Análisis de Sea of Solitude: The Director’s Cut – Un viaje para conocer nuestras sombras

La obra de Jo-Mei Games vuelve con mejoras y el sello de Quantic Dream en esta versión exclusiva para Switch.

Decía el compañero Roberto Pineda que, «si no doliera, no estaríamos vivos», y qué razón tenía cuando nos explicaba las virtudes y defectos de Sea of Solitude con el análisis del juego original. El título de Jo-Mei Games llegó a varias plataformas durante el verano de 2019 y ahora, casi dos años más tarde y con una dolorosa pandemia de por medio, ha vuelto con una versión mejorada en exclusiva para la híbrida del momento.

Sea of Solitude: The Director’s Cut llega con la premisa de ser la edición más completa y pulida de este título. Una versión exclusiva de Nintendo Switch que ofrece un viaje más refinado en mecánicas y argumento respecto a la versión de 2019, una especie de regalo para esos jugadores de Switch que siempre esperan a recibir estas adaptaciones para la híbrida. Nosotros ya hemos revivido este viaje de Kay por el mar de la soledad y el dolor. Muchas reminiscencias de una obra que ya conocíamos e importantes mejoras. Mucho que contar en este análisis de Sea of Solitude: The Director’s Cut para Nintendo Switch.

Siempre se ha pensado que hay cierto vínculo entre el mar, o el agua, y la propia vida. Jo-Mei Games se ha tomado esto al pie de la letra para plantearnos todo el esqueleto de Sea of Solitude. Nuestro objetivo, al comienzo bastante difuso, es avanzar con una mujer que parece envuelta en sombras. Somos Kay y nos movemos en un mar totalmente oscuro, al que amenazan unas temibles y lúgubres criaturas que parecen conocer realmente bien a la protagonista.

La toma de contacto resulta extraña y algo árida porque, lejos de esconder sus recursos, Sea of Solitude ya presenta a la mayoría de personajes desde el primer momento. Los primeros pasos son confusos porque, además, ves que esas amenazas que te rodean, como ese gigantesco pez que trata de devorarte o esa especie de molusco que bloquea tu camino, te conocen realmente bien. ¿Por qué esto? ¿Por qué este viaje? Porque nuestra protagonista está sumida en una profunda depresión, y esas criaturas son precisamente lo que está lastrando su bienestar.

No vamos a ahondar mucho en ello porque es un viaje que vale la pena experimentar en primera persona, y sin sorpresas. Aun así, sí que debemos mencionar que poco a poco se va desvelando el motivo del pesar de nuestra protagonista. Cómo su relación con ciertas personas ha hecho que se sienta así, pero también cómo su interacción con ellas hizo que estas también se vieran envueltas en este mar de lamento y soledad.

A medio camino entre las plataformas y el walking simulator

Sea of Solitude: The Director’s Cut no es un juego profundo en sus mecánicas, sobre todo porque lo que busca es hacernos sentir partícipes de un viaje que nos sumerja de lleno en una historia a la que muchas personas se enfrentan en su día a día. Es una metáfora desde el comienzo hasta el final, a veces con mejor o peor tino, pero sobre todo un título que trata de transmitir un mensaje que poco a poco se va desplegando, al ritmo que Kay se abre paso en este mar tan extraño.

Por eso, no termina de sorprender que el núcleo de sus mecánicas baile entre puzles sencillos y plataformeo suave. De hecho, resulta incluso fácil. No es un desafío a nivel de mecánicas, tampoco un reto que nos plantee ante un gameplay de lo más variado y rico. No lo pretende en ningún momento. Y eso, si bien es cierto que ayuda a centrarse en las conversaciones y en las pinceladas de la trama (ahora mejor estructurada al dejar a un lado los enormes monólogos de la protagonista en el juego original), también hace que se sienta limitado a la hora de abordarlo como un videojuego.

Pero, ¿qué es un videojuego si no también otra forma de expresarse? Por eso, quienes estén familiarizados con títulos como What Remains of Edith Finch, Firewatch o incluso The Stanley Parable se van a sentir como en casa con este Sea of Solitude. Y a veces puede pecar de lineal o simplón a nivel mecánico, porque realmente Kay no es alguien que pueda plantar cara a gigantescas criaturas. Pero tiene sentido, porque ojalá acabar una depresión fuera tan fácil como aporrear un botón para machacar al enésimo enemigo. Aquí se refuerza la sensación de amenaza constante, ser una pequeñez frente a un enorme mar, el buscar otros caminos, a veces difíciles, para seguir adelante.

Un diamante pulido, pero con aristas que resaltan

Es cierto que, comparando con el Sea of Solitude original, esta Director’s Cut que llega a Switch gana bastantes enteros. La versión híbrida que aterriza ya incluye control por giroscopio para poder orientar las bengalas que sirven de guía, incluso ha mejorado determinadas acciones para que moverse con Kay resulte mucho más natural. El trabajo en ese sentido es bastante palpable, aunque lo que más se agradece es cómo el guion ahora deja mucho más peso a los diálogos entre personajes.

Retoques aquí y allá que mejoran la experiencia de juego para que este viaje a través de algo tan natural y duro como una depresión nos absorba todavía más y no haya nada que rompa con la inmersión. Sin embargo, durante nuestra partida (breve, ya que el juego se puede superar en menos de 6 horas), sí que hemos visto algunas situaciones un tanto extrañas. Colisiones que no han funcionado bien, animaciones que se han «roto» y otras pequeñeces que empañan una propuesta que, por el resto, es bastante buena.

De hecho, en Switch se mueve con total soltura. Tanto en modo TV como en modo Portátil, Sea of Solitude: The Director’s Cut cumple sin problemas. Su estética sencilla, con colores planos y tonos cálidos, encaja bastante bien sobre todo con el formato portátil de la consola. Además, su brevedad hace que se pueda afrontar en pequeñas dosis sin problemas. Aunque, aquí tenemos que volver a los peros, algunas pantallas de carga se nos han antojado un poco largas.

Sea of Solitude: The Director’s Cut – La mejor versión de este viaje

Analisis Sea of Solitude Director's Cut 05
¿Un lobo con piel de cordero? No exactamente

Puede parecer un juego con una premisa limitada en lo jugable, pero lo cierto es que todo encaja a la hora de dar forma a la experiencia que quiere hacernos vivir. Sea of Solitude: The Director’s Cut es uno de esos títulos necesarios, como lo era su versión original. Un enfoque original y muy diferente que trata de hacernos ver lo que puede llegar a causar una depresión y lo que supone para una persona. Puede que lo haga con más o menos acierto, pero, como decíamos antes, el mensaje está ahí, y el mero hecho de plantearlo es valiente.

Los usuarios de Switch pueden estar de enhorabuena, porque esta versión mejora en todos los frentes a la original y, además, gana en portabilidad. Si tuvisteis intriga por saber cómo es el viaje de Kay y qué se esconde tras este mar que la envuelve, tenéis la oportunidad servida en bandeja de plata. Os va a sorprender.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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