Renacimiento sangriento

Altair y sus aventuras en Tierra Santa dejan paso a un nuevo héroe, Ezio, y a una época tan diferente como el Renacimiento italiano. Todo ello sumado a una nueva fórmula más abierta y variada que nunca.

Dicen que rectificar es de sabios, y eso es precisamente lo que Ubisoft ha hecho con Assassin’s Creed 2. Un título que, pese a mantener la misma esencia de su antecesor, cambia y evoluciona todo aquello que no había terminado de convencer a crítica y público, empezando por el propio desarrollo de la saga.

Espíritu asesino

Assassins Creed 2 pasa a desarrollarse en el siglo XV, en pleno Renacimiento italiano. Una época en la que manejamos a Ezio, un nuevo asesino que ocupa el lugar del recordado Altair. A diferencia de la primera parte, en esta ocasión nos encontramos con un guión lleno de traiciones y venganzas, que nos muestra cómo la familia del protagonista, que forma parte de la nobleza italiana, es engañada. A partir de entonces Ezio descubre su tradición de asesino, heredada de su padre, y no cesará hasta hacer justicia. Y todo esto tiene lugar mientras, en el futuro, las aventuras de Desmond también toman un ritmo más enérgico. De hecho, el vínculo entre la aventura original y esta resulta en todo momento de lo más estrecho.

A partir de ese momento, Assassin’s Creed 2 es lo que toda secuela debería ser: una versión mejorada de la primera parte. Aunque la jugabilidad es la misma -una mezcla entre sigilo, plataformas, exploración y acción- aquí todo se ha cuidado más para que la experiencia resulte más completa y, sobre todo, mucho más variada. Para ello hay que empezar por los escenarios, que se han diseñado especialmente para optimizar perfectamente nuestras habilidades de asesino acróbata. No solo escalando azoteas, sino también nadando e incluso aprovechando algunos inventos del mismísimo Leonardo Da Vinci para recorrer las ciudades que aparecen en la aventura.

Todo un profesional

Además, la variedad de la que antes hablábamos se presenta en forma de nuevas misiones, tanto principales como secundarias, que hacen que nuestras tareas de asesino se multipliquen y que, más allá de encontrar y eliminar nuestros objetivos principales, tengamos que emplearnos en trabajos tan sorprendentes como hacer de matón a sueldo o transportar información. A eso también hay que sumarle más armas (la mayoría de ellas, como los botiquines, las podemos comprar), nuevos movimientos para llevar a cabo durante los combates y una inteligencia artificial mejorada, que hace que los enemigos resulten más duros de roer que antaño.

Menos novedades hemos encontrado en el apartado técnico, si bien hay que reconocer que este ya mantenía un nivel de detalle y diseños artísticos muy trabajados en el título original. Eso sí, la ambientación sí que ha cambiado, como es lógico, reflejando esta vez el interesante mundo de ciudades renacentistas como Venecia o Florencia.

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