La gran revelación de Ezio

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Al fin tenemos aquí la entrega de Assassin’s Creed más esperada por todos los seguidores de la serie. Aventuras, muchas respuestas y acción se dan citan en las legendarias calles de Constantinopla. Sí, señores. La mejor película del año se llama Assassin's Creed: Revelations.

A base de insistencia, esfuerzo y mucho trabajo, la serie Assassin’s Creed ha terminado por ser uno de los grandes nombre de la actualidad. Desde que la saga debutara con la primera e irregular aventura de Altair, ésta no ha dejado de crecer, mejorar y ganar adeptos a partes iguales. Ahora, después de ir sumando preguntas y de profundizar en su hilo argumental entrega tras entrega, Assassin’s Creed Revelations nos desvela todos los interrogantes tanto de Ezio como del propio Altair. Ubisoft ha cumplido con lo prometido. ¿El resultado? Está claro, un gran Assassin's Creed.

El secreto de Constantinopla
Todos sabemos que desde aquel primer Assassin’s Creed desarrollado en Tierra Santa, esta serie nos debía respuestas. Respuestas a todos los misterios que han ido dejándonos con un mar de dudas desde hace cuatro años. Para ello el protagonista de la saga, al menos desde que esta pasara a llevarse a cabo en el Renacimiento, Ezio, viaja a una ciudad mítica: Constantinopla.

Esta impresionante urbe, cruce de todo tipo de poderosas culturas y civilizaciones, sirve como hilo constructor del argumento y, cómo no, puede presumir de ser casi un personaje más del juego. Su diseño es, una vez más, impresionante, y su aspecto resulta casi una mezcla entre todos los grandes lugares que hemos visitado a lo largo de la serie. Tal vez por eso Ubisoft se haya decidido a ambientar esta importante entrega en la actual Estambul. Y decimos que esta entrega resulta importante, porque, tras jugarla de principio a fin, no podemos evitar pensar que con ella acaba un ciclo entero. ¿Estamos ante el último Assassin’s Creed? Es evidente que no. Pero sí ante un punto y final definitivo, sin un “continuará” evidente.

Los protagonistas del juego, una vez más, son los Templarios. Estos están en Constantinopla y, cómo no, son un auténtico dolor de cabeza para nosotros. Su intención pasa por devolver su vieja gloria a la ciudad, entre otras cosas, y para ello su camino se cruza irremediablemente con el nuestro. Pero eso no es todo; el desarrollo argumental del título es, posiblemente, el más cuidado de toda la franquicia, por lo que ningún aficionado se lo debería perder.

El poder de un asesino
La estructura de Assassin’s Creed Revelations sigue siendo la misma, a grandes rasgos, que en La Hermandad. Todo lo que vimos en las anteriores entregas sigue estando presente, aunque incorporando algunos elementos propios que hacen que la experiencia resulte aún más variedad si cabe. La mecánica del juego, por así decirlo, sigue presentando una ciudad abierta (Constantinopla) por la que nos podemos mover con entera libertad desde un principio (exceptuando algunos puntos que desbloqueamos poco a poco).

Las cosas que podemos hacer durante el juego son casi abrumadoras. Aunque tal vez Revelations resulte algo más directo que La Hermandad, sigue ofreciendo un gran abanico de opciones jugables. Por un lado están las misiones principales que marcan la historia del juego (con base de juego abierto o sandbox), al igual que las secundarias, los tesoros que podemos reunir o las propias atalayas (ya convertidas en seña de identidad absoluta dentro de la serie de Ubisoft).

Básicamente, el fondo del juego es el mismo de siempre: terminar con una serie de objetivos, mientras recorremos las calles de, en este caso, Constantinopla. Y precisamente es en este punto donde nuestro sigilo a la hora de movernos resulta básico. Ya sabéis que actuar como una sombra es una de las mayores cualidades de un asesino. Para ayudarnos en esta tarea, Ubisoft ha incluido una novedad significativa en el juego: un gancho. Este nuevo artilugio no solamente sirve como arma (similar al cuchillo), sino que también nos ayuda a desplazarnos por la ciudad más eficazmente, al más puro estilo Batman. Así las plataformas mejoran en fluidez y profundidad dentro de la serie.

