Análisis de RAD – Un roguelike con personalidad propia

Double Fine Productions sorprende con una excéntrica propuesta.

RAD

Double Fine Productions es consciente tanto de que el roguelike es uno de los géneros de moda, como de que sus propuestas no dejan indiferente a nadie. El estudio, que ahora pertenece a las filas de Xbox Game Studios nos presenta RAD, que llega a PlayStation 4, Nintendo Switch, Xbox One y PC el próximo 20 de agosto. Acción, búsqueda de recursos y una puesta en escena pensada para hacer las delicias de cualquier amante de la temática ochentera. Nos adentramos en un yermo de lo más colorido y os contamos cómo han sido nuestras historias a lo largo y ancho de un mundo desolado por el segundo apocalipsis.

Un nuevo comienzo

El mundo ha sucumbido no a uno, sino a dos desolaciones. Sus habitantes conocen este suceso como la llegada del segundo apocalipsis y su único fin no es otro que el de sobrevivir un día más. Y es que, a pesar de que el último bastión de la humanidad parece vivir seguro en un pequeño asentamiento, la realidad es que las cosas no van bien: los recursos se acaban, las cosechas no proliferan y las fuentes de energía se están apagando. ¿Quién va a poner soluciones a semejante situación? ¡Un grupo de adolescentes, por supuesto! Ocho, concretamente, aunque inicialmente solo podemos elegir entre tres, mientras que los cinco restantes esperan a ser desbloqueados.

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Disfrutar de un nuevo comienzo no es solo una premisa argumental; también es la principal seña de identidad de un género que durante los últimos años nos ha ofrecido incontables alternativas. Como buen roguelike, RAD apuesta por reciclarse constantemente a través de la muerte. Comenzamos, tratamos de llegar lo más lejos posible y cuando llega el fin de la partida, el círculo se activa de nuevo.

Sencillo y efectivo

Si hay algo que hace de RAD una experiencia dinámica y adictiva, no es otra cosa que la simpleza de su propuesta. Podemos atacar de manera ligera y pesada, saltar y combinar golpes aéreos con el uso de habilidades. No hace falta saber nada más y justo por eso logra funcionar de manera incombustible. Eso sí, hay que decir que los más exigentes que busquen algo de profundidad podrían ver lo nuevo de Double Fine Productions como un producto demasiado sencillo, aunque para gustos…

Cuando empezamos una nueva partida, automáticamente aparecemos en el asentamiento en el que los supervivientes al segundo apocalipsis han acudido para tratar de sobrevivir. Con la intención de ayudarles, nosotros somos los encargados de protagonizar expediciones al yermo en busca de recursos, algo que podemos hacer atravesando portales que nos llevan a lugares generados de manera procedural.

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A pesar de que tras cruzar al portal accedemos a mundos perfectamente distinguidos por temática y número, el diseño de cada nivel es aleatorio en cada ocasión. Lo mismo sucede con los enemigos, las habilidades que obtenemos y la disposición de los elementos clave que debemos encontrar para completar cada sección. Esto hace que, mientras tenemos una sensación de renovación constante, no se pierda esa sensación de progreso que nos hace recordar de dónde venimos y hacia dónde nos toca ir tras dar el siguiente paso.

Efectos secundarios

El personaje al que decidamos controlar cuenta con un arma de melee básica. Suficiente para destrozar a los incontables enemigos a los que nos toca hacer frente. Insectos gigantes, mutantes, híbridos entre hombre y máquina… El bestiario es muy variado, a pesar de que sus diseños se antojan poco inspirados y resulta imposible evitar la sensación de que ya los hemos visto una y mil veces en cualquier otro videojuego. En cualquier caso, hay que decir que RAD es un título relativamente exigente y cualquiera de estas criaturas puede poner fin a la partida en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque la nula variedad de armas puede llevarnos a pensar que las partidas caerán en la monotonía, el juego siempre tiene una sorpresa preparada en forma de mutación. Y es que, de manera deliberada, podemos hacer que nuestros simpáticos protagonistas sufran mutaciones de lo más variopintas: un brazo incandescente capaz de lanzar bolas de fuego, una cabeza de serpiente que se extiende y golpea a distancia e incluso otras más espectaculares como convertirnos en una especie de quimera. Estas mutaciones surgen una vez rellenamos una barra gracias a los enemigos abatidos en combate, aunque el resultado final siempre queda sujeto a los caprichos del azar.

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Además, también existen las mutaciones pasivas que podemos encontrar interactuando con unos extraños mecanismos generalmente escondidos en los confines de cada nivel. Poderes que nos ayudan a explorar como una visión de rayos X que nos permite ver qué objetos encontraremos al destruir un elemento del entorno o resistencias a estados alterados y trampas elementales, entre otros. La aleatoriedad que determina el efecto de cada mutación hace de RAD una experiencia imprevisible, que nos incita a seguir avanzando para descubrir qué nos espera tras cada puerta.

Una grata sorpresa

RAD es un título muy interesante. La fórmula roguelike muestra todas sus cartas de manera inmediata en cuanto accedemos por primera vez al yermo, pero, asimismo, se guarda muchas sorpresas para introducirlas poco a poco durante las muchas horas de diversión que ofrece la nueva apuesta del estudio liderado por Tim Schafer. La mezcla entre desolación, colorido y sentido del humor es todo un acierto y le permiten presumir de una personalidad arrolladora, mientras que la sencillez de sus mecánicas jugables da lugar a una experiencia muy divertida. No es fácil destacar en uno de los géneros de moda por el que tanto apuestan los desarrolladores independientes; hay muchísimas alternativas en el mercado y precisamente ahí es donde brilla RAD gracias a una virtud incuestionable: la de sentirse diferente a los demás.

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.
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