El abordaje definitivo

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"En un mundo sin oro tú y yo habríamos sido héroes". Con estas palabras Barbanegra se define así mismo y a su compañero ficticio Edward Kenway. Y con esta sentencia es como mejor se puede definir el último trabajo de Ubisoft: Assassin´s Creed IV: Black Flag.

Un año más vuelven las aventuras del credo de los asesinos y lo hace siguiendo la estela de una de las innovaciones que más gustó de Assassin´s Creed III. Sí, claro: los combates navales.

Después de recorrer un puñado de épocas históricas en los diferentes títulos de la saga, Black Flag se ha decantado por el siglo XVIII, en las islas de la zona de La Habana, Cuba, por donde pululaban unas personas que se dedicaban al saqueo de los galeones españoles y portugueses, muchas veces con el beneplácito de la corona británica, denominadas piratas

La elección de la época y la localización no es nada casual como podréis imaginaros puesto que toda la jugabilidad del título se va a fiar a este hecho. Y, sin lugar a dudas, este es el gran acierto, de los muchos, que tiene Assassin´s Creed IV: Black Flag.

Nos encontramos ante un título sobresaliente que, aunque pudiera pareceros que está a punto de caer en el agotamiento por su corta periodicidad entre entregas, si todas las sagas que sacan juegos casi al año pudieran darnos ediciones como Black Flag, todos los años lo compraríamos sin dudar.

¿Por qué? Eso es lo que os hemos venido a contar hoy en el análisis de AlfaBetaJuega y poneros cómodos, puesto que va para largo.

Assassin´s Creed IV: Black Flag, nos presenta a Edward Kenway, un hombre casado con la que se supone es la mujer de sus sueños que trabaja en una plantación para el padre de esta. Tiene la vida asegurada y muchos hombres firmarían por una rutina así, pero Edward necesita más y decide abandonar a su esposa por dos años (que luego no van a ser dos), para encontrar la riqueza y el poder que puedan hacer que viva una vida feliz y opulenta.

Y como para hacerse rico difícilmente se puede ser honrado (no es una opinión nuestra, lo dice el juego así que nos lavamos las manos) Edward termina haciéndose pirata.

El punto de partida de la historia en el pasado es interesante puesto que el personaje protagonista del juego empieza a ganar matices y una gran cantidad de grises que van a aumentar a lo largo de toda la aventura.

Edward no es el prototipo de héroe, ni lo va a ser a lo largo del juego, ni terminará siéndolo. Es un tipo que quiere riqueza y poder, con el que nos va a costar conectar en los primeros compases de la aventura pero que os va a cautivar cuando llevéis horas no solo por el carisma pirata del tipo sino porque parece una persona real, cargada de problemas, sacudida por los reveses de la vida, ambiciosa, egoísta y con una serie de valores morales que van cambiando a cada paso de su vida.

Un personaje muy bien escrito vaya, metido en una ambientación formidable que, si no fuera por el elemento de ciencia ficción de la saga, la historia presente que ya conocéis de sobra los seguidores de los todos los juegos Assassin, podría servir casi como manual de historia, o de inmersión histórica.

Precisamente tanto en el guión como en la propia jugabilidad de Assassin´s Creed IV: Black Flag, son los momentos en los que la aventura se sitúa en el presente cuando esta pierde más ritmo.

A nivel narrativo, porque poco o nada tienen que ver las aventuras de Edward Kenway con las del trabajador de Abstergo que controlamos en el futuro. No es más que una mera excusa para conectar los diferentes juegos de la saga entre sí pero lo cierto es que si Assassin´s Creed ya solo se centrara en las épocas históricas pasadas tampoco creemos que muchos se fueran a quejar.

Aquí es donde vais a poder ver algo de continuidad de unos juegos de Assassin´s Creed a otros pero ya os vamos avisando de que la historia se entiende casi perfectamente sin haber jugado nunca a un título de la saga (y se disfruta aunque este vaya a ser vuestro primer Assassin). Además, los más acérrimos de la franquicia tampoco vais a encontrar un verdadero elemento que dé interés de seguimiento, un cliffhanger, un enganche por castellanizar, que haga prosperar la era presente y nos quiera hacer ver más sobre la lucha entre asesinos y templarios.

Es más, a nivel de jugabilidad estas secciones (que son pocas y cortas, por suerte), no tienen ningún interés. El juego pasa de la tercera persona que lleva constantemente a una primera en la que solo se nos permite avanzar e interactuar de manera sencilla con algunos objetos. Amén de unos simplísimos minijuegos a la hora de hackear ordenadores.

Para esto, unas cinemáticas habrían resuelto la papeleta de una manera mucho más interesante pues no nos es necesario jugar para lo que se nos va a contar y lo que podemos hacer.

