Análisis de Nioh 2 – Liberado de esta espiral mortal

El Team Ninja vuelve con más sangre, más desafío y... sí, más accesibilidad.

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William Adams, el hombre que se convirtió en toda una leyenda para todos los que jugaron al primer Nioh y que ahora desaparece en su precuela. Team Ninja quiere volver a mostrar su enfoque del género Souls con Nioh 2, una segunda entrega que se emplaza cronológicamente antes que el primer juego y que llega este 13 de marzo a PlayStation 4.

Entrega que huele a sangre, sudor y lágrimas de jugador. Hemos perdido la cuenta de las horas que hemos invertido en ella, y también hemos querido evitar anotar la vergonzosa cifra de muertes que hemos sufrido en esta nueva propuesta que llega bajo el sello de Koei Tecmo y Sony Interactive Entertainment. Porque Nioh 2 es un juego difícil, y también accesible. Un título pensado para poner a prueba paciencia, reflejos y habilidad por partes iguales.

No vamos a adelantarnos a nada, porque queremos detenernos a hablar punto por punto de todo lo bueno y lo malo en este análisis de Nioh 2, pero sí que vamos a adelantar algo: si disfrutaste con el primero, este te va a enamorar. Aunque es muy probable que descubras tu peor lado cuando lo juegues.

El sufrimiento es el camino del samurái

Es el año 1555 en Japón y la guerra impera en el País del Sol Naciente. Estamos en la recta final del periodo Sengoku, y los continuos conflictos bélicos en la nación han hecho que todo esté infestado de demonios Yokai y toda clase de espíritus con muy malas intenciones.

En este contexto tan peligroso, un recurso, las piedras espirituales, ha comenzado a adquirir un valor incalculable. Y su relevancia, como las oscuras intenciones de un señor que quiere hacerse con ellas, y tu papel como mitad humano mitad Yokai, se entrelazan en una historia que guarda más de una sorpresa por el camino, aunque con un protagonista que pierde mucha fuerza como figura principal.

William no es el protagonista de Nioh 2. Esta vez, quien lleva el peso del juego es un avatar personalizable que nos hacemos a medida al comienzo de la partida, pudiendo escoger entre un o una samurái y modificarlo al gusto con un editor bastante completo. Hasta el punto de poder cambiar hasta su apariencia demoníaca. Y es que, sí, esta vez nuestro personaje tiene por sus venas sangre de demonio, algo que tendrá mucho que decir en la historia que se nos muestra por pantalla, y que también se traslada a las mecánicas de juego.

Accesibilidad y dificultad, ¿es posible?

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Puede parecer imposible, pero con sus mecánicas y su diseño, Nioh 2 plantea un desafío que puede hacerte sufrir a los mandos, pero también pone sobre la mesa ciertos elementos que lo hacen más accesible que otros que se mueven en su terreno. Esta secuela viene con la firme intención de exigir al jugador que saque a relucir sus mejores dotes y, sobre todo, que sepa adaptarse a sus retos.

Pero también lanza pequeños botes salvavidas con sus nuevas mecánicas y conceptos. No, no por ello es más fácil, pero sí que es más llevadero.

El papel de los Yokai

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Todo juego que se pueda tildar como parte del género “Souls” basa su mecánica principal en el uso de los medidores. El que más y el que menos sabe que el medidor de vida es algo casi tan antiguo como el propio videojuego, pero parte de lo que hace especial a esta fórmula tan desafiante es la gestión de la stamina o resistencia del personaje, esa segunda barra que aquí se llama Ki.

Nioh 2 hace sus deberes introduciendo ambas barras, pero añade una tercera que le da ese giro de tuerca tan refrescante con respecto al anterior juego: la barra de poder Yokai. Esta, de color púrpura, se utiliza para realizar ataques con posesiones demoníacas que pueden salvar de más de un aprieto. De hecho, su inclusión es lo que le da un ligero toque más accesible a esta entrega.

Al más puro estilo Mega Man, cuando vences a los Yokai puede conseguir sus núcleos y equiparlos para tener dos ataques diferentes y adicionales. Gestionarlos e incluso fusionarlos se suma a una trama de mecánicas que ya era amplia y variada de por sí, añadiendo otra capa extra de profundidad al juego y, sí, abrumando un poco cuando empiezas a jugar.

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Pero es muy de agradecer que el Team Ninja haya apostado por este concepto. Porque tiene sentido, porque da más variedad y porque logra dar más personalidad a Nioh 2 a través de su gameplay. De hecho, también hay que mencionar que el protagonista puede transformarse en uno de estos demonios en función de su espíritu acompañante, ganando en letalidad al combatir y dando un tiempo extra de inmunidad frente a ataques. Su uso se limita a la recarga de otro medidor, y es sobre todo esencial cuando se entra a combatir más en serio en el Reino Oscuro.

El papel de los Yokai no solo gana peso en Nioh 2 a través del argumento, sino de las mecánicas. Sobre todo porque nuestro protagonista casi es uno, y eso se traslada a su forma de combatir. Es más, una de las nuevas mecánicas más importantes es su parry especial. Combinación de R2 y círculo, se utiliza para contraatacar unos movimientos especiales de los enemigos, que suelen diferenciarse por emitir un aura roja, y es la clave para poder domar la dificultad de este juego. Aunque, por supuesto, dominarlo no es nada sencillo.

Progresión y “Looteo” infinito

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Nioh 2 bebe de los juegos de acción y del RPG, aunque eso no pilla por sorpresa a nadie que jugara al original. Por eso, en esta entrega saca a relucir su lado más “lootero” con toneladas de piezas de equipo y objetos a encontrar tanto aniquilando enemigos como explorando cada rincón de un mundo que, por cierto, ha ganado muchísimo en diseño de niveles. Se nota que Team Ninja tomó buena nota del primer juego para dar forma a este.

Quizá el mayor problema del loot en esta entrega es que la inmensa mayoría de objetos a conseguir son prácticamente inútiles a medida que avanzas. Al final, se convierten más en una moneda de cambio o en posibles recursos para hacer ofrendas a los Kodamas en los santuarios que hacen de checkpoints, donde obtener objetos, bonificaciones, gestionar tus recursos o incluso invocar amigos. Son las hogueras de este juego, para quien sea más habitual en este subgénero.

Los combates superados y los objetos conseguidos en la historia principal, como también en las secundarias que van plagando el mapa desde el que se eligen las misiones, sirven para hacer que nuestro samurái demonio vaya mejorando sus características a nuestro gusto. Aquí, además, la progresión se adapta tanto a los atributos del personaje (vida, resistencia, carga de ki, etc.), como a las habilidades que aprende al dominar las armas.

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Algo doblemente interesante, porque el armamento disponible es muy amplio, con katanas, hachas, lanzas, arcos y demás. Cada una tiene un árbol de habilidades propio que añade todavía más posibilidades al combate y, para colmo, cuenta con tres posturas diferentes que a veces hace que prácticamente se comporten como armas diferentes. Usa una postura alta con una katana y después una baja, verás cómo tienes que cambiar tu enfoque de combate por completo. Y lo mejor es que el cambio se hace al vuelo.

Nioh 2 es enorme en cuanto a progresión de personaje y al looteo, y añade todavía más y más capas al introducir todo el factor de los Yokai y los coleccionables de los Kodama. Su carga de contenidos es exageradamente grande, y la dosifica paulatinamente, sin mover el foco de lo que de verdad importa: su dificultad.

Sin perdón

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Porque es difícil, realmente difícil. Sorprende que logre serlo porque esta entrega se ha esforzado en añadir un pelín más de accesibilidad precisamente con el uso de las habilidades demoníacas. Pueden cambiar por completo las tornas de un combate, pero créenos, solo si sabes cuándo sacar tus demonios internos a bailar y gestionas bien tus recursos.

Tanto el diseño de niveles como el comportamiento de los enemigos dan pie a situaciones únicas en cada partida. Hemos visitado muchos escenarios diferentes, desde mazmorras subterráneas hasta templos en llamas o bosques con cerezos en flor, y todo en cada nivel se interconecta magistralmente para dar forma a auténticos laberintos que poco a poco van simplificándose a ojos del jugador.

Un punto en el que el anterior Nioh flaqueaba, pero en el que este responde con sabiduría y buen criterio. El camino escogido para esta entrega es realmente bueno en el diseño tanto de mecánicas como de escenarios y niveles, pero su inclemencia sigue siendo el principal hándicap que puede tener a ojos de los jugadores menos habituales.

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Es un juego para sufrir, o para disfrutar con cierto toque de masoquismo. Una continua cuesta arriba de combates que premian la destreza y la atención con esa satisfacción final que da la victoria. Y sí, insistimos en que es algo más accesible gracias a esas mecánicas que estrena, hasta los pulsos de Ki son realmente de ayuda si se saben usar (consisten en pulsar R1 en el momento adecuado tras hacer combates para recargar energía más rápido).

Pero siempre estás encontrándote con más dificultades en la senda del samurái. Los saltos al Reino Oscuro en el que tu ki se recarga mucho más lento, y también en el que se encuentran los combates más difíciles; los enemigos que aguardan escondidos para emboscarte; los nuevos Yokai que aparecen con rutinas de combate demoledoras… No hay perdón para el samurái.

El único que puede sobrevivir aquí es aquel capaz de seguir el ritmo de esta macabra danza. Porque, en el fondo, el combate de Nioh 2 es casi como un baile. Necesitas conocer los pasos de tu enemigo y el ritmo al que los realiza para sacar los tuyos y lucirte en la pista mermando su vida y su ki para romper su defensa, algo que se acentúa muchísimo con la mecánica de recarga de ki. La diferencia es que el escenario está repleto de trampas y que, si te equivocas, no te van a pisar los pies, simplemente van a segar tu vida.

Realidad y misticismo en el Japón Feudal

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Aunque la dificultad es lo que más se queda grabado cuando juegas Nioh 2, y la sensación de superación que se tiene tras horas de frustración, lo que más nos ha gustado ha sido la genial ambientación de este juego. Tanto en los escenarios donde combates, o sobrevives, como en las secuencias de corte que desarrollan la trama, el Team Ninja ha dejado su huella con un estilo nipón realmente conseguido.

No en vano, el doblaje de los personajes está en japonés por defecto, a pesar de que los textos estén disponibles en castellano. Todo se ha construido para adentrarnos en un Japón Feudal oscuro y sangriento por momentos, pero también cargado de un componente fantástico inevitable por los espíritus y enemigos que aparecen en él.

Demonios, soldados, serpientes humanas, gusanos gigantes… El bestiario encaja a la perfección con todas las localizaciones que recorremos en la piel de nuestro demonio samurái, con un diseño más que remarcable. Del apartado técnico, por cierto, decir que los 60 fotogramas por segundo son una constante durante la partida, salvo en las secuencias cinematográficas. El equipo sabe que para un juego como Nioh 2 la fluidez es necesaria, y se ha asegurado de conseguirla, pero sin renunciar a un apartado artístico sensacional en todos y cada uno de los sentidos.

Nioh 2, o cómo perfeccionar una buena fórmula

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Aunque nos quedamos con las ganas de probar el lado multijugador online por la imposibilidad de saborearlo bien hasta su lanzamiento, podemos decir sin miedo que Nioh 2 supera al primer juego en todos y cada uno de los sentidos. La última demo ya dejaba claro el camino que había elegido el Team Ninja para esta entrega, uno que se rige por el Bushido y por las posesiones demoníacas.

Difícil a rabiar, pero también muy divertido y satisfactorio. Nioh 2 es toda una prueba para la habilidad y paciencia del jugador, pero también es una entrega con un encanto irresistible por la genial conjugación de mecánicas tanto antiguas como nuevas. Se podría decir que es continuista, pero no sería justo. Realmente, es la evolución de una fórmula que termina de ganar una personalidad propia. Sin duda, un imprescindible si te gustan los desafíos y disfrutas con la ambientación nipona.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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