Análisis – Wolfenstein: Youngblood, este nazi es tuyo, hermana

La unión hace la fuerza y matar nazis nunca fue tan divertido.

Wolfenstein: Youngblood

El resultado de que dos hermanas se unan para hacer frente a una auténtica legión de nazis es equiparable a lo que puede ofrecernos un proyecto fruto de la estrecha relación entre Machine Games y Arkane Studios. Porque las cosas de dos no funcionan si uno no quiere y en esta ocasión todas las partes han querido. Llega Wolfenstein: Youngblood, la entrega más gamberra, dinámica y profunda de una de las franquicias referentes en lo que al FPS tradicional respecta. Nos enfundamos el traje de Jess y Soph, las hermanas Blazkowicz, hijas del hombre que puso punto y final a la tiranía de la versión más futurista de Adolf Hitler.

Wolfenstein: Youngblood

París, bella y hostil

A pesar de la caída de Adolf Hitler, las cosas no van bien en un mundo que se desmorona por momentos. Nuestro padre, B. J. Blazkowicz se encuentra en paradero desconocido. Las tropas nazis y su artillería robótica ocupan las calles de una ciudad de París que ni en mitad de una guerra está dispuesta a perder su belleza. Nosotros encarnamos a sus hijas, Jessie y Sophie Blazkowicz. ¿La misión? Salvar a padre. ¿El problema? Desde centenares de soldados nazi hasta criaturas cibernéticas del tamaño de un autobús. Nada de lo que preocuparse.

Machine Games lleva años logrando que Wolfesntein vuelva al lugar que nunca debió perder. Su trabajo en lo que a la jugabilidad como FPS tradicional ha sido fantástico y en esta ocasión quería ofrecer algo distinto, muy distinto. Para empezar, hay que decir que el juego está concebido con la idea de que no sea uno sino dos los jugadores que exploten todas sus posibilidades. Además, la colaboración con Arkane Studios solo podía dar lugar a un único resultado: un gran diseño de niveles.

Wolfenstein

Recorrer París mientras hacemos frente a decenas de nazis es muy divertido gracias al trabajo de Machine Games, y explorar cada resquicio en busca de secretos es gracias al de Arkane Studios, creadores de títulos tan laureados como Prey (2017), la franquicia Dishonored o el clásico Arx Fatalis, entre otros. Es aquí donde Wolfenstein: Youngblood se convierte en un soplo de aire fresco para la saga gracias a su propuesta de mundo abierto con niveles interconectados.

Aunque no podemos decir que estemos ante un sandbox al uso, sí que hay que tener en cuenta que para exprimir al máximo las posibilidades del título nos toca pasar un buen puñado de horas explorando en aras de hallar ese camino oculto, ese atajo o esa sección a la que no sabemos muy bien cómo acceder. Y es que —salvando las distancias—, el diseño del mundo no dista mucho en las aventuras de Corvo Attano. Aunque es probable que la expresión no sea la más acertada, hay momentos en los que sentimos estar disfrutando de una especie de metroidvania.

Wolfenstein: Youngblood

Disparos, personalización y más disparos

Wolfenstein: Youngblood es un gran FPS y buena parte de culpa reside en la decisión de apostar por un sistema de personalización relativamente complejo; podemos modificar todas y cada una de las piezas de cada arma y el impacto de nuestras preferencias en las sensaciones que tenemos al disparar es inmediato. Silenciadores, cargadores ampliados, miras especiales, potenciadores de daño… Cada arma es un mundo, y cada jugador puede personalizarla a su gusto.

Soph y Jess también pueden pasar por el taller y no lo decimos por la posibilidad de cambiar su traje, sino por la cantidad de habilidades que pueden aprender y desarrollar. Desde ocultarnos gracias a la invisibilidad hasta arrancar armas estáticas y añadirlas para siempre al inventario, entre otras muchas. Para adquirir puntos de habilidad y poder profundizar en el árbol de habilidades es necesario subir de nivel, por supuesto. ¿Cómo? Matando enemigos, completando misiones y retos diarios… Hay mucho que hacer en las calles de París.

Wolfenstein: Youngblood

A diferencia de lo visto en otras entregas de la saga, en Wolfesntein: Youngblood el contenido se renueva constantemente. No importa si limpias una calle y decides dar un paseo por la ciudad; al poco tiempo la calle volverá a estar custodiadas por los nazis. A veces, incluso puede darse el caso de que los enemigos que reaparezcan sean completamente distintos a los que había la última vez que pasamos por la zona. En este sentido, el juego apuesta por un modelo similar al de Borderlands. El secreto para que esta fórmula no se vuelva monótona no es otro que la calidad del juego en lo que a los tiroteos se refiere, ya que los controles han sido depurados con maestría y no hay una sola batalla que no sea un festival de diversión.

Curiosamente, el principal Talón de Aquiles del título se encuentra en los jefes finales. Lamentablemente, en ningún momento llegan a estar a la altura de los mil y un tiroteos que protagonizamos por la ciudad que estos encuentros que se suceden en el clímax de cada misión. Y es que es difícil de explicar que la gran mayoría de jefes no sean más que enemigos de gran tamaño y muy poco variados, que apenas se alejan de lo que podemos encontrar en cualquier ubicación del juego. Se echa en falta una mayor inspiración a la hora de ofrecernos ese gran combate; ese momento capaz de dejarnos con la boca abierta.

Wolfenstein: Youngblood

El poder de dos

No hablamos de Mickey Mouse y su compañero Oswald, sino de las hermanas Blazkowicz. Durante los últimos días, muchos usuarios se han preguntado si es posible disfrutar del juego en solitario. La respuesta es sí, pero con matices. Si optamos por jugar en soledad, la CPU se encarga de controlar a nuestra hermana y más allá de algunos momentos exigentes, lo cierto es que actúa con solvencia y no suele ser algo problemático. Sin embargo, si nos decantamos por jugar en compañía de un amigo tenemos acceso a los retos más desafiantes y las posibilidades a la hora de superar cada situación aumentan considerablemente.

La importancia de jugar en modo cooperativo reside en la mecánica que hace del juego único en su especie, ya que, si un personaje cae en combate, el otro tiene varios segundos para reanimarle. Esto no es nada nuevo, salvo por el detalle de que el contador de vidas es limitado, a la antigua usanza. Si perdemos las tres —o las que conservemos en ese momento— nos toca repetir la misión actual desde cero. Es por eso que la coordinación entre jugadores resulta fundamental, tanto para ayudar a levantarse al compañero como para motivarle durante la refriega, algo que podemos hacer mediante el uso de gestos. Levantar un pulgar es más que suficiente para regalarle unos valiosos puntos de salud extra o aumentar sus valores defensivos, entre otras habilidades. Insistimos: podéis jugar en solitario, pero será más divertido en compañía.

Una sorpresa inesperada

Wolfenstein: Youngblood ha llegado sin hacer demasiado ruido. Tal vez por el hecho de ser un spin-off que desembarca en un mercado cargado de grandes lanzamientos, pero, en cualquier caso, se convierte automáticamente en un indispensable para cualquier amante de los videojuegos de disparos en primera persona. Adictivo, frenético y con un equilibrio perfecto entre aventura y FPS. Machine Games continúa elevando el nombre de Wolfenstein y Arkane Studios pone su sello haciendo lo que mejor sabe. En solitario o en compañía, pero siempre con una única idea en mente: matar nazis.

En un género que nos deja numerosas propuestas al año, es de agradecer que las compañías apuesten por conservar las principales señas de identidad de sus franquicias, sin renunciar a reinventarse y apostar por nuevas ideas en aras de ensamblar un conjunto cuyas piezas giran a la perfección. Wolfenstein: Youngblood es un título con muchas virtudes y pocos defectos. París no va a limpiarse si las hermanas Blazkowicz salen a las calles, ¿las ayudaréis?

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Consumo más almas de las que he cosechado a lo largo y ancho de Boletaria, Lordran, Drangleic, Yharnam y Lothric. Mi gato se llama Sif. Verdiblanco.

Publicaciones relacionadas

Cerrar