Análisis de Dragon Quest XI S – Más Dragon Quest que nunca

Dragon Quest XI llega a Nintendo Switch con la mejor versión de este RPG atemporal.

Dragon Quest XI S Análisis 01

Mucho antes de que conociéramos el chasquido de dedos, de que incluso conociéramos el nombre de Nintendo Switch, Square Enix lanzó toda una bomba de relojería para los fans del RPG: Dragon Quest XI era uno de los primeros videojuegos confirmados para la entonces conocida como NX.

Eso fue en agosto de 2016 y, desde entonces, hemos visto cómo DQXI llegaba a PlayStation 4 y otras plataformas el pasado 2018. De hecho, en AlfaBetaJuega ya os contamos todas sus virtudes y defectos en nuestro análisis de Dragon Quest XI para PS4. Ahora, el 27 de septiembre está marcado en el calendario de aquellos que adoran aniquilar Limos con una de las fanfarrias más famosas de la industria de los videojuegos de fondo. Dragon Quest XI S: Ecos de un Pasado Perdido – Edición Definitiva está a punto de estrenarse y, tras recorrer de nuevo Erdrea de cabo a rabo Joy-Con en mano, podemos asegurar que sí, es la versión definitiva del título de rol.

Dragon Quest XI: una aventura como las de siempre

El juego del que parte esta edición definitiva aterrizaba en la fecha perfecta para celebrar el 30 aniversario de una de las sagas más prolíficas de los videojuegos. Dragon Quest XI no venía, ni viene, para reinventar un género. Es una fiesta en la que los gorritos de cartón y la tarta se reparten entre los veteranos, entre los que llevan más tiempo aporreando botones y zambulléndose en el imaginario de personajes diseñados por Akira Toriyama.

Altamente conservador como buen jRPG por turnos que es, pero con ligeros cambios que afectan en mayor o menor medida a sus mecánicas y, sobre todo a su aspecto. Eso es lo que definía al original y lo que define a esta versión que llega a Nintendo Switch. Pero hay una diferencia realmente importante, y es que DQXI S añade más en todo lo que puede.

Más historias para conocer mejor a los personajes, más posibilidades para que los fans más acérrimos disfruten como enanos con cada rincón de esta aventura y, sobre todo, una importante mejora en uno de los aspectos que más nos dolían del anterior: su música. Ahora la banda sonora cuenta con un gran número de melodías interpretadas por una sinfónica, no sintetizadas como en el juego original. Sí, suena a lo que es, a la mejor versión posible; pero vamos a frenar un poco para adentrarnos bien en lo que ofrece este juego.

De cero a héroe

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Quien no jugara a la versión original seguramente necesitara una pequeña puesta al día para saber de qué va Dragon Quest XI S, pero la propuesta resulta tan simple que casi no es necesario. Tu papel es el del Héroe (Irebun en la versión japonesa), un joven que, en el día de su dieciocho cumpleaños, descubre que es el Luminario, la reencarnación de una leyenda que vuelve para acabar con un mal latente.

La típica historia de joven que descubre su destino y que debe partir en un viaje con el que recorrerá infinidad de lugares, conocerá a una gran cantidad de personajes y, por supuesto, combatirá contra criaturas de toda clase. Es el cóctel perfecto de Dragon Quest, una fórmula casi inamovible que esta vez no ha querido salirse de los márgenes para seguir una ruta clara y dejarse llevar por los avances que permite el hardware moderno.

Costumbrista hasta la médula, pero con giros de guión que pueden hacerte soltar alguna que otra lágrima y un carisma que te envuelve el corazón con cada paso que das por Erdrea. Puede que estemos ante la enésima historia del bien contra el mal, pero también estamos ante una que se detiene mucho en los pequeños detalles para hacer de su mundo un lugar más creíble y de su reparto principal uno que puede desquiciarte o enamorarte. No hay punto intermedio con los personajes de este juego.

