Análisis de Super Chariot – Aventura póstuma

 

 

El estudio canadiense Frima Studio ya tuvo algo que decir en esto de los carruajes reales hace unos años. Hace unos cuatro años, los de Québec lanzaron en PlayStation 4, Xbox One y Wii U el videojuego Chariot. Una mezcla entre puzles, plataformas y claros tintes de exploración que se apoyaba por completo en el componente cooperativo a nivel local, el de sofá de toda la vida, para exprimir al máximo su premisa de juego.

Varios años más tarde, y con una híbrida que se está convirtiendo en la sensación de todos los indies, Frima vuelve a la carga para traer una versión más completa de este título. Super Chariot, que ya está disponible en la eShop, ha llegado a Nintendo Switch con el mismo planteamiento y desarrollo que la versión original, pero con algunos añadidos que enriquecen su contenido y lo completan más, además de una plataforma que ha nacido con este tipo de propuestas en mente.

Un movimiento inteligente, ya que no solo hablamos de una plataforma joven y con un genial desempeño a nivel comercial, sino también de una que lleva el concepto de multijugador local en su ADN. Tras haber pasado bastante horas con este título, nos hemos dado cuenta de que Switch, con esos Joy-Con que se desacoplan a merced de los jugadores, se antoja como la consola más adecuada para este juego. Aunque mejor vamos a pisar un poco el pedal de freno y dejar esta explicación para más adelante.

El rey ha muerto. El punto de partida de Super Chariot es la última voluntad de un monarca recientemente fallecido, que pide como deseo póstumo a su hija que lleve su ataúd, o más bien carruaje, hasta un lugar en el que descansar tranquilamente. Parece una solicitud de lo más normal, pero hay un matiz en ella que nace de la propia naturaleza de este monarca.

Como buen avaricioso de sangre azul que es, quiere que sus restos reposen rodeados de muchas riquezas. Y lo mejor de todo es que no se conforma con que los demás las lleven a su tumba, quiere recogerlas él mismo. ¿Cómo? A través de ese carruaje que porta su espíritu. Tu misión, o vuestra misión, es llevarlo por 25 niveles diferentes, a través de 5 escenarios de lo más variopinto, para recopilar todo el oro y los tesoros posibles y cumplir con ese deseo.

Gracias a este avance entre niveles y mundos vamos conociendo un poco más a ese gruñón espíritu real, como también al esqueleto que hace de tendero (que nos vende mejoras y se convierte en jugable en esta edición) a través de unos diálogos bastante simpaticones. Es una trama muy simple, si, y no busca crear reflexiones de ningún tipo, también. Su mayor afán es entretenernos entre partida y partida y relajarnos un poco con las breves conversaciones entre niveles para soltar alguna sonrisa de vez en cuando.

El gran elemento diferenciador de Super Chariot es cómo se mueve entre los conceptos del puzle y los plataformas. Ni que decir tiene que el carruaje real se convierte en el epicentro de la jugabilidad. Tenemos que tirar de él, empujarlo y llevarlo siempre con nosotros usando unas cuerdas y aprovechando unas físicas muy bien implementadas.

Al principio se hace algo complicado e incluso torpe. Tienes que aprender a hacer que tu personaje y su movilidad convivan con la de este carro que da nombre al título, sobrellevar eso de tener siempre un lastre que puede hacerte caer a un precipicio o que te cueste horrores enfrentarte a unos enemigos que están ahí para robarte los tesoros y que, ciertamente, si no existieran no se echarían en falta. La auténtica magia de este juego está en el diseño de los niveles y en las diferentes formas que hay de superarlos tanto en solitario como en compañía, en dominar el carro y su movimiento, amén de los gadgets que se consiguen, para saquear todos los niveles. y llegar a la meta.

Funciona muy bien en ese sentido y, cuando se supera la frustración inicial, consigue que todo se sienta bastante natural. Añade, para darle algo más de profundidad a las mecánicas, un sistema de mejoras que se obtienen a través de unos planos que hay que descubrir. Se acaban volviendo también bastante importantes, hasta el punto de que elegir mal puede hacer que un nivel sea infinitamente más difícil de lo habitual.

También, y en alusión al otro concepto clave de Super Chariot, hay que tener en cuenta su faceta multijugador. Decíamos al principio que es algo que encaja a la perfección con el concepto de Switch, y lo repetimos. Dado que es posible jugar con un Joy-Con por separado, echar una partida a dobles es tan sencillo como hacer ese “clac” tan característico de la consola y ceder al mando a otro.

Disfrutar de esta opción hace pasar por el mismo proceso de incomodidad y aprendizaje. Por mucho que uno de los dos domine las mecánicas, ahora hay que aprender también a coordinarse y a manejar el carruaje con dos personajes que funcionan de forma individual y autónoma. Por suerte, tener al compañero virtual al lado en la habitación ayuda a compenetrarse mejor a la hora de superar cada nivel y encontrar unos retos que, de otra forma, serían imposibles de conseguir.

Hace bien en el sentido de construirse como una experiencia cooperativa interesante y más que recomendable, pero mal a la hora de limitar al jugador solitario. Si no tienes player 2, no puedes hacerte con todos los tesoros que hay escondidos en los niveles, imposibilitando que logres conseguir el 100% por tu propia cuenta.

Por otra parte, a nivel audiovisual es bastante resuelto. El estilo del mundo y los personajes cuadra bastante bien con ese toque humorístico que se nota en todos y cada uno de sus componentes y, aunque hemos detectado ciertos problemas de rendimiento en las transiciones de cámara (algo que se arregla con un reinicio de la consola), todo funciona bastante bien y con una fluidez que se antoja tan acertada como necesaria.

– Jugabilidad: con muy pocos controles a tener en cuenta y un componente cooperativo totalmente recomendable, Super Chariot logra convertir una experiencia árida en su toma de contacto en algo totalmente fluido y sencillo. Logra hacer que los niveles tengan una estructura variada y en un continuo crescendo de dificultad, aunque fallan ciertos retos y los enemigos, ciertamente, nos resultan totalmente descartables (sobre todo los más duros).
– Gráficos: vibrantes, cargados de color y con un estilo que casa perfectamente con el ambiente general del juego. Funciona con una fluidez perfecta tanto en modo portátil como en modo tv, aunque este último será el que más se utilice para jugar bien en el modo cooperativo.
– Sonido: doblaje excelente y una banda sonora que funciona. No posee una selección de canciones tremendamente variada ni impactante, pero tampoco se queda atrás con respecto al resto de elementos.
– Duración: si te ciñes al objetivo principal y no te entretienes en explorar cada escenario, puedes superar Super Chariot en unas pocas de horas. Ahora bien, si decides lanzarte a por todo con un segundo jugador, vais a tener para muchas, muchísimas horas devanándoos los sesos e incluso llegando a desquiciaros para haceros con todo.
– Conclusión: Chariot funcionaba, Super Chariot lo sigue haciendo. El salto a la híbrida de Nintendo cobra más sentido que nunca debido a la naturaleza tanto del juego como de la consola. Si tienes a alguien con quien compartir Joy-Con y os gustan los retos, además de contar con una paciencia importante, no dudéis en coger las cuerdas y lanzaros a cumplir el deseo de este rey gruñón.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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