Análisis Inglorious – Una ambición pequeña y limitada

Empezar de cero es muy difícil. Lo sé por propia experiencia. Que tu proyecto, de recursos limitados, sea comparado con otros de mayor calibre y trayectoria tiene cero sentido y, además, te hace sentir peor que mal, ya que la respuesta del público no parece ser la adecuada. A pesar de ello, hay que saber ser crítico sin tumbar por completo el trabajo de gente que se ha esforzado mucho en sacar adelante un producto humilde. Eso me toca hacer a mí en este texto, el cual está protagonizado por un título patrio que, a pesar de tener un planteamiento muy interesante, parece que no ambiciona a nada más que a llegar a la consola para la que ha sido desarrollado.

Análisis

Inglorious forma parte del programa PlayStation Talents, la división de desarrollo independiente que tiene Sony para apoyar a los nuevos talentos y que puedan sacar adelante sus ideas y materializarlas. Por suerte, la industria española está dando grandes pasos adelante en este ámbito, de hecho, y si no estoy equivocado, este programa solo funciona en España, Coven Arts es el estudio tras este título que busca unir características de juegos tan diferentes como League of Legends, Gauntlet o Diablo, pero de una forma poco ambiciosa y poco realista, aunque valiente.

En este título, definido como dungeon crawler, los jugadores se meten de lleno en una especie de mazmorra en la que, simplemente, tienen que conquistar torres. Para ganar, basta con tener un buen puñado de torres cuando el reloj llegue a cero. Su vista isométrica, la progresión del personaje, los árboles de talentos y la acción contra enemigos recuerdan perfectamente a algunos de los títulos que he mencionado anteriormente, pero emana de este título una dejadez importante a la hora de ejecutar mecánicas bastante básicas que a día de hoy incluye casi cualquier título, independientemente del presupuesto del que disponga.

El jugador solo tendrá disponible cuatro personajes, cada uno con sus habilidades, para entrar en partida y las mismas son exactamente iguales una y otra vez. Una y otra vez. Cuando quieres probar todos los héroes está bien jugar varias veces, pero ni si quiera hay varios mapas para que el jugador sienta que está ante algo diferente. En una entrevista a Hobby Consolas, los responsables de Inglorious decían que lo importante no está en el mapa, pero yo diría que es una parte bastante importante de un título que basa parte de su jugabilidad en la conquista de zonas. Esto, más que una falta de presupuesto, parece pereza o falta de ambición por darle al jugador algo más.

Al igual que ocurre con los (el) mapas (mapa), también pasa con los héroes. No hay un trasfondo que nos ayude a empatizar con los cuatro personajes disponibles, aunque, por suerte, sí que existe un perfil con una descripción detalla de quiénes son. Conectar con el personaje que se controla es importante en cualquier título que incluya personajes con nombres propios. Esto ayuda al jugador a adoptar un rol y, en ocasiones, hasta un alter ego que le ayuda a jugar mucho mejor. Sería el “método stanislavski” de los videojuegos, por decirlo de alguna forma: si te crees que eres el personaje, podrás actuar como el personaje.

Una vez hecha la selección básica, nos sueltan en el reino de Nihil, el cual está abarrotado de bestias que solo quieren conquistar el territorio. Coven Arts hablaba en la citada entrevista sobre el balanceo de héroes (motivo por el cual no han añadido más), pero mientras que esto les ha quedado redondo, la dificultad del juego se dispara y se hace bastante complicado afrontar la aventura en solitario. La cantidad de enemigos que aparecen mientras se intentan conquistar las diferentes zonas se hace demasiado cuesta arriba. El título incluye, como es lógico, medidas para frenar las hordas de enemigos, pero muy insuficientes para la cantidad de bestias que te asaltan si no eres muy rápido en actuar.

El caso es que este título está enfocado completamente al multijugador cooperativo, modo que no he podido probar debido a que durante mi análisis no he tenido un compañero de juegos. Realmente no pasa nada, sé en qué consiste y, aun así, no es de los puntos fuertes del juego, aunque sí de los más valientes. Lo decía al principio de este análisis, Inglorious tiene un punto de rebeldía que se materializa en su modo multijugador, para el cual han optado por un multijugador solo local a pantalla partida. Es decir, para poder sacarle el máximo provecho a este título, necesitas a un amigo o amigos que estén contigo para que interprete el rol del jugador dos. Aunque esté utilizando la palabra “cooperativo”, lo cierto es que es un competitivo en el que lo que hay que haces es entorpecer a tu oponente para hacer que pierda sus territorios, pero en ningún momento se comparte escenario.

Apostar por esta forma de juego cuando lo que recibe mayor número de jugadores son títulos como Fortnite, Overwatch o World of Warcraft es de ser hasta arriesgado, ya que la forma fácil de, por lo menos, llevar más jugadores a tu juego es abrirlo a cuantos más mejor. Bravo por los chicos de Coven Arts. Es un movimiento que no les beneficia demasiado, pero para los que crecimos jugando con nuestros amigos y familiares en pantalla partida, es todo un acierto.

 

Conclusiones

Jugabilidad: Inglorious coge lo mejor de muchas sagas de renombre, pero no le saca todo el provecho que puede. Como ya digo, no parece una falta de recursos, sino de ambición, de querer mejorar y presentar algo mucho más amplio.

Gráficos: Para proceder de un proyecto universitario, Inglorious puede presumir de un músculo gráfico bastante potente. No es algo de un nivel avanzado, pero es digno merecedor de aparecer entre el catálogo de PlayStation 4.

Conclusiones: La proliferación de títulos patrios es siempre algo bueno, ya que les sirve como plataforma de lanzamiento, pero no por ello hay que ser menos críticos con ellos. Inglorious podría haber sido más de lo que es.

Juan Pedro Prat

Periodista. Siempre llevo a mano un Poké Ball por lo que pueda pasar. Combino mi pasión por escribir con la de diseñar, aunque no se me da muy bien. Intento siempre aprender de todos los que me rodean.

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