Análisis de Detroit: Become Human en PC – Robots contra humanos

El último juego de Quantic Dream ya está disponible en PC. Profundizamos en esta versión.

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El 2020 ya ha empezado, y nos ha permitido saborear con bastante tiempo la última obra de Quantic Dream en PC. El estudio capitaneado por David Cage ha abordado 2019 trayendo a los jugadores de teclado y ratón su más reciente triplete de juegos: Heavy Rain, Beyond: Dos Almas y Detroit: Become Human. Un movimiento que tenía mucho más de premonitorio de lo que imaginábamos, y que ha permitido a muchos disfrutar por primera vez de su última hornada de juegos.

El que aquí escribe ha podido sumergirse en la versión PC de Detroit: Become Human. El título de PlayStation 4 que llegó en 2018, y del que ya os contamos muchísimo con el análisis firmado por el compañero Juan Montes, tiene otra oportunidad en la Epic Games Store. Una adaptación que he podido desgranar por completo y superar varias veces para entender el viaje de Kara, de Markus y de Connor. Tres androides que viven, o sobreviven, en la Detroit de 2038.

Desafiando a las tres leyes de la robótica

Cuando Isaac Asimov se adentró en el delicado mundo de la robótica dentro de sus obras de ciencia ficción, estableció tres leyes que, prácticamente, se podrían definir como la santa Biblia para las inteligencias artificiales. El escritor elaboró estas líneas rojas para el comportamiento de los robots que aparecían en sus obras, señalando las siguientes tres normas:

  • Un robot no dañará a una persona o permitirá que este sufra daño por inacción.
  • Un robot debe cumplir las órdenes que los seres humanos le mandan, salvo aquellas que contradigan a la primera ley.
  • Un robot debe proteger su existencia, siempre y cuando esto no entre en conflicto con la primera y la segunda ley.

En los tiempos que corren, estas tres leyes se han tenido más en cuenta de lo que cabría pensar. De hecho, en plena época de desarrollo de las IA, la Unión Europea ha llegado a dictar hasta 6 leyes de la robótica para evitar posibles conflictos con el crecimiento de esta tecnología.

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La humanidad siempre ha querido dibujar unas fronteras ante cada cambio para evitar riesgos que la pongan en peligro, y ese es precisamente uno de los puntos centrales de Detroit: Become Human. Kara, un robot de asistencia doméstica; Connor, un robot dedicado a la investigación policial; y Markus, otro robot encargado de cuidar a un anciano, viven una serie de situaciones que les llevan a plantearse dónde se encuentra el límite entre lo bueno y lo malo, cuál es el camino correcto a seguir en una sociedad que los considera unos simples instrumentos a su servicio. Sí, comienzan a pensar y a sentir, a ir mucho más allá de un conjunto de chips, circuitos y algoritmos.

Caminos entrelazados

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Cada personaje sigue su propia línea argumental, pero todas están conectadas de una forma u otra. Sin entrar en spoilers para aquellos que todavía no hayan podido disfrutar de esta aventura, tenemos que decir que, en esta ocasión, esas miles de líneas de guión tienen un efecto real en toda la trama.

Las decisiones tomadas a lo largo de la partida con cada personaje pueden influenciar su línea y, a la larga, también la del resto. Todo pequeño gesto, rincón explorado o línea de diálogo escogida tiene sus repercusiones, hasta el punto de trazar cientos de posibles destinos para cada protagonista de este juego.

De hecho, hay que andarse con cuidado, porque es posible que alguno vea su final antes de lo que debería. O quizá no. La gracia de Detroit: Become Human es que se puede amoldar a cada jugador gracias a todo lo que ofrece en opciones, y eso permite a cada uno construir su propia historia en la piel, o en los circuitos, de estos 3 robots que están a punto de vivir un momento crítico para su “especie”.

Genial ambientación, pero falta de profundización

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Uno de los aspectos que más alabamos cuando jugamos al original era su capacidad para plasmar una Detroit futurista que se movía genial entre la línea que separa la realidad de la ficción. Aunque en un futuro “cercano”, la abundante presencia de estos androides, sus interacciones y el diseño de cada entorno dentro de esta urbe estadounidense dan una sensación de credibilidad total.

No obstante, supongo que con el fin de reforzar el auténtico grueso de este juego, que no es más que esa construcción de la trama en base al jugador, la realidad es que casi todo es un escaparate. No puedes profundizar a la hora de explorar entornos, lo que hace pensar que todo está construido para ser visto, pero no para interactuar. A veces puede llegar a sorprender con determinadas interacciones y, sobre todo, con las tomas de decisiones; pero al final, el sabor que deja es que es demasiado «pasillero”.

