Análisis de Warriors Orochi 4 – Un titánico choque de universos

 

 

Omega Force y Koei Tecmo saben muy bien hacia dónde dirigirse cuando se trata de dar forma a un Musou. Ambas compañías llevan más de una década experimentando, poniendo y quitando elementos en una fórmula en la que han demostrado que saber perfectamente lo que hacen, aunque haya capítulos que no salgan tan bien como esperaban.

El legado de Warriors Orochi es largo, tanto como puede dejar una franquicia que lleva en activo desde un 2007 en el que a Koei Tecmo le sobraba el Tecmo y en el que PlayStation 2 tenía la corona de la generación mientras las herederas comenzaban a coger el trono. Era una época de transición en la que el hardware antiguo daba pie a uno nuevo y con más potencial para poner enormes hordas de enemigos por pantalla para machacarlos a botonazo limpio.

Ahora, y en pleno 2018, la franquicia vuelve con una cuarta entrega numerada que decide ser fiel a sus raíces. Warriors Orochi 4 se deja de experimentos de mundo abierto, como los que trajo Dinasty Warriors 9 con regular acierto, y se centra en lo que sabe hacer. Volvemos a enfrentarnos a un tropel de rivales que llenan la pantalla en cantidad, pero esta vez contamos con un reparto que no se queda corto. La mezcla de universos ha sido la excusa perfecta para traer a PlayStation 4, Xbox One, PC y Nintendo Switch una cuadrilla de luchadores como nunca antes había visto la saga, dispuesta a satisfacer a los que llevan años gastando sus mandos para arrollar a legiones enteras.

Warriors Orochi 4 es muy continuista, tanto que hasta comienza su argumento por donde lo dejó el anterior juego, Warriors Orochi 3: Ultimate. Justo cuando los guerreros de aquel se dividían para olvidar todo lo acontecido, un capricho procedente del Olimpo hace que los mundos vuelvan a cruzarse para traer las batallas de nuevo a nuestras consolas. Zeus tiene ganas de ver cómo las gastan estos luchadores procedentes de las sagas Samurai Warriors y Dinasty Warriors.

Unos brazaletes repartidos por ambos universos y un poder divino hacen que estos mundos colisionen y que sus personajes se entrecrucen, cooperen, choquen, conversen e incluso fragüen amistad. No necesitamos ahondar mucho en el argumento para señalar al gran jefe del Olimpo como principal villano, aunque detrás de él también hay otro nombre familiar para los que conocen bien ambas franquicias. No hay margen para sorpresas; pero sabemos que a un musou no se viene para disfrutar de su guion.

Por esa misma razón la historia dista de ser algo memorable. No necesitas perderte en líneas de diálogo para entender motivaciones, aunque sí para disfrutar un poco de las relaciones que se fraguan entre estos poderosos guerreros que se reúnen por circunstancias de la vida, o de dioses. Hay mucha tela que cortar aquí además, ya que esta vez la cantidad es tanta que abruma. No hablamos de veintenas, ni tan siquiera de cincuenta, hablamos de un total de 170 personajes disponibles para repartir leña en el campo de batalla.

Tener tantos disponibles puede resultar agobiante si pensamos en la variedad de combos que esto podría suponer; sin embargo, y como hemos dicho, Warriors Orochi 4 es continuista al extremo. Golpe fuerte, golpe flojo y golpe especial son las tres principales opciones disponibles para desenvolverse en el campo de batalla en primera instancia, con un esquema de combos que se preserva entre los diferentes luchadores.

Es una fórmula sencilla y sólida, la misma que ha definido a la franquicia durante tanto tiempo; pero pronto comienzan a sumarse más factores. Formas equipos de tres, con varios guerreros más de apoyo para potenciar determinadas características (la afinidad aporta aquí su granito de arena), aparecen las reliquias divinas como novedad para aportar la posibilidad de realizar magias combinando botones y, por supuesto, contamos con categorías que dividen a los luchadores en veloces, fuertes y técnicos.

Todo esto se suma a un saco de proporciones tan inmensas como el número de rivales que tenemos por pantalla y conforma las bases de las mecánicas de juego. El aliciente de las magias aporta un extra necesario para que el conjunto no se vuelva repetitivo tras los primeros compases de juego, y aporta una espectacularidad que puede resultar hasta exagerada para un juego ya exagerado de por sí. Pero qué más da; si estamos aquí es precisamente por el espectáculo y la sensación de grandeza que da poder machacar a miles de enemigos sin apenas despeinarte.

Pero tenemos que remarcar ese apenas, porque hay cierto toque de dificultad que se puede enquistar incluso en las primeras horas de juego. Las unidades especiales como comandantes o rivales importantes son más agresivas e inteligentes de lo normal y obligan a jugar con cabeza. El primer choque con ellos es realmente impactante, ya que logra pararte los pies cuando crees que eres un semidios por los destrozos que causas. Frena, esquiva, defiende y alterna entre personajes a golpe de botón. No es tan fácil como parecía al principio.

