Análisis de The Touryst – Unas vacaciones repletas de misterio

Shin'en Multimedia sorprende con una aventura a la antigua usanza.

The Touryst

Apenas han pasado seis meses desde el anuncio de The Touryst por parte de Shin’en Multimedia. Una aventura paradisiaca que prometía altas dosis de exploración y que veía en el minimalismo su mejor virtud. Durante estos meses apenas hemos tenido noticias acerca del título, que ya se encuentra disponible en exclusiva para Nintendo Switch. En estos últimos días nos hemos puesto en la piel del Turista; hemos viajado a lo largo y ancho de un buen puñado de islas y hemos hecho nuevos amigos, resuelto diferentes rompecabezas y descubierto misterios que no os vamos a desvelar. Lo que sí vamos a hacer es contaros cómo ha sido nuestro viaje. Una travesía más corta de lo que nos habría gustado, pero que nos ha dejado recuerdos que difícilmente olvidaremos.

The Touryst

Somos turistas

Llegar en barco a una isla desconocida y que nos dejen allí sin explicación alguna no parece muy divertido. Por suerte, el lugar es pequeño y hay varias personas viviendo en él. Como no sabemos muy bien qué hacemos ahí o cuál es nuestro próximo paso, no queda otra que hablar con los habitantes de la isla y, cómo no, echar un vistazo a las inmediaciones. Una premisa escueta, lo suficientemente interesante como para acabar descubriendo «algo» que enseguida nos hará tener muchas ganas de comenzar a indagar en busca de respuestas. Dejaremos que seáis vosotros los que descubráis ese «algo», pero os diremos que no es más que el punto de partida para que comience una aventura apasionante y repleta de incógnitas.

The Touryst plantea una aventura en la que tenemos total libertad de movimiento para navegar entre la más de media docena de islas que conforman el mundo del juego, que sigue unos patrones básicos que nos invitan a llegar a un nuevo emplazamiento, echar un vistazo a ver qué se cuece y dialogar con sus habitantes para comenzar a vislumbrar cuál es el siguiente paso a seguir. Por el camino, el componente de exploración da lugar a una experiencia de lo más gratificante, ya que el juego ofrece secciones de plataformeo, búsqueda de objetos, resolución de rompecabezas e incluso documentación —cámara en mano— de lugares y personas de cada lugar.

El desarrollo de la aventura nos propone descubrir y explorar una serie de monumentos en cuyo interior se oculta cada mazmorra. Teniendo en cuenta su escasa extensión y el hecho de que podemos completarlas en apenas cinco minutos, sorprende lo bien planteados que están sus puzles, así como las secciones de plataformeo, que llegan a ser relativamente exigentes debido a la extraña posición de la cámara. Además, el hecho de haber localizado cada una de ellas no siempre hace que tengamos la oportunidad de acceder a las mismas; hay ocasiones en las que debemos anotar su ubicación y visitar otra isla distinta para atar algún que otro cabo pendiente o completar alguna misión secundaria asociada al progreso de la historia. En este sentido, el juego es muy equilibrado y el ritmo nos mantiene en vilo hasta el final.

The Touryst

El problema, como ya hemos señalado un par de veces, es que todo lo que vemos —y hacemos— sabe a poco. Ya hemos hablado de su duración, que no se extiende más allá de las cinco horas en total, y esto es algo que acaba salpicando a otras mecánicas muy interesantes: encontrar pergaminos ocultos en muros falsos, fotografiar el rostro de diferentes personajes siguiendo indicaciones a modo de pista, participar en competiciones de surf, ayudar a muchos personajes a través de minijuegos o hacer de minero en una oscura mina repleta de tesoros… The Touryst es muy variado y siempre se guarda un AS bajo la manga para sorprendernos, pero todo lo que ofrece dura un suspiro y nos deja con ganas de más.

Un potencial de futuro

Si hay algo negativo que podemos achacar a The Touryst no es otra cosa que su duración. Y eso habla muy bien del juego, ya que no todos pueden presumir de que su peor defecto sea el mero hecho de que en algún momento se tenga que acabar. El problema es que el título que tenemos entre manos se acaba demasiado pronto para dejarnos con ganas de más, mucho más. Completar la partida al 100% —algo que prácticamente resulta indispensable para acceder al final— puede llevarnos entre cuatro y seis horas. Una duración escasa y que nos deja cierto sabor amargo, porque la aventura es tan buena que es una auténtica pena que se acabe tan pronto.

The Touryst juega muy bien sus cartas: libertad de movimiento e inmediatez entre transiciones, puzles variados y una gratificante sensación de exploración. Un conjunto formado por mecánicas que destilan sabor añejo, pero que no termina de explotar en ninguna de ellas… Y cuando lo hace, se acaba. El potencial está ahí, es palpable y no sería de extrañar que en un futuro lleguemos a ver una secuela mucho más ambiciosa que, a poco que haga bien lo que sabe hacer, será un fantástico videojuego.

The Touryst

Una grata y refrescante sorpresa

The Touryst llega a Nintendo Switch sin hacer demasiado ruido, pero con argumentos más que suficientes para convertirse en una de esas sorpresas que se acogen al boca a boca de los jugadores para convertirse en una auténtica revelación. Aunque resulta innegable que hay grandes ideas que no han sido demasiado explotadas y la experiencia puede saber a poco debido a su corta duración —unas cinco horas— y a su escaso componente de rejugabilidad, Shin’en Multimedia sorprende con una aventura amena, fresca y con sabor añejo.

El acentuado componente de exploración, su sentido del humor, la variedad de sus mecánicas y la gratificante sensación de progreso se complementan perfectamente con una acertada dirección de arte y un gran equilibrio entre los elementos que conforman el conjunto. The Touryst es capaz de evocar los mejores recuerdos de tiempos pasados; es diferente a todo lo demás y eso le convierte en un título tan original como merecedor de una oportunidad.

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.

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