Un reparto que encaja mejor que nunca

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El peso de los personajes que componen el grupo principal era uno de los componentes que más nos gustó en el Dragon Quest XI original. Desde el pícaro ladrón Erik hasta la encantadora Serena o la peleona Verónica, incluso el arrebatador Servando, todos y cada uno de ellos están construidos con unas personalidades tan carismáticas como atractivas.

Puede que sus carácteres estén marcadísimos y que, en ocasiones, respondan a algunos de los clichés más manidos del RPG; pero, qué diantres, cuando están juntos funcionan la mar de bien y dan pie a algunas conversaciones que quedan para el recuerdo. La sensación de grupo es fortísima en este Dragon Quest, de hecho no se corta en permitirte conversar con tus compañeros cuando deseas.

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Tener un grupo principal que encaja tan bien es necesario para construir una aventura que realmente te marque como jugador, pero, sobre todo, conseguir que sus historias se hilen bien y nos permitan conocer mejor la evolución de cada uno. Por eso, algo que notarán los que jugaran al original de PS4 es el añadido de nuevos capítulos protagonizados por cada uno de ellos.

Algunos es posible que no funcionen tan bien como deberían, pero todos son esenciales para entender mejor el desarrollo de cada uno de los integrantes del grupo y evitan ciertos agujeros en la trama que sí podían darse en el original. Es cierto que no llegaba al mismo nivel de gravedad que Final Fantasy XV; pero añadir este extra a la historia en Switch es una muy buena forma de enriquecer el argumento.

Sobredosis de nostalgia

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Todo en este Dragon Quest XI S mantiene los esquemas del juego original, y eso hace que nos topemos ante un RPG turnos con toda la parafernalia típica del género. Desde los combates por turnos hasta el “grindeo” sin piedad (algo necesario en la recta final del juego) o las secundarias basadas en hacer de recadero.

DQXI S es consciente del legado de su saga y de lo que buscan aquellos que vuelven a ella con una nueva entrega. Por eso, no se corta en absoluto a la hora de presumir de sus viejas costuras y de mantenerse fiel a sus bases. Sigue siendo el de siempre, y el movimiento en los combates sigue sin tener sentido alguno más allá de lo estético, pero las mecánicas eran y siguen siendo igual de buenas.

Se sigue echando en falta una pizca más de profundidad en los combates, haber aprovechado la posibilidad de moverse al pelear en esta edición definitiva habría sido genial, pero el resto funciona la mar de bien. El sistema de crecimiento por niveles, con los puntos de Destreza a distribuir en un panel con casillas desbloqueables, funcionaba bien hace un año y lo sigue haciendo ahora. Asimismo, la Inspiración, aunque siga cierta aleatoriedad difícil de controlar al comienzo del juego, también da un toque extra perfecto para facilitar algunos combates, sobre todo para ejecutar los ataques combinados.

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No estamos contando mucho nuevo con respecto al Dragon Quest XI visto en 2018, y es totalmente lógico. La versión de Switch se mantiene fiel a la estructura original y sus mecánicas tanto para lo bueno como para lo malo, y eso implica que se siga desaprovechando la recién adquirida capacidad de saltar de nuestro héroe, o que la exploración a veces se vea limitada por no aprovechar más mecánicas. Pero, por otra parte, también se ha preocupado por añadir más elementos para que el sistema de Monturas se potencie con más monstruos sobre los que montarnos para explorar el mundo o resolver mazmorras, o incluso para que esta vez sí que muramos de pura nostalgia.

¿Por qué? Porque nos encontramos con la posibilidad de disfrutar del juego como si fuera una aventura de 16 bits en 2D. En efecto, es posible comenzar la aventura así o alternar entre un modo u otro en cualquier iglesia. Para quienes quieran viajar 20 años atrás en el tiempo es sensacional por cómo recrea sprites e incluso música y animaciones de combate (en primera persona si se juega en 2 dimensiones); pero lo es aún más para los seguidores de la IP por la posibilidad de revisitar mundos de otras entregas. ¿Un paseíto por el castillo de Trodain?, ¿un poco de Dragon Quest X? Sí, podéis hacerlo.