Lo peor de todo es que esta historia no nos la terminamos de creer puesto que parte de una premisa absurda que vais a descubrir en cuanto lo juguéis: ¿qué necesidad tenemos, de primeras, de jugarnos nuestro puesto de trabajo bien remunerado si nadie nos ha hecho nada, solo porque un misterioso hacker nos arengue a hacerlo?

Insistimos en que no hay una necesidad real de incluir este tipo de pasajes en la sobresaliente aventura pirata de Assassin´s Creed IV: Black Flag, y a la que volvemos ya mismo.

El juego está planteado como un sandbox que recorremos tanto a pie (tipo inFAMOUS como referencia similar) como en barco. Este planteamiento no solo nos otorga una gran libertad para hacer casi lo que nos venga en gana, sino que nos permite decidir cómo hacer avanzar la aventura y qué forma de juego queremos elegir para cada sesión a la que nos ponemos a jugar.

Podemos optar por ir de misión principal en misión principal sin atender a nada más y ya solo así el juego sería una maravilla que además tendría una duración de entorno a las 20 horas. Pero lo grandioso es que nos entre el afán completista (con lo que la aventura se puede ir a las cien horas).

Este completismo puede llegar a ser abrumador pues hay cientos de miles de millones (tal vez exageremos), de cosas que coger por el enorme mapa de Black Flag. Algunas están como mero relleno para subir las horas del juego y tienen un interés discutible, pero otras nos darán información de la época histórica en la que estamos, nos desbloquearán canciones que luego nos van a venir de fábula para que no nos mareemos en nuestra travesías en barco o nos contarán historias paralelas de otros personajes que encerraron sus recuerdos en botellas de cristal que lanzaron al mar.

Además de la recolección de objetos tenemos los contratos de asesino (ya sabéis, matar a objetivos determinados), los saqueos a almacenes y tropecientas actividades más que nos reportarán un dinero que nos va a hacer mucha falta.

Todo esto sin hacer mención aún al tema de coger nuestro barco. Y es que en Assassin´s Creed IV: Black Flag, vayamos donde vayamos tendremos que coger nuestro barco, puesto que estamos en un archipiélago.

Y solo con las secciones en barco, que insistimos son continuas tanto en nuestros paseos libres por el mapa como en las misiones de campaña, se podría haber realizado un juego completo e independiente que hubiéramos alabado como magnífico.

Navegar y combatir con nuestro navío es una de esas experiencias que no se deben dejar de probar. El sistema de combates es relativamente complejo de inicio, pero una vez que se le pilla el tranquillo, la estrategia y la habilidad serán fundamentales para que no nos hundan nuestra flota de un solo barco y podamos gritar aquello de "agua" y no "tocado y hundido".

Este sistema de batallas consiste en que por un lado manejamos el movimiento de nuestro barco, tanto en su aceleración y freno como en la dirección que vamos tomando. Dominar este punto es fundamental pues muchas batallas navales las vamos a ganar no atacando a mansalva sino sabiendo colocarnos fuera de los cañones de nuestro rival y esquivando sus acometidas.

Esto se vuelve determinante si además nos enfrentamos a barcos de un nivel mayor al nuestro. Hasta cierto nivel de diferencia se puede obtener la victoria si somos mañosos pero llegará un punto en el que si no vamos mejorando nuestro barco, nos será imposible alcanzar la victoria.

Y es en este momento cuando la parte naval de Assassin´s Creed IV: Black Flag gana todavía mayor interés debido a que el juego toma elementos de títulos de rol para que nos enganchemos a la dinámica.

Porque vamos a estar deseosos de hacer misiones secundarias, de atacar y abordar barcos enemigos y fortalezas para conseguir dinero y materiales (gran idea esta inclusión para que no nos centremos en hacer misiones que nos puedan dar más dinero sino que tengamos que buscar la variedad para encontrar materiales determinados) y tunearnos nuestro barco para que se convierta en una auténtica fortaleza gigante. Luces de neón no nos dejan ponerle, pero salvo eso, el barco puede ser personalizado estéticamente y aumentadas sus capacidad en un montón de aspectos. 

Alcanzar un barco de gran nivel o conseguir el navío perfecto nos va a obligar a horas y horas y horas de duro trabajo pirata y saqueo, porque hace falta mucho dinero y materias primas.

Hablábamos hace unos párrafos del movimiento del barco como uno de los elementos del sistema naval pero a esto tenéis que sumar el ataque. Este se realizará dependiendo de por dónde estemos mirando. Es decir, si miramos por el lateral de nuestro barco dispararemos cañones laterales, si miramos hacia atrás dejaremos caer barriles explosivos para que no nos sigan, si miramos por delante tendremos bolas encadenadas para detener al barco al que perseguimos, etc. 

