Análisis de Wulverblade en Switch – La sangrienta lucha por la libertad británica

 

 

Dueños de salones recreativos y culpables de algunos de los videojuegos de 16 bits más populares, el género Beat 'em Up tuvo un pasado bastante glorioso hace ya un par de décadas. Franquicias como Street of Rage o Final Fight encumbraron unas mecánicas y las pulieron, ambas a su manera, para atraer las miradas de los más jugones de la época y hacerlos repartir mamporros por calles, fábricas, barcos, vagones de metro y un largo etcétera que daría para varios párrafos más.

Desde entonces, el género ha quedado a un segundo plano del que no ha logrado salir por la total dominación de otras franquicias que llevaban acuñadas otras propuestas de juego muy diferentes. De hecho, podríamos contar con los dedos de una sola mano a aquellos títulos que han vuelto a abordar este concepto durante la última década, y tampoco con un resultado digno de mención.

En respuesta a este hueco tan evidente dentro de los catálogos actuales de videojuegos, Fully Illustrated ha llegado para ponerlo todo patas arriba llenando nuestras pantallas de acero, de sangre, desmembramientos y de pura rabia británica. Wulverblade, su brillante e impecable Beat 'em Up llegó a PlayStation 4, Xbox One, Steam y Nintendo Switch para que el mundo vuelve a saber cómo las gastaba este cuasi olvidado género en la época en la que brillaba con su mayor fulgor. El resultado es algo que nos ha tenido pegados a la híbrida de Nintendo durante horas, versión que hemos analizado, mezclando improperios y gozando como bárbaros con cada baja romana que sumábamos.

Vamos a empezar con positivismo. Con Wulverblade, Fully Illustrated no solo ha querido traernos una experiencia de juego divertida y a la antigua usanza, también ha querido ofrecernos algo con un claro contexto histórico, pensado para reflejar parte de la historia británica en un momento clave de la expansión del imperio romano. Como contaban las viñetas de Goscinny y Uderzo protagonizadas por el bonachón dúo formado por Astérix y Obélix, las tropas romanas no dejaban de extenderse por Europa y conquistar todo aquello que se encontraban a su paso; pero en el año 120 D.C. tocaron hueso.

En las antiguas tierras de Britania, el pueblo de Roma había tomado el control del sur de Britania y pretendía arrasar con el norte para imponerse por completo en la isla. La Novena Legión, compuesta por 5000 efectivos inmisericordes, avanzó hasta toparse con las tribus nativas norteñas y con Caradoc, alguien sin miedo a la muerte y capaz de declararle la guerra al por entonces imperio más grande del planeta.

Ahí comienza la historia y nuestro papel en ella. Podemos asumir el control de Caradoc, Brennus o Guinevere para abrirnos paso por los paisajes de la zona, ambientados y basados en localizaciones extraídas de los parajes reales del mismo lugar, bañando las estampas por completo con el rojo de la sangre de nuestros enemigos. Resulta curioso toparse con algo así en un Beat 'em Up y el trabajo de Fully Illustrated en este terreno merece ser resaltado. En un título de este género la historia suele ser lo de menos, pero aquí se desarrolla cierto interés a través de las pequeñas secuencias entre niveles y el genial contexto histórico que lo abriga todo. Puedes pasar de largo de ella (algo a lo que tristemente empuja al no estar traducido al castellano) y centrarte en avanzar y matar, pero si echas un poco el freno puedes aprender mucho de la cultura de la época y, por supuesto, del conflicto real que tuvo lugar por aquel entonces.

Pero no estamos aquí para hablar de grandes sucesos de la historia británica, estamos para centrarnos en este trío de luchadores y en la experiencia de juego que nos traen sus escaramuzas. Fiel al concepto de Beat 'Em Up en su más pura esencia, Wulverblade nos propone ante una experiencia calcada a las de la vieja escuela. Nuestros personajes se desplazan lateral y verticalmente en escenarios donde los enemigos se suceden para que acabemos con ellos uno tras otro,

Tanto se empeña el título en reflejar los componentes esenciales de este género, que tenemos la posibilidad de «invocar» aliados para que causen algunas bajas (en este caso, manadas de lobos), de coger armas que caen al suelo para usarlas en contra de nuestros rivales, activar un estado especial en el que somos mucho más letales e invencibles y, por supuesto, de enfrentarnos contra jefes finales. Este cóctel es indispensable, pero trae consigo un ingrediente más y también marca de este estilo de juego: una dificultad por las nubes.

A Wulverblade hay que tomárselo con mucha calma si no quieres acabar con el mismo nivel de rabia que sus protagonistas (cada uno, por cierto, con unas características distintas a la hora de luchar). Su dificultad puede llegar a ser realmente frustrante en ocasiones, por muchos juegos de corte similar a los que te hayas enfrentando antes. De hecho, donde más brilla es en los encuentros con jefes. Se agradece, y mucho, la opción de contar con otro amigo más para que se una a la partida en modo local y te ayude repartiendo sablazos y hachazos.

