente, tiene la duración que el jugador desee.

Conclusión: Sailaway: The Sailing Simulator cumple a la perfección con su papel como simulador. Flaquea en el terreno técnico, pero en lo demás logra hacer sus deberes perfectamente, llegando incluso a sorprender. Si te gusta el mar o la navegación, no lo dudes; pero si no eres un amante del agua, te recomendamos no zarpar en este puerto.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

Publicaciones relacionadas

Cerrar