Si esta fórmula ya es divertida de por sí, la cosa no acaba aquí: cuando conseguimos debilitar al barco al máximo debemos tomar una decisión: o hundirlo y quedarnos con la mitad del botín o abordarlo (la opción más divertida) y quedárnoslo todo. 

Si nos animamos a abordarlo seguiremos combatiendo. Una vez aproximado nuestro barco lanzaremos unos ganchos para que no se nos escapen y aquí tendremos que cumplir una serie de objetivos que pasan normalmente por dar muerte a un número de tripulantes de la nave enemiga, asesinar a su capitán o capitanes y quemar algún barril de pólvora que lleven. 

Para esto tenemos un minicañón que nos facilitará la tarea con unas pocas balas pero una vez se nos acaben, tendremos que saltar nosotros mismos, y combatir con nuestra espada, pistola y habilidades de asesino. Y entonces aquí podremos celebrar la victoria.

La variante a estos combates contra otros navíos la encontramos en el ataque a fortalezas que viene siendo muy similar, pero que cuando nos toca abordar el castillo debilitado, tendremos que meternos en mitad de una cruenta batalla y provocar una serie de asesinatos para quedarnos con el fuerte. Eso sí, una vez el fuerte es nuestro se nos desbloqueará la vista sobre el mapa cercano y tendremos un punto de acceso rápido como si de una atalaya más se tratase.

Insistimos en que esta fórmula de batallas navales es perfecta y es una de esas experiencias jugonas de obligado cumplimiento, como la de cometer asesinatos a pie, la otra gran parte de Assassin´s Creed IV: Black Flag.

A lo largo de la aventura no sabemos cuántas personas han probado nuestra hoja oculta como pinchito en su colleja (tropecientas). El juego a lo largo de su campaña principal denota repetición en el planteamiento de las misiones (como les sucede a todos los sandbox), pero sus dinámicas son tan divertidas y acertadas que poco nos va a importar este hecho.

Así pues, las misiones principales nos van a pedir que sigamos a un blanco sin que este se percate de nuestra presencia; o que escuchemos una conversación durante un tiempo determinado (lo que nos obligará a estar en un radio cercano y peligroso pase lo que pase, aunque tengamos que atravesar zonas de acceso restringido); por supuesto que asesinemos a nuestro objetivo… y cosas por el estilo.

Muchas misiones son la combinación de varios de estos elementos e incluso estas dinámicas también pasan a misiones sobre el barco y también haremos seguimientos desde nuestro navío, asunto el de espionaje naval la mar (qué chispa) de divertido.

Al objetivo principal de la misión hay que añadir objetivos secundarios y restricciones que debemos cumplir si queremos completar la misión al 100%. Este añadido lo que hace es darle una mayor dificultad a cada misión. Pero como no son de obligado cumplimiento, dependiendo del grado de dificultad que queráis las haréis o no (con lo que la dificultad del título es todo un acierto).

Otro acierto es que la inmensa mayoría de las misiones estén más centradas en convertir a Assassin´s Creed en un juego de sigilo que en uno de acción. Podríamos estar hablando de una especie de Metal Gear pero más dinámico.

 

 

Esta apuesta clara en Black Flag debe decirse que ha pillado por sorpresa a los controles del juego y aquí encontramos un par de carencias a nivel jugable que empeñan un tanto la experiencia pero, evidentemente, no se la cargan.

La primera de ellas es el manejo de Edward. Es muy discutible que un único botón nos sirva para correr, trepar, saltar… puesto que muchas veces necesitamos velocidad para que no nos detecten en una zona y lo que empieza siendo una carrera inofensiva, termina por hacernos trepar sobre un palo donde nos va a ver to quisqui, dando al traste nuestra infiltración y en ocasiones suponiéndonos la muerte o el fracaso de la misión. Tampoco termina de estar del todo pulido el sistema de coberturas pues no siempre nos pegamos correctamente a donde queremos.

Con diferenciar las acciones correr y saltar/pegarse a coberturas en dos botones hubiera bastado (algo así como la opción que tenemos en Gears of War de optar por el control avanzado en dos botones).

El segundo debe de la jugabilidad es lo estúpida que puede llegar a ser la inteligencia artificial de nuestros enemigos en ocasiones. Y es que, por muy silencioso que sea nuestro Assassin, hemos llegado a realizar asesinatos de enemigos a un metro de otro y que el segundo ni se percate. E inclusive de degollarle el cuello a uno frente a otro que se encontraba cerquita y que tampoco se inmute. Sin contar lo fácil que puede llegar a resultar engañar a nuestros rivales…

Pero son lacras puntuales puesto que la norma es que el título sea desafiante y que Edward vaya a donde le pidamos con relativa precisión. La que se pide a un asesino en el Caribe que quiere crear su Mar Rojo.

