Análisis de GreedFall – El remedio para la enfermedad

Teer Fradee también escondía la cura para los males de Spiders

GreedFall

Es curioso que la premisa argumental de una historia sea perfectamente extrapolable a la situación de sus propios creadores. Y es que, si bien es cierto que en GreedFall buscamos la cura para una extraña enfermedad, la llegada del título también es el remedio para los males de Spiders, un estudio cuyos trabajos más recientes no cosecharon buenas críticas. Mars: War Logs, Bound by Flame y The Technomancer, tres RPG que prometieron más de lo que finalmente eran capaces de ofrecer.

Con un historial así, asumir el riesgo de volver a la carga con otro proyecto de similares características se antojaba prácticamente temerario. Es por eso que, aunque esto es algo más propio de las conclusiones que de la introducción, os adelantamos que los parisinos han conseguido cambiar el peligroso destino al que se acercaban: esta vez es diferente. Esta vez han hecho un buen trabajo.

GreedFall

Un salvador atípico

El Siglo XVII no es precisamente uno de los marcos temporales más explorados en los videojuegos. Tampoco creemos que estemos ante el caso más representativo de la época, pero, asimismo, GreedFall nos ha convencido gracias al perfecto equilibrio entre realidad y ficción. En mitad de una ciudad en la que los escalones sociales se diferencian fácilmente, nosotros no encarnamos al clásico héroe anónimo, sino a un joven de familia noble y famoso por sus dotes de diplomacia. Un joven cuya única intención es encontrar el remedio para una enfermedad que se extiende y que, entre sus múltiples —cada día más— víctimas, tiene cautiva a su propia madre.

La única pista que tenemos es una leyenda que apunta a la existencia de una cura en algún lugar de Teer Fradee, la isla en la que se ambienta el juego. Ni siquiera sabemos si existe, pero merece la pena intentarlo, ¿no? En cualquier caso, antes de partir hacia tierra desconocida hay trámites que debemos completar. Concretamente, lo que vendría a ser el prólogo de un RPG que llega sin hacer demasiado ruido, pero que cuenta con argumentos más que suficientes para hacerse un hueco entre los aficionados al género.

GreedFall

Como buen RPG occidental, no podía faltar la dosis de acción. Y no es pequeña precisamente; hay muchos combates por librar en Teer Fradee, a pesar de que el juego nos hace protagonistas de un sinfín de diálogos. En este sentido, mención especial merece el efectivo sistema de combate que Spiders ha concebido, aunque no es oro todo lo que reluce. Para empezar, hay que destacar la pausa táctica, que nos permite detener la acción para realizar algunas acciones. La idea es interesante, pero nos deja la sensación de que se podría haber explotado mucho más.

Y es que, a pesar de las múltiples variantes que pueden surgir en cada batalla, la realidad es que el sistema de combate no es tan profundo como puede parecer al inicio, salvo que apostemos por un nivel de dificultad que roza prácticamente el extremo. No obstante, luchar en GreedFall no deja de ser divertido, especialmente cuando nos toca hacer frente a un temible jefe final. Armas cuerpo a cuerpo, rifles, hechizos… las posibilidades son prácticamente ilimitadas y siempre debemos atender al nivel de armadura del adversario, ya que romper sus protecciones es el único modo de comenzar a infligirles daño de verdad.

En líneas generales, los combates son divertidos, pero la cámara se vuelve un tanto problemática cuando luchamos contra grupos de varios enemigos. Al igual que sucede con otros aspectos del título, estamos ante las peleas más divertidas que hemos visto en todos los trabajos de Spiders, pero, asimismo, también tenemos la sensación de que se podría haber hecho algo más. En definitiva, tenemos un sistema de combate perfectamente funcional, pero incapaz de erigirse como uno de los grandes alicientes del juego.

GreedFall

Rol sin edulcorar

Aunque es cierto que los títulos de Spiders siempre han tendido a dejar que varias sombras tapen cada una de sus luces, si algo hay que decir en su defensa es que nunca han renunciado a ofrecer rol del de verdad, no de ese que muchos venden en su etiqueta y que luego hace aguas en favor de un desarrollo lineal y prefijado hasta el último detalle. En esta ocasión no iba a ser menos: GreedFall nos permite abordar cada situación de muchas maneras diferentes: desde usar la violencia hasta valernos del sigilo o aprovechar nuestro carisma. Además, el hecho de protagonizar una historia que va cambiando en función de nuestros actos nos obliga a tomar decisiones constantemente. Y todas y cada una de ellas puede acarrear consecuencias irreversibles…

Los primeros compases del juego nos plantean una serie de misiones que sirven de muestra para que comprobemos cómo podemos completar cada una de ellas. El desarrollo de nuestro personaje nos permite profundizar en diferentes aspectos y capacidades y solo algunos de ellos nos abren la puerta a superar un objetivo de una manera u otra. Por ejemplo, en uno de los primeros encargos secundarios, lo tendremos muy difícil si no optamos por invertir los primeros puntos de habilidad en nuestros conocimientos científicos. Eso no quiere decir que nos quedemos atascados; siempre hay una segunda opción, aunque encontrarla requiere permanecer atentos a todos los detalles que nos rodean.

GreedFall

Una sorpresa inesperada

GreedFall es el mejor trabajo que Spiders ha realizado hasta la fecha. Con sus defectos y con sus virtudes, el título que tenemos entre manos ofrece rol de calidad, libertad de acción y una historia que, a pesar de no sorprender, nos permite disfrutarla a nuestro ritmo, con nuestros actos y sus consecuencias. La ambientación recreada es fantástica y Teer Fradee es uno de esos mundos que uno no olvida fácilmente. Después de varias manchas en su historial, el estudio parisino parece haber encontrado su camino, y lo ha logrado confiando una vez más en su idea. Una apuesta segura para los amantes del RPG occidental, y toda una sorpresa en mitad de un año cargado de grandes lanzamientos.

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.
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