La aparición también de unidades conocidas como Chaos Origins es la responsable de hacer que la dificultad apriete un poco más todavía. Enemigos indestructibles salvo que utilices magia, que a su vez debe recargarse acabando con otros rivales, puestos con la intención de reforzar un poco más el factor estratégico. Son capaces de hacer que los demás enemigos sean también inmunes a ataques normales y, de hecho, son capaces de hacer que muerdas el polvo en más de una ocasión.

Con esto no queremos hacer más que señalar que este musou no es un paseo en el que acabar con enemigos masillas más tontos que una piedra. Hay rivales que sí están dispuestos a plantar cara seriamente, y aunque no es de forma desmedida, logran ser lo suficientemente duros como para apretar las cosas incluso en los primeros pasos de la partida.

Pero el toque conservador no se pierde y la fórmula sigue siendo la misma por mucho que haya una dificultad algo más elevada o que se introduzca una abrumadora cantidad de personajes. Es una buena decisión de cara a los fans del género, pero quizá no lo más atractivo para aquellos que no terminan de verle color a este tipo de propuestas. Warriors Orochi 4 tiene claro el público al que se dirige, y a ese le ofrece todo lo que quiere y más.

De ahí que en el apartado visual tampoco haya querido ir a por algo excesivamente ambicioso. La versión de PlayStation 4, que es la que hemos analizado, muestra una importante mejora visual frente a entregas anteriores, sin llegar al nivel de Dinasty Warriors 9 pero ganando por contrapartida un framerate mucho más constante. La media de 60 fotogramas por segundo se mantiene en la mayoría de ocasiones, salvo grandes explosiones o situaciones excesivamente recargadas.

Del mismo modo, el apartado sonoro tampoco se sale de las líneas que marcan la saga. Tonos electrónicos y con el frenesí por bandera suenan continuamente para que vayas a por la siguiente oleada con tantas o más ganas que con la anterior. Encajan perfectamente con la fórmula que ofrece el resto del conjunto, como también con ese doblaje nipón siempre presente con cada diálogo o frase que los personajes protagonizan en el fragor de la batalla.

Warriors Orochi 4 no traiciona sus raíces, al revés, recoge el testigo de las entregas más puristas para intentar catapultarlo lo más lejos posible a base de añadir contenidos. Hay misiones a rabiar, un modo multijugador 3 contra 3 bastante divertido y, por supuesto, un tropel de personajes con muchas de las caras más conocidas de los universos Samurai y Dinasty Warriors. Perfecto para fans, indigesto para no fans.

– Jugabilidad: totalmente fiel a la esencia del género musou y a la saga que le dio vida. Warriors Orochi 4 no se pierde en mecánicas complejas y no rompe moldes con sus nuevas propuestas. Si conoces la saga, sabes lo que te espera; si no, aquí tienes una ocasión perfecta para desquitarte con unos combos fáciles de ejecutar, un sistema de cambio de personajes fluido y una serie de mecánicas añadidas que le dan una gran espectacularidad a cada partida. Ah, y tienes tanto misiones como personajes para perderte contando. La cantidad es más que notable.

– Gráficos: a nivel visual, Warriors Orochi 4 tampoco quiere ser rompedor. No podemos encontrar aquí una muestra puntera de las capacidades del hardware actual, pero sí un conjunto que trae muchos más enemigos por pantalla y una tasa de fotogramas que se mantiene mucho más en esos perfectos 60.

– Sonido: la banda sonora es uno de los puntos más flojos de todo el conjunto. La música que acompaña a las partidas está pensada por y para alimentar las ganas de pelear, pero no tiene ninguna composición realmente puntera. El doblaje japonés, por su parte, sí cumple bastante bien.

– Duración: por la brutal cantidad de contenidos que posee, Warriors Orochi 4 puede llevarse un gran número de horas de tu vida. Sin embargo, aunque ofrece tantísimo en materia de misiones y retos más allá de la historia principal, y aunque el multijugador alargue considerablemente su vida útil, el riesgo al aburrimiento por repetitividad asoma más de lo que debería.

– Conclusión: si eres un fan al que le gusta la saga, puedes estar de enhorabuena, Warriors Orochi 4 te da lo que quieres y lo multiplica por cien tanto por personajes como por misiones. Se mueve en una zona segura con unas mecánicas que, aunque nuevas, no deconstruyen demasiado la jugabilidad de la franquicia, y también rescata un cooperativo local más que necesario. Sabe jugar bien sus cartas para atraer irresistiblemente al fan, pero no tiene el encanto para seducir al que no acostumbra a jugar al género.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

Publicaciones relacionadas

Cerrar