Análisis de Journey to the Savage Planet – El aroma de los grandes clásicos

Typhoon Studios sorprende con un metroidvania de lo más original.

Journey To The Savage Planet

Mañana mismo llega a las tiendas Journey to the Savage Planet, la nueva apuesta del equipo canadiense Typhoon Studios, fundado hace apenas tres años por varios exmiembros de Warner Bros Monetral, Ubisoft y Electronic Arts. Una aventura de ciencia ficción que nos lleva a explorar el planeta AR-Y 26 con la intención de cumplir los objetivos impuestos por Kindred Aerospace, la empresa nos paga a fin de mes. No es fácil ser autónomo en un lugar inhóspito, pero al menos es muy —muy— divertido. Os contamos cómo ha sido nuestra jornada laboral rodeado de fluidos de colores y criaturas que no están dispuestas a dejar que un desconocido altere su hábitat natural.

Jornada de colonización

Todo da comienzo con la misión de inspeccionar el lugar de aterrizaje con la intención de comprobar si AR-Y 26 es un planeta propicio para asentar la vida humana. No tenemos demasiada prisa por completar nuestras tareas, ya que la nave, que atiende al nombre de Javelin, no se encuentra en las mejores condiciones y requiere de alguna que otra reparación. Decir que esta nave hace las veces de campamento base y en su interior podemos usar la impresora 3D para crear mejoras, así como acceder a un ordenador personal en el que recibimos correos de nuestros superiores y almacenamos toda la información acerca de las especies que habitan el planeta.

El escáner, que funciona de una manera idéntica a la de Metroid Prime, nos permite obtener detalles de diferentes elementos como criaturas, plantas y estructuras. Es muy importante analizar todo lo que encontramos durante la expedición, ya que a menudo desvelamos pistas o aprendemos a tratar con determinadas especies, además de hallar la solución a los diferentes rompecabezas a los que nos toca hacer frente. Eso sí, no esperéis puzles demasiado elaborados, ya que superarlos depende más de encontrar objetos repartidos por el escenario que de sacar a relucir nuestro ingenio. A pesar de todo, su presencia aporta variedad a un desarrollo que brilla por la cantidad de mecánicas —y su ejecución— que nos propone.

Como no podía ser de otra forma, la acción es un componente fundamental para un título en el que prácticamente todo lo que se mueve se comporta de manera hostil. Desde pequeños depredadores hasta temibles amenazas en forma de jefe final. Para lidiar con ellos solo contamos con la ayda de un revólver de plasma que podemos mejorar conforma avanzamos en la historia y cumplimos ciertos requisitos. A los mandos, hay que decir que los tiroteos son funcionales, pero no destacan por nada en especial. De hecho, lo más interesante suele ser descubrir cómo tratar con cada especie, ya que los disparos sin tos ni son no siempre son la solución más rápida a las situaciones de riesgo.

Journey to the Savage Planet

Durante los primeros compases del juego nos acompaña una sensación de que nos movemos demasiado despacio, así como que los enemigos aguantan un gran número de golpes o que nuestros ataques no tienen potencia alguna. Nada de lo que preocuparos, ya que todo está diseñado para que cada habilidad desbloqueada y cada punto de salud extra cambien por completo la experiencia. Pocas veces hemos sentido una sensación de progreso tan gratificante en un título de semejantes características y eso es lo que convierte este viaje en algo terriblemente adictivo. Porque siempre va de menos a más y compararlo con Metroid Prime —salvando las distancias— no es ninguna locura; hay momentos en los que recuerda bastante a la aventura de Samus Aran.

Por último, os recordamos que es posible disfrutar del juego al completo en compañía de un amigo gracias al modo cooperativo. Aunque se trata de una opción interesante, tenemos que avisaros de que no está tan bien ejecutada como el resto del título. Y es que la decisión de separar el progreso de cada jugador no es la más inteligente, ya que obliga al invitado a volver a su mundo y continuar su historia de manera individual. ¿Recordáis las funciones cooperativas de Dark Souls? Pues aquí funciona prácticamente igual: si ambos usuarios unen sus fuerzas para derrotar a un jefe final o descubrir un puñado de secretos, dicho avance solo beneficia a la persona que hace las veces de host. Un añadido que no está de más, pero que podría haber sido mucho más atractivo.

Journey to the Savage Planet

Un diseño muy inteligente

No resulta fácil concebir un buen metroidvania en tres dimensiones, ya que siempre hay un desafío muy exigente al que sus responsables deben enfrentarse: lograr dar sentido a todos los contenidos que se ocultan en su mundo. Los problemas a la hora de medir espacio y cantidad tienden a convertirse en el Talón de Aquiles de todos aquellos que se inspiran en obras del calado de Metroid Prime, los plataformas de Rare o Dark Souls, entre otras. Por suerte, en Typhoon Studios han sabido dar con la tecla y llevado a cabo un fantástico trabajo en lo que al diseño de niveles respecta.

El mundo de Journey to the Savage Planet cuenta con más de un centenar de objetos coleccionables, divididos en diferentes categorías como los citados mocos (el único elemento que aumenta nuestros atributos físicos), aleaciones alienígenas y tanques de combustible, entre otros. Todos ellos resultan útiles para progresar en el juego y llegar cada vez más lejos. Por si fuera poco, el universo se expande mediante ciertos artefactos y entradas de la enciclopedia que debemos ir recolectando a base de peinar cada rincón del entorno, ya que la gran mayoría de estos elementos resultan útiles y la sensación de progreso es muy pero que muy gratificante.

¿Cómo hacer un collectathon sin poner en riesgo el interés del jugador una vez superada la historia principal? El secreto reside en supeditar las posibilidades que brindan las mecánicas de exploración a la búsqueda de objetos. Más allá de los créditos esperan mejoras que no podíamos imaginar. No os vamos a desvelar cómo son, pero os aseguramos que cambian por completo la experiencia y nos incitan constantemente a llegar cada vez más lejos desafiando al propio diseño de niveles. Por ejemplo, para plantar cara al jefe final no es necesario haber logrado ni un 25% del progreso global, pero para aumentar nuestro rango de explorador a base de superar pequeños retos resulta indispensable haber desbloqueado muchas habilidades. Y es que es el propio juego el que se toma con humor eso de «volver a casa». Ya entenderéis por qué.

Journey to the Savage Planet

La primera gran sorpresa de 2020

«Sorpresa», «tapado», «revelación» … Todos los años vemos cómo algunos títulos logran darse a conocer rápidamente a pesar de no haber causado demasiado ruido durante los meses previos a su llegada. Journey to the Savage Planet es uno de ellos. Y es que sus responsables han sido muy inteligentes a la hora de inspirarse en grandes clásicos y extraer lo mejor de cada uno de ellos, pero sin renunciar a presumir de personalidad propia. La aventura que tenemos entre manos ofrece una experiencia de lo más amena, adictiva y gratificante, sumamente recomendable para aquellos que gusten de ese componente de recolección que caracterizaba a los plataformas de la antigua Rare.

Un conjunto equilibrado, que mide los tiempos con brillantez a la hora de implementar todas y cada una de sus mecánicas. Porque más no siempre es mejor y en Journey to the Savage Planet no encontramos ni contenidos de relleno, ni con la extensión innecesaria que habitualmente vemos en no pocas producciones de gran calado. Completar el 100% de la aventura puede llevar entre quince y veinte horas de juego, un desafío que os recomendamos encarecidamente si queréis descubrir los motivos por los que creer que Typhoon Studios tiene un ilusionante camino por recorrer en la industria.

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.
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