Análisis de Strikers Edge – Diversión en compañía

 

 

Una de las grandes ideas de Sony en materia de videojuegos en los últimos años ha sido la de apoyar y fomentar el talento entre los jóvenes desarrolladores. El nombre de dicho programa es PlayStation Talents y en sus primeros años de vida ha comenzado a dar obras de gran calidad y que demuestran que las nuevas generaciones de creadores de videojuegos vienen pisando fuerte. En esta ocasión el talento llega desde Portugal.

Y es que ahora PlayStation 4 y PC han recibido Strikers Edge, el ganador de la primera edición de los PlayStation Talents del país luso. El videojuego del estudio Fun Punch Games indudablemente recuerda a clásicos arcades (al más puro estilo Windjammers) en los que el objetivo es simple, pero el concepto de juego es tan increíblemente divertido y adictivo que es imposible poner ni una sola pega al funcionamiento del título.

Strikers Edge tiene un concepto de juego muy claro: dos equipos (uno contra uno o dos contra dos) se enfrentan en un terreno de juego partido por la mitad y deben infligirse daño lanzándose todo tipo de objetos. A diferencia de Windjammers (del que hablábamos antes), en Strikers Edge no debemos anotar goles con una pelota como si fuese voleibol, sino que el objetivo es dañar y acabar con el rival que tenemos enfrente.

La zona de batalla tiene un exquisito apartado de corte medieval, así como los guerreros a los que podremos encarnar para tratar de vencer a nuestros oponentes. Como decíamos, esto no es voleibol, sino más bien balón prisionero. Deberemos esquivar las embestidas y lanzamientos rivales y atacar con nuestros propios artilugios para dañarles. La cuestión es que la precisión es tremendamente importante en Strikers Edge.

Y es que no solo deberemos impactar en los oponentes con los proyectiles que lancemos, sino que dependiendo de en qué lugar acertemos haremos más o menos daño. La cabeza, como es habitual, será el punto en el que más daño hagamos y, por lo tanto, aquel al que deberemos apuntar con mayor frecuencia. Sin embargo golpear con nuestras armas arrojadizas a otras partes del cuerpo también nos beneficiará en gran medida.

Una de las grandezas de Strikers Edge es la simpleza de su control, que no requiere mucho tiempo para aprender a jugar: nos podemos mover y apuntar, disparar, rodar para esquivar y bloquear. Con estas sencillas acciones podremos resolver todas las situaciones que se nos presenten a lo largo de una partida. A ello hay que añadir una barra de resistencia que debemos tener en consideración, pues limitará nuestras acciones y podría suponernos un disgusto en caso de agotarla en el momento menos indicado.

La diversidad de los escenarios también es un elemento a tener en cuenta cuando comenzamos una partida. Y es que algunos de ellos ofrecen características únicas tales como coberturas que nos permiten estar a salvo en determinadas circunstancias sin necesidad de tener que esquivar o bloquear. También existe todo lo contrario: elementos dañinos y aleatorios que pueden acabar con nosotros si los perdemos de vista por un momento.

Como es de esperar, tenemos la posibilidad de jugar en solitario si así lo deseamos. A través de los modos entrenamiento, campaña y batallas offline podemos jugar contra la inteligencia artificial, aunque lo cierto es que ninguno de estas modalidades tiene demasiada enjundia. Jugar con amigos en una misma televisión hace que la cosa cambie, así como la vertiente competitiva y online del videojuego, la verdadera reina de la propuesta de Fun Punch Games.

No se trata de una propuesta compleja ni profunda y, tal vez precisamente por ello, jugar en compañía de rivales reales o virtuales es lo que verdaderamente ofrece diversión y pique al título. Otro de los apartados en los que brilla Strikers Edge es en lo visual, pues hace gala de un apartado gráfico característico de los arcades ochenteros y de los llamados pixel art que hacen que disfrutar de cada partida no solo sea una delicia por la divertida jugabilidad, sino también por cómo luce todo.

Sonoramente no hay tanto de lo que hablar, pues la música (también de corte retro) sencillamente acompaña adecuadamente los menús y la acción dentro de las partidas, aunque siempre cumple a la perfección sin ser protagonista. Todo ello hace de Strikers Edge un videojuego de lo más disfrutable, especialmente en compañía de amigos.

Joel Castillo

Jugabilidad: Strikers Edge es un título simple en lo jugable, pero no se trata de algo negativo. El objetivo del videojuego es claro y debemos ejecutarlo con controles sencillos y sin demasiada profundidad. Dominarlo cuesta poco y ya entonces solo deberemos centrarnos en disfrutar de cada partida y de vencer al oponente que ose ponerse en nuestro camino.

Gráficos: La estética retro y pixel art de la que hace gala Strikers Edge es sencillamente exquisita y le sienta fenomenal a un videojuego cuyos personajes jugables, eso sí, son demasiado similares en lo puramente jugable, aunque no en lo visual.

Sonido: La música acompaña con adecuación a los menús y a las partidas, así como los sonidos de golpes, esquives y todo tipo de circunstancias que se den durante el juego. Sin embargo no es el aspecto protagonista del título de Fun Punch Games.

Duración: La campaña de Strikers Edge no es excesivamente extensa (ni interesante, ya de paso), pero el videojuego divierte lo suficiente y tiene la cantidad necesaria de modos de juego como para entretenernos durante muchas horas. Podemos jugar en solitario contra la inteligencia artificial, con amigos en local o con desconocidos a través del multijugador online. Para todos los gustos.

Conclusión: No cabe duda de que Strikers Edge es un videojuego de lo más divertido por su concepto de juego sencillo y directo. A la obra de Fun Punch Games no le hace falta ser compleja para lograr su objetivo, que es divertir con partidas rápidas, intensas e igualadas que prometen grandes piques entre amigos. No inventa nada, pero todo lo que hace (o casi todo) lo hace muy bien, y eso tiene un mérito increíblemente grande.

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