Tortas y circo

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Tras desatar la Batmanía en 1989, Tim Burton volvió a ponerse tras las cámaras poco después para rodar una secuela, Batman Vuelve, con mucho más de su sello personal y presentando a uno de los grandes mitos del cine de fin de siglo como fue su Catwoman. Pero de paso inspiró a Konami para desarrollar un gran cartucho para Super Nintendo.

Hay que reconocer que hasta la llegada de Rocksteady y su saga Arkham, la andadura de Batman en los videojuegos era irregular con honrosas excepciones. He aquí una de ellas, la adaptación a cargo de Konami para Super Nintendo de su segunda película, que también conocería un port para su hermana de 8 bits, la NES. Los japoneses, en estado de gracia por aquellos años, le tomaron el pulso al Caballero Oscuro al trasladar las aventuras de su serie animada, pero también a la hora de llevar las escenas filmadas por Burton al videojuego.



Tras el pepinazo que supuso Batman, la película, reventando la taquilla a diestro y siniestro así como vendiendo toda clase de merchandising en el que cupiera el logo del vigilante de Gotham, lo suyo era que Warner Bros. diera luz verde a una secuela, y quién mejor para hacerla que el propio director que les había regalado este insigne pelotazo, esa apuesta que hasta el momento era Tim Burton, el chico que había dirigido La gran aventura de Pee-Wee antes de dar el gran salto. Y aquí fue donde Burton se soltó la melena. Su inconfundible estilo visual, recargado, sombrío y surrealista, tomaba el control de una producción que se alejaba de las aventuras usuales de Batman para poner bajo los focos al torturado, deforme y repulsivo Oswald Cobblepot, más conocido como El Pingüino y a la antes mojigata pero ahora seductora Selina Kyle, alias Catwoman, ambos un tanto diferentes de lo que el público viñetero conocía.

Pero esta segunda entrega de Batman volvía a apuntar a caballo ganador, así que por excéntrico que fuera Burton había que llevar Batman Returns a las consolas, que era donde se partía el bacalao. Si anteriormente habían sido Ocean, Atari y Sunsoft quienes se habían repartido el batpastel, ahora le tocaba a Konami dar su visión del Caballero Oscuro entre la marabunta de adaptaciones que tuvo el film, varias de ellas suyas de primera mano, y lo hizo respetando el hilo argumental de la película para llevar a Batman por varios niveles mientras repartía estopa a los secuaces de rigor.


Algo huele a podrido en Gotham. Se acercan las navidades, y la ciudad se prepara para poner buena cara al gélido tiempo invernal en plena campaña de elecciones municipales. Como parte de los festejos, un circo un tanto grotesco llega a la ciudad. Un tal Max Shreck que no es trigo limpio empieza a mover hilos. Un individuo deforme y no muy bien de la cabeza conocido como El Pingüino comienza a ganar notoriedad y trama un plan para hacerse con el poder en la ciudad. Y una vengadora felina que ha regresado de la muerte urde venganza contra Shreck. En medio de todo ello, Batman, el protector de Gotham que libró a la ciudad y al mundo de la amenaza del Joker, debe lidiar con todos estos frentes para impedir que el destino de la ciudad y sus habitantes sea cualquier cosa menos un cuento de Navidad.


 

Cuesta creer que nadie lo pensara hasta entonces, pero con el auge de Double Dragon primero, Final Fight después y la consagración de Capcom con Captain Commando, el beat’em up se mostraba como un género que venía que ni pintado para personajes como Batman. Y dado que Burton ya había puesto la impronta personal y el drama en el celuloide, justo era que Konami pusiera la acción y los guantazos sin freno que son a Batman la horma de su batzapato. Así pues, y aunque Batman no fuera un novicio en el género de acción, la anterior película se adaptó principalmente como juego de plataformas, mientras Batman Returns sería más parecido a un “yo contra el barrio”.

Claro que hablando de Gotham, el barrio en cuestión está formado por la flor y nata de los bajos fondos, que en esta ocasión son el circo del Triángulo Rojo, que se encuentra en la ciudad martirizando a los pobres habitantes con sus hordas de payasos belicosos. Bajo nuestro control, Batman podía atizar de lo lindo a los circenses malhechores, mucho menos graciosos y más letales que la troupe de la familia Aragón o que Pepe Viyuela. Estos payasos, en vez de chechear y estamparse tartas en la cara, cargan contra Batman usando sus – pocas – habilidades de pelea, armas blancas, explosivos, cócteles molotov o incluso bazookas, algo que definitivamente justifica la autodefensa, que Batman repartirá en cantidades industriales.

Nuestro superhéroe puede encadenar combos de golpes y usar dos variantes de ataque desde el aire, con una patada voladora y lanzándose desplegando su capa. Puede coger a sus atacantes y propinarles una paliza o estamparlo contra el decorado o contra el suelo, y si llega a coger a dos de ellos, procede a hacer un “cascanueces” con sus cráneos, un movimiento muy celebrado por los usuarios de la época. Pero también puede intentar cubrirse de los ataques para reducir el daño, usar sus fieles Batarangs para aturdirles o columpiarse con la Batcuerda para propinarles un ataque. Y también dispone de un ataque especial que consume algo de su vitalidad, así como un as bajo la manga en forma de cápsulas limitadas que, estampadas contra el suelo, barren a sus enemigos con una explosión.



Pero no todo el juego toma esta estructura. Hay niveles en los que la profundidad se elimina y Batman ataca lanzando Batarangs a discreción como en un shoot’em up. Un cambio de dinámica que no va mal para desengrasar y evitar que el juego se haga repetitivo, porque francamente, la variedad de enemigos no es mucha. Aunque, por necesidades de la trama, sí hay una escena de conducción a bordo del Batmóvil contra las motos de los payasos cabezones del Triángulo Rojo. El resto ya son las necesarias luchas contra jefes, en su mayoría, otra vez, integrantes del circo, y en un par de ocasiones los dos villanos del film: Catwoman y El Pingüino.

Batman Returns es un juego que permite seleccionar el nivel de dificultad, pero que de partida ésta no es precisamente baja. Tampoco supone que el juego sea imposible, pero hasta que le cogíamos el truco y aprovechamos los cuatro créditos que nos concede, nos podía tener entretenidos un rato. Y la verdad su apartado técnico era un gran complemento. Además de los decorados a tono con el film, los sprites eran estupendos, un gran trabajo de Konami, que había puesto mucho mimo a la hora de respetar todo lo que podía de la película. Una traslación literal no era la solución, pero la inclusión de determinadas escenas y momentos clave, así como de escenas con diálogos entre niveles ayudaban a aumentar la sensación de fidelidad. Desde luego no era el Batman de Sunsoft, buenísimo, pero parecido a la película como un huevo a una castaña. Este Batman Returns era un juego que evidenciaba que Konami estaba en forma y que Batman podía dar mucho de sí. Precisamente, fue algo que veríamos en el mismo batsistema, por la misma batdesarrolladora.

Juan Elías Fernández

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Batman: The Movie


Película: Batman Vuelve

Cómic: Batman Vuelve (adaptación de la película)

Canción: Los Gandules – Batman y Robin

 

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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