Tampoco es una queja, porque la obra de Quantic Dream, sin dejar de ser un videojuego, coquetea bastante con conceptos propios del cine, o incluso la literatura. Ya para empezar pone en tela de juicio esas leyes de la robótica que muchos han llegado a considerar reales, aunque eso es solo una pizca de todo lo que ofrece. Plasmar un escenario mucho más interactivo y abierto a la exploración podría romper el impacto del guión y el ritmo de la historia; pero también reforzaría la inmersión en su mundo. El equipo, por supuesto, ha optado por lo primero.

Conversación, observación y acción

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Hablar, mirar y actuar son los tres verbos que más se repiten en Detroit: Become Human, también en esta versión para PC. En realidad, todo el peso recae en las pistas y datos que se recopilan y su traslado a las conversaciones, algo que ya es casi una seña de identidad del estudio.

Como ejemplo podemos tomar el arranque del juego, con Connor intentando parar el asesinato de una pequeña por un robot que está “defectuoso”. Las pistas recabadas en ese piso antes de hablar con él marcarán por completo lo que suceda en el arranque y, al mismo tiempo, influenciarán en el resto de la historia, incluso en nuestro personaje, que casi parece permanecer impertérrito ante lo que sucede.

Pero, aparte de todo esto, en este título tampoco faltan esos QTE tan característicos de los juegos de Quantic Dream. En la versión de PS4 ya lo notábamos, y en PC se vuelve a sentir. La diferencia en la dificultad que se escoge al principio es muy palpable, hasta el punto de que la pensada para jugadores más expertos apenas da margen de reacción. Quien la escoja debe estar muy atento, porque en ocasiones el tiempo que se otorga es tan reducido que apenas es posible reaccionar. Y eso puede marcar a veces una diferencia brutal en la historia.

En PC, mejor que nunca

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Vaya por delante que Detroit: Become Human no es una bestia que requiera de unos recursos enormes en un ordenador. De hecho, podemos echar un vistazo a sus requisitos mínimos y recomendados en PC para comprobarlo. Es un juego que funciona muy bien en prácticamente cualquier PC actual y que, además, logra explotar bastante bien el hardware en el que se ejecuta.

Durante mis partidas no he tenido problema alguno en ejecutarlo con una configuración alta y a una tasa de 60 fotogramas por segundo, y eso con una dupla de CPU AMD FX 8350 y GPU NVIDIA GeForce GTX 1060. Con una configuración como esta se puede sacar todo el jugo al componente audiovisual de este título, que a veces puede llegar a sorprender por su grado de fotorrealismo; aunque otras llega a ese incómodo “valle inquietante” (ojo a los dientes, ¡los dientes!).

Con todo, el juego ofrece una buena cantidad de opciones de configuración gráfica, aunque establece sendos límites de fotogramas por segundo a 30 y a 60, lo que impide disfrutar de las mejoras en la tasa de refresco de los monitores más avanzados. Aun así, a veces incluso resulta extraño jugarlo a una tasa de 60 frames por segundo. ¿Será por el aire peliculero que destila?

Detroit: Become Human en PC – Una adaptación casi perfecta

Detroit Become Human

La adaptación de Detroit: Become Human para PC es muy sólida. Los controles se han adaptado bien al combo de teclado y ratón, aunque hay quienes puedan seguir prefiriendo el uso del pad; y las opciones de configuración permiten ajustar el apartado gráfico al gusto de cada uno.

Funciona muy bien incluso en equipos más modestos, aunque no termina de ofrecer las opciones suficientes para explotar todas sus posibilidades. Las dos opciones de la tasa de fotogramas se nos antojan escasas, sobre todo para los “sibaritas de los frames”; pero no nos engañemos, para un usuario cualquiera son más que suficientes.

Con todo, la obra de Quantic Dream sigue funcionando igual de bien que en su momento. Mantiene las luces y las sombras del original, como cierta linealidad en los entornos o un mensaje que a veces no logra el impacto que deseaba. Pero, aun así, es una experiencia más que recomendable para los amantes de los relatos de ciencia ficción, la investigación policial y el drama humano. Si reúnes cualquiera de esos tres ingredientes, o incluso los tres, es el momento de darle una oportunidad en tu ordenador.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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