Análisis de Assassin’s Creed Rogue: Remastered – La otra cara de la moneda

 

 

La franquicia Assassin’s Creed tuvo que descansar durante unos años para reinventarse y volver más fuerte que nunca. A finales del pasado año lo hizo con Origins, una espectacular aventura de mundo abierto que nos llevaba hasta el Antiguo Egipto y que nos explicaba el inicio de la Hermandad de los Asesinos. Sin embargo, incluso cuando la serie ya se estaba desgastando nos dejó algunas entregas increíblemente interesantes.

Es el caso de Assassin’s Creed: Rogue, que se suponía que era la entrega que tenía que pasar más desapercibida. ¿Por qué lo decimos? En el año 2014 ya habían llegado las consolas de nuevas generación (PlayStation 4 y Xbox One) y Ubisoft decidió estrenarse en ellas con una entrega exclusiva que aprovechara el salto tecnológico. Así surgió el controvertido Unity, que lucía espectacular, pero tuvo unos indefendibles problemas técnicos, además de una historia decepcionante.

Para que los usuarios de PlayStation 3 y Xbox 360 no quedaran huérfanos de Assassin’s Creed ese año, la compañía gala optó por lanzar Rogue exclusivamente en esas dos consolas. Muchas de las mecánicas del videojuego estaban recicladas de anteriores entregas, pero la historia ofrecía un punto de vista diferente y nunca antes visto en la saga. Ahora ya podemos disfrutarlo en las consolas de nueva generación y te acercamos nuestro análisis tras haberlo jugado en PlayStation 4.

La premisa argumental de Assassin’s Creed: Rogue es la que hace de este videojuego algo tan especial y, por lo tanto, también de su remasterización. En él controlamos a Shay Patrick Cormac, un Asesino que está empezando a dudar de los métodos que le hacen seguir sus superiores. Cuando una misión concluye de forma trágica para miles de inocentes, Shay decide abandonar la disciplina y unirse al bando contrario: los templarios.

Es una de las pocas veces a lo largo de la franquicia en la que hemos podido jugar como un templario y la única en la que lo hemos hecho durante toda la aventura. Es precisamente esa diferencia narrativa con respecto al resto de la saga la que aporta el toque diferencial a Assassin’s Creed: Rogue y lo convierte en un videojuego apasionante incluso a pesar de que en lo jugable no hay nada especialmente novedoso.

De hecho, antes de pasar a detallar las características de esta nueva remasterización de la saga (que es en lo que se va a centrar el análisis), queremos resaltar algunos de los rasgos que eran la seña de identidad de Rogue. Lo cierto es que esta entrega combinaba la exploración a pie tan clásica de la saga con la exploración naval al mando de nuestro propio barco. Assassin’s Creed 3 introdujo la mecánica con éxito, Black Flag la potenció y Rogue se volvió a aprovechar del triunfo que había resultado.

Las misiones que encontramos en Rogue son las que cualquier Assassin’s Creed de la vieja escuela proponía: nos referimos a encargos de recadero, a eliminar a un determinado objetivo, a liberar prisioneros o a combatir a enemigos concretos. Como decimos, en lo jugable no hay nada que haga especialmente distinto a Rogue de otras entregas, pero su argumento es suficiente para sostener una propuesta tanto a nivel de interés narrativo como de diversión.

La gran diferencia de esta versión remasterizada con respecto a la original tiene que ver con el campo de lo técnico. Y es que si tienes una PlayStation 4 o una Xbox One estándar podrás disfrutar de Rogue a una resolución de 1080p, mientras que si posees un modelo superior (PlayStation 4 Pro o Xbox One X) esta alcanzará los ansiados 4K. No hay forma de seleccionar una resolución menor y maximizar los frames por segundo, de modo que la única tasa de la que podremos disfrutar es de 30 fps estables.

El videojuego también llega con ciertas mejoras en las texturas o en los efectos lumínicos y visuales pero, tal y como ocurriera en la Ezio Collection (la colección remasterizada de Assassin’s Creed 2, La Hermandad y Revelations), se nota a la legua de dónde procede este título, que no es otro lugar que la pasada generación. Las mejorías gráficas son evidentes, pero también lo es que ninguna remasterización puede hacer que un juego con tecnología desfasada luzca como lo hacen los de hoy en día.

Detalles como la distancia de dibujado o los contornos de los edificios dejan a las claras que estamos ante un videojuego con casi cuatro años y una generación a su espalda, lo que en absoluto impide que disfrutemos de cada una de las misiones principales de la aventura. De hecho, cuando nos hacemos a la mar y empezamos a navegar con nuestro barco las minucias técnicas quedan al margen y nos encontramos ante un videojuego sumamente bello y relajante (excepto cuando entramos en combate).

Todo lo demás sigue inalterable en esta versión remasterizada de Assassin’s Creed Rogue. Hablamos del sistema de combate (que a los que se hayan acostumbrado al de Origins podría parecerles insuficiente), del sigilo, de la excelente banda sonora y doblaje y de todos los demás detalles del videojuego de Ubisoft. Tan solo encontramos retoques en lo visual, aunque a fin de cuentas tampoco esperábamos más de una remasterización.

Joel Castillo

Jugabilidad: Las misiones en tierra firme tienen tres claras premisas básicas: persecuciones y seguimientos, combates abiertos y fases sigilosas. Todas ellas son un clásico de la saga, por lo que el punto más diferencial se encuentra cuando saltamos al mar y comenzamos a navegar con nuestro barco. No hay nada de diferente con respecto a lo visto en Black Flag, pero sigue siendo igual de divertido.

Gráficos: Es el único campo en el que Ubisoft ha hecho cambios notables. La resolución ha sido mejorada (más todavía si juegas en PlayStation 4 Pro o Xbox One X) y la tasa de frames por segundo ha sido estabilizada. A pesar de algunas mejoras visuales gráficamente se sigue notando que estamos ante un juego de la pasada generación.

Sonido: La excelente banda sonora y un fantástico doblaje al castellano (marca de la casa de la franquicia Assassin’s Creed) vuelven a hacer acto de presencia en Rogue y, por supuesto, también en esta versión remasterizada.

Duración: Estamos ante uno de los Assassin’s Creed más cortos, al menos en lo que respecta a las misiones principales. Terminar la historia nos puede llevar una decena de horas, aunque cumplir todos los objetivos secundarios y opcionales puede incluso triplicar esa cifra. Depende de ti hasta dónde quieras llegar con la navegación.

Historia: Puede que Shay Patrick Cormac no sea el mejor protagonista de la saga ni su historia sea la más brillante, pero tan solo el hecho de afrontarlo desde el otro bando (el de los templarios) es un aliciente que nadie que no haya jugado a esta entrega debería desdeñar. Al fin podemos ver cómo se comportan los templarios y cuáles son sus verdaderas intenciones.

Conclusión: Esta versión remasterizada de Assassin’s Creed: Rogue no es revolucionaria (como tampoco lo era la Ezio Collection), pero ofrece una oportunidad única para aquellos que no disfrutaron de la aventura cuando se lanzó originalmente en el año 2014. Las mejoras gráficas, de resolución y de fotogramas por segundo contribuyen a ofrecernos una mejor experiencia de juego, aunque todo lo demás se mantiene invariable, para bien o para mal. Más Assassin’s Creed en estado puro.

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