También en profundidad ha ganado el componente estratégico de la campaña del juego. En esta ocasión, incluso se ha contado con el apoyo de los creadores de World in Conflict (otro título de Ubisoft) para echar un cable con esta parte. En realidad, lo que podemos es ir haciéndonos con barrios o zonas de la ciudad, que tenemos que atacar (y después defender) con ayuda de aliados. Una vez terminamos con los líderes rivales, podemos beneficiarnos de las  ganancias comerciales de dichos lugares, siempre y cuando no vuelvan a caer en manos templarias.

De hecho, la Hermandad que tanto protagonismo cobró en la anterior entrega sigue más que presente en Revelations. Y no solamente podemos reclutar otros asesinos, sino también subirles de nivel e incluso ponerles de “jefes” en distintas partes de la ciudad, o incluso encomendarles misiones de conquista que luego también nos harán ganar bastante dinero.



Jugando con fuego
Pero quizás la novedad que más nos ha llamado la atención, al menos en el plano jugable, la encontramos en las bombas que Ezio puede crear. Estas son de muchos tipos distintos y, al contrario de lo que parece en un principio, aumentan considerablemente el componente táctico del juego. Más que nada por las muchas posibilidades que ofrecen. En esencia hay tres: tácticas, de ataque y de distracción, aunque luego esconden muchas opciones entre las que podemos elegir. Para que os hagáis una idea, sirven para deshacernos de los enemigos, distraerlos en un momento determinado, crear trampas y muchas cosas más. También podemos estallarlas en el momento o mediante mechas, etc. En definitiva, una idea que expande nuestras opciones tanto a la hora de eliminar enemigos, como de defendernos de ellos.

Teniendo en cuenta todo esto -las bombas, los aliados, el gancho-, podemos asegurar que Assassin’s Creed Revelations es el juego más variado de la serie. Pero es precisamente la libertad que ofrece al jugador lo que más nos ha gustado de él. Es decir, que si queremos profundizar en cualquiera de estas cosas –la elaboración de bombas, la potenciación de nuestra Hermandad- es posible hacerlo, pero si en lugar de movernos con el gancho preferimos escalar de manera tradicional (a lo Prince of Persia) o pasar olímpicamente de hacer bombas, también es posible. Ubisoft nos ofrece alternativas, utilizarlas o no, es ya decisión nuestra.

Asesinos en estado puro
Al margen del modo principal del juego, el de Historia, Revelations también vuelve a ofrecer una entretenida modalidad multijugador. Esta sigue el modelo que tan buenos resultados dio en La Hermandad, aunque ofreciendo interesantes mejoras. Por ejemplo, ahora contamos con más opciones entre las que elegir y, sobre todo, con un aliciente para avanzar: desvelar detalles argumentales. Son secundarios, sí, pero a medida que progresemos con nuestro asesino (que ahora podemos personalizar mucho más) desvelamos también detalles de la organización Abstergo (los modernos templarios). Vamos, que incluso los menos dados a las experiencias compartidas, tienen un motivo para introducirse en esta.

Gráficamente, este Assassin’s Creed puede presumir de estar de nuevo entre los juegos más vistosos del año. El aspecto que luce Constantinopla vuelve a ser impresionante, con un grado de detalle increíble, lo mismo que las animaciones de los personajes (atención a algunos de sus gestos) o los efectos. Es verdad que a estas alturas, y tras haber disfrutados de las anteriores entregas, el motor utilizado ya no sorprende tanto, pero aún así Ubisoft ha vuelto a pulirlo en la medida de lo posible. El doblaje y la épica banda sonora, por su parte, siguen siendo dignos del mejor Hollywood.

Conclusión. Assassin’s Creed Revelations es, sin ningún género de dudas, una cita obligada para todos los amantes de esta serie, y un broche de oro para culminar una etapa dentro de ella. Sí, porque aunque seguramente veremos nuevos “Assassin’s” en el futuro, lo cierto es que aquí finalmente se desvelan muchos misterios relacionados con Ezio, Desmond y Altair. Pero no solamente conviene destacar el plano argumental, sino que en lo jugable contamos con un montón de novedades y libertad para disfrutar al máximo mientras recorremos la alucinante Constantinopla. Una aventura que, pese a no suponer un salto evolutivo tan enorme como las anteriores, puede presumir de ser uno de los mejores títulos de 2011. La mejor película del año se llama Assassin's Creed: Revelations.

 

Enrique Luque de Gregorio

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