Melodías a las que ahora sí se hace justicia

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Uno de los mayores problemas que tenía el Dragon Quest XI original era que su banda sonora se hacía notar demasiado. Es posible que muchos consideren esto como la clara muestra de que Koichi Sugiyama no pierde el toque, y lo cierto es que no lo pierde, pero recurrir a la sintetización de la música hacía que sufriera una brutal pérdida de calidad.

En Dragon Quest XI S eso se ha cambiado casi por completo. Aunque la opción de disfrutar de la BSO de las otras versiones está disponible, ahora puedes escoger una versión orquestada o incluso cambiar la música por la de Dragon Quest VIII para rememorar aquella entrega que catapultó a la saga hacia la fama en Occidente.

El acabado es mucho mejor, y eso hace que esta vez sí resulte agradable escuchar muchas de las melodías del juego. Es cierto que todavía hay situaciones en las que, quizá, la música no acompañe tan bien como debiera a lo que sucede, más aún cuando este es el Dragon Quest más cinematográfico que hay (no exageramos, las escenas están mucho mejor dirigidas y construidas que cualquier otro de la saga). El equilibrio se sigue rompiendo un poco en lo musical, y nos sigue pareciendo algo incomprensible cuando detrás de este apartado talentos que han marcado la industria.

El tamaño importa

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La belleza del mundo, de las ciudades y de las criaturas de Dragon Quest XI sigue estando muy patente en la versión S. Erdrea es un mundo repleto de estampas que se pueden enmarcar y protagonizar alguna que otra postal, aunque sí es cierto que en el apartado técnico es en el que más se nota el límite del hardware de Nintendo Switch.

El popping, una distancia de dibujo más reducida y una resolución y grado de detalle algo más bajos marcan las distancias entre DQXI S y las otras versiones, pero tampoco es algo que nos sorprenda, sobre todo viendo cómo Switch es menos de una cuarta parte de PS4, por ejemplo. De hecho, el tamaño importa más que nunca aquí, y es que disfrutar de este juego con el Modo Portátil de la híbrida es una auténtica gozada.

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Personalmente, no suelo resaltar la portabilidad, pero en este caso merece mención porque le da una versatilidad brutal a esta aventura. Hay algunos sacrificios en cuanto a calidad de imagen, pero el movimiento se sigue manteniendo con una buena fluidez y la pantalla capea la bajada de resolución bastante bien. Sin duda, se puede disfrutar perfectamente si eres de los que prefiere jugar fuera de la TV, o incluso has apostado por el modelo portátil Switch Lite.

Puede que no brille con tanta fuerza como en PC o en otras consolas, pero Dragon Quest XI S puede sorprender bastante por su calidad visual, los efectos de luz y las geniales animaciones de las criaturas que pueblan Erdrea. Estas son las que dotan de encanto al mundo, y verlas tanto combatir como moverse por él puede llegar a ser, en ocasiones, hasta hilarante.

Una razón de peso para volver a Erdrea

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Dragon Quest XI S puede afrontarse desde dos perspectivas diferentes. Por una parte, puede que no te acercaras al original y ahora te estés planteando si comprobar de primera mano qué tal es la aventura del Luminario. Por otra, es posible que disfrutaras del original en 2018 o este mismo año y te estés planteando si hacerte con esta versión para Switch.

Pocas veces las cosas se alinean de esta forma, pero, a ambos casos hemos de decir que sí, vale la pena visitar esta versión híbrida de Erdrea. No importa que haya ciertos recortes gráficos necesarios, sigue siendo el mismo Dragon Quest, pero mucho más completo y nostálgico. Todo el contenido adicional le da muchísimo más empaque y la portabilidad le da un punto extra imposible de pasar por alto.

Nosotros ya visitamos Erdrea una vez, pero DQXI S es la excusa perfecta para saber por qué Dragon Quest es una saga eterna. Luce lo mejor de toda la franquicia, heredando también algunos aspectos que necesitan evolucionar para adaptarse mejor a los tiempos que corren; pero, al mismo tiempo, crece en contenidos y posibilidades para hacer las delicias de propios y extraños.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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