Doble o nada

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La conocida serie bélica de Electronic Arts vuelve a la carga, en este caso ambientándose en México.
 
En un mercado dominado por los shooters, Army of Two ha logrado consolidarse como un título con cierta personalidad, sobre todo gracias a su potente apuesta cooperativa. Ahora, después de dos entregas que no pasarán a la posteridad pero que resultaban bastante agradecidas, EA ha decidido cambiarlo todo: los protagonistas, la jugabilidad y hasta el pulso narrativo. ¿El resultado? Bueno.
 
El argumento, que nunca ha sido uno de los puntos fuertes de la saga, mantiene la misma línea de tópicos propia del cine de acción de serie B. El juego se ambienta en México, uno de los países con más índice de violencia del mundo, y tiene el turbio mundo del narcotráfico como telón de fondo. 
 
 
Como decíamos, los protagonistas también han cambiado. Los responsables del juego han decidido sustituir a los habituales Rios y Salem por otros dos personajes, Alpha y Bravo. Unos nombres genéricos y que ya dan una idea de las personalidades planas que vamos a encontrar en ellos. Hasta aquí, nada que se pueda considerar del todo nuevo.
 
En el plano jugable, el título sigue apostando por el cooperativo, si bien es cierto que de una manera algo más lineal que en las entregas anteriores. Como juego de acción, The Devil’s Cartel no aporta muchs novedad al género, aunque sí resulta entretenido si lo disfrutamos con un amigo. Es ahí donde se le puede sacar el máximo rendimiento.
 
El modo campaña del título, que ronda las siete horas (dependiendo, eso sí, del nivel de dificultad que seleccionemos) propone un desarrollo explosivo y variado. 
 
 
Pese a su sencillez, los anteriores Army of Two ofrecían distintas posibilidades, las cuales desaparecen en esta ocasión. Es cierto que Visceral Games (Dante Inferno, Dead Space) intenta dar algo de variedad a los niveles, pero no terminan de lograrlo del todo.
 
En lugar de eso nos encontramos con un planteamiento algo monótono. La falta de carisma de los enemigos lastran un punto la experiencia.
 
 
 
 
Pese a ello, nos encontramos con un shooter adictivo y con un control sólido. También el hecho de que los escenarios se puedan destruir en gran medida (gracias al potente motor gráfico) ayuda. Ahora el sistema de coberturas es menos seguro, puesto que muchos lugares, ya decimos, pueden desaparecer bajo las balas.
 
Dicho sistema de coberturas, no obstante, se mantiene, ofreciendo una mecánica tan válida como ya conocida, que nos permite disparar como en tantos otros juegos de acción o cubrirnos de manera más segura y disparar a ciegas.
 
Durante el título también podemos aumentar nuestro nivel de furia (rellenando la típica barra), y debido al cual podemos aumentar nuestro poder y resistencia. A lo que también hay que sumar algunas opciones de personalización, más estéticas que verdaderamente profundas en el plano jugable.
 
 
Visualmente, como decíamos, se trata de un juego bastante competente. No llega a brillar debido a su genérico estilo artístico, pero los programadores sí han sabido dar buen uso al motor Frostbite
 
¿En qué se nota esto? Pues como decíamos en la capacidad de destruir gran parte de los escenarios, o en un trabajo de iluminación bastante convincente. Army of Two The Devil’s Cartel es, en todos los sentidos, puro fuego de artificio. Los gráficos cumplen.
 
Lo mismo sucede con los personajes, estos lucen unas animaciones y expresiones faciales más que aceptables.
 
 
Nada que criticar en el aspecto sonoro. La banda sonora es la que se podría esperar en un juego de estas características, y acompaña a la acción de manera perfecta, y la contundencia de los efectos, sobre todo de las armas, ayuda a crear el ambiente bélico de rigor.
 
Su mayor aliciente, en cualquier caso, sigue siendo el poder jugarlo con un amigo a través de Internet o de una misma consola a pantalla partida. 
 
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Valoración final
 
Jugabilidad: Entretenida, pero predecible y algo monótona. 
 
Gráficos: Resultan sólidos y eficaces, pero artísticamente sin mucha gracia. 
 
Sonido: Banda sonora de corte bélico y unos efectos contundentes.  
 
Duración: La campaña dura unas siete horas. Le habrían venido bien más opciones multijugador. 
 
Conclusión
Un buen juego que satisfará a los amantes del género y que en cooperativo da lo mejor de sí, pero que no llega a la altura de los mejores. El listón a estas alturas de generación ya está muy alto.
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