Hasta aquí todo suena a más de lo mismo, pero el factor «bestia» del juego es el que lo diferencia. Nos toparemos con hordas de enemigos muy parecidos entre ellos, con las típicas clases que determinan su patrón de comportamiento, podremos alternar ataques rápidos y fuertes con el armamento pesado que cojamos del suelo e incluso nos curaremos con objetos como manzanas o asados; pero lo que jamás dejará de sorprendernos es lo explícito y visceral que es todo.

Rematas a tus víctimas cuando estas están aturdidas, incluso rebanas brazos, manos o cabezas a tu total gusto mientras encadenas cadenas de golpes. ¿Para qué?, para cogerlas y arrojárselas a tus rivales. Aquí se aprovecha todo, y gracias a esto podemos coger los miembros amputados para usarlos también a nuestro favor. No, Wulverblade no es para los más pequeños de la casa por mucho que tenga esa apariencia de cómic o de juego flash. Hay mucha sangre y gritos por pantalla y no se corta un pelo en mostrarlos.

Ese sentimiento explícito le favorece y le da muchísimo más rigor (no podemos imaginar batallas como estas transcurriendo de una forma distinta); pero a sus mecánicas, a pesar de querer traernos ese sabor añejo de tiempos pasados, se les nota el paso de los años. Los personajes no tienen un sistema de evolución ni gozan de la posibilidad de realizar combinaciones. Puedes hacer esquivas, cubrirte con un escudo y atacar; pero poco más. Se nos antoja algo corto para todo lo que puedes encontrar en otros juegos que se lanzan de lleno a la acción y habría sido un giro de tuerca genial que aquí se permitiera al jugador algo de creatividad a la hora de enganchar golpes.

Las únicas quejas que podemos tener con Wulverblade se reúnen en el punto donde más debería brillar. Sigue siendo divertido, y su crueldad tiene un toque sádicamente atractivo, pero que se coarte y no se aventure a ir más allá de lo que ya hay escrito en un género tan trillado no le hace nada de bien. A veces hay que salirse de la zona de confort.

Por supuesto, sigue teniendo un gran compendio de bondades a su favor. Como decíamos antes y como se puede ver en las imágenes que acompañan al texto, su estética sigue un estilo cartoon sin tapujos. Con unos gráficos muy sencillos, pero bien definidos y expresivos (jugarlo en el modo portátil de Switch es una delicia), es la mejor forma de mostrar tanta violencia sin que resulte extremadamente grotesca. Puede que por sus animaciones y trazos recuerde al acabado de las animaciones Flash de calidad, pero en conjunto demuestra estar muy por encima, sobre todo viéndolo todo junto a la riqueza y detallismo de los paisajes y escenarios, basados en lugares reales.

Nos han llamado poderosamente la atención tanto la música como los efectos sonoros, y al explorar un poco hemos descubierto el motivo. El corte celta de la música le sienta fenómenal e incluso consigue algunos compases realmente magnéticos para el jugador, pero el realismo de sus efectos sonoros a veces resulta sorprendente, y tiene su explicación. El equipo de Fully Illustrated ha utilizado sonidos reales extraídos de viejas fortalezas romanas y de recreaciones históricas para despuntar en este aspecto, y lo consigue.

Jugabilidad: simple, pero robusta. Tres personajes con diferencias para distintos tipos de jugadores, transcurso de niveles al estilo de los viejos beat 'em up y una dificultad exigente hasta decir basta. Wulverblade divierte mucho y a la vez es capaz de sacar lo peor del jugador tanto con sus descuartizamientos como con sus complicados combates finales. El único problema que tiene es que no ha querido picar más alto. Un sistema de combos más amplio o una mayor riqueza de movimientos habrían sido el broche de oro.

Gráficos: que no os engañe ese estilo cartoon que posee, porque es crudo hasta la médula. Personajes que desfilan por la pantalla en un continuo fragor que no hace más que dejar muertos y miembros amputados en el suelo, breves secuencias que parecen extraídas de las viñetas de un cómic a todo color y paisajes que tratan de replicar la realidad. Un grandioso trabajo de recreación y un estilo que le queda como anillo al dedo, o como empuñadura a la mano.

Sonido: el estilo celta rige todas y cada una de las canciones de la banda sonora de Wulverblade. El doblaje puede flaquear un poco, pero los efectos sonoros cubren por completo esta pequeña pega con una fidelidad absoluta a la realidad. Hace que todo encaje bien para que, si cierras los ojos, te sientas dentro de un campo de batalla de la vieja Britania.

Duración: la historia principal puede llevar poco más de 5 horas si logras desenvolverte con soltura. Aunque no invita demasiado a la rejugabilidad, conseguir los fragmentos históricos repartidos por niveles, desbloquear todos los desafíos y jugar partidas con un segundo jugador le dan un aliciente extra para volver a visitarlo de vez en cuando.

Conclusión: Wulverblade se ha ido al pasado en todos y cada uno de sus sentidos, con lo bueno y lo malo que ello supone. Se le echa en falta algo más de riqueza a nivel jugable, el ofrecer un sistema más flexible para que la satisfacción por encadenar golpes sea mayor; pero por lo demás es un título digno de cualquier librería digital de Switch. Si queréis vivir la experiencia de un Beat 'Em Up de la vieja escuela mucho más rabioso, bruto y refinado estéticamente, aquí tenéis a alguien que os va a dar unas buenas horas de juego… y algún que otro enfado.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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