La sombra del murciélago

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Créelo o no, pero hace unas tres décadas, Batman no tenía la imagen de vengador oscuro y hombre de recursos inacabables que ahora mismo posee. La película de Tim Burton ayudó a poner el personaje en perspectiva, y su adaptación al videojuego de manos de Ocean supo estar a la altura.

Batman está posiblemente en la cresta de su popularidad desde que en un lejano 1939 fuera ideado por el dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger, pero desde luego la fama no le viene de nuevas. Ahora que esperamos el estreno de su última aparición en pantalla grande, miremos 27 años atrás hasta fijarnos en 1989 y la proyección de Batman, el taquillazo de ese año que llegó para romper con la bonachona efigie de su versión sesentera encarnada por Adam West. Y como no podía ser de otra forma, una película de gran calado es justo lo que recetó el doctor para toda compañía desarrolladora de software con jugosos derechos en su poder. Como por ejemplo, una vieja conocida del superhéroe: Ocean.



Se suele decir, y es verdad que hay argumentos para respaldarlo, que los videojuegos basados en películas no suelen ser precisamente los mejores. No es algo que venga de ahora, pero es que a diferencia de estos tiempos en los que hay muchas más fuentes a la hora de obtener información de un videojuego, hace treinta años los jugadores se tenían que guiar por la portada. Esta es una batallita que habrás oído mil veces, pero no por ello deja de ser cierta. Ahora bien, una potente ilustración de genios como Roger Dean o nuestros patrios Luis Royo o Alfonso Azpiri es un buen reclamo para el joven de los ochenta ávido de gastar su asignación en un videojuego, pero la imagen familiar de la carátula de una película famosa es todavía mejor. Sobre todo porque una portada fruto de la creatividad de un artista podía – era incluso frecuente, de hecho – no reflejar de una manera fidedigna lo que escondía el juego. Pero con una película ya se pisa un terreno