Asesinatos multijugador

Con todo el análisis que llevamos hasta aquí (ya os hemos avisado al principio que esto iba para largo) no hemos hecho mención al multijugador de Assassin´s Creed IV: Black Flag. Y no lo habíamos hecho hasta ahora porque el multijugador del título no es un mero añadido sino que casi podría considerarse un juego completamente independiente con dinámicas bien distintas a las de la campaña principal.

Lo más interesante de este multijugador es que no hay otro título que cuente con una vertiente en línea tan diferente y distintiva a lo que suele ser la moda de los multijugadores de consola (los shooter, por supuesto). La propuesta, básicamente es la siguiente: dos equipos de cuatro jugadores cada uno se enfrentan en dos rondas (una de ataque y otra de defensa) por ver quien asesina más o se defiende mejor. Se ganan y pierden puntos dependiendo del número de asesinatos acertados, golpes que les propinamos a nuestros agresores o fallar con la víctima, entre otras cosas.

Lo divertido del asunto es que todo el equipo lleva el mismo personaje idéntico y el equipo rival lleva otro pero también idéntico. Y además de esto, hay un montón de bots que se mueven por el escenario tranquilamente muchos de ellos que también son idénticos a los personajes de cada equipo.

La cuestión está en que los que atacan tienen que estar muy atentos tanto a una especie de radar como a las anomalías en los movimientos de los que defienden para apuñalar a las personas correctas sin ser detectados tampoco por sus detectores. La idea es genial y distinta y requiere de una concentración y paciencia enormes. Además de este modo, que es el general, tiene dos variantes más que pasan por coger la bandera del equipo rival (pero en plan sigilo como en el modo normal) o controlar zonas determinadas (también de manera sigilosa aunque este es el modo menos interesante de los tres).

El multijugador además nos ofrece una serie de poderes que vamos desbloqueando por nuestra experiencia y nivel en las partidas lo que nos permitirá usar trucos de distracción o ataque para que las partidas tengan variedad y estemos deseosos de conectarnos día a día a este multijugador. Al final, configuramos un personaje de habilidades determinadas según nuestro modo de juego o creamos varios dependiendo de cómo se esté desarrollando la partida y el equipo rival.

La mayor pega de esta vertiente es la escasez de mapas que incluye el juego así como que la fórmula puede hacerse un tanto repetitiva después de un buen puñado de partidas (aunque de eso adolecen muchos multijugadores a los que no dejamos de viciarnos, que conste). Para remate de modo y suponemos que entenderéis ya llegando al final de este análisis por qué hemos quedado prendados de Assassin´s Creed IV: Black Flag, el multijugador tiene una serie de misiones cooperativas que son entretenidísimas.

Tenemos un tiempo determinado para, en equipo, ejecutar una serie de objetivos. Según los vayamos haciendo iremos aumentando nuestro tiempo. No es nada fácil llegar al final pero hacer asesinatos al tiempo es digno de elogio. Un multijugador bastante redondo, en suma, que se os va a comer más horas todavía una vez superéis su extensa campaña individual.

Néstor García

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Valoración Final

Jugabilidad: Tremendamente variada en situaciones. Las batallas navales y los asesinatos a pie son experiencias jugonas que se deben vivir y responden a fórmulas casi perfectas.

Gráficos: Un juego muy bestia en cuanto a potencia y de una belleza en la recreación de las islas, el mar abierto y los núcleos de población que da gusto ver. La inmersión histórica es total y maravillosa.

Música: A parte de la clásica banda sonora épica y emotiva que corresponde al cine de aventuras, las múltiples canciones piratas que debemos encontrar son una delicia y nos hacen todavía más amenos nuestros continuos viajes en barco.

Duración: Unas 20 horas lo que es la campaña principal sin entretenernos y, con probabilidad, cerca del centenar si lo queremos completar al 100%. Amén de que no nos vamos a cansar de derribar barcos ni fortalezas. Y sin contar el extensísimo multijugador competitivo y cooperativo que parece un juego distinto.

Conclusión

No os dejéis engañar por la periodicidad de la saga, Assassin´s Creed IV: Black Flag roza ser una obra maestra y es un título sobresaliente y tremendamente ambicioso. Probablemente estemos hablando del mejor juego de la saga, variado como pocos y con un par de experiencias y sensaciones de esas que todo jugón debería tener la obligación de probar y disfrutar. Un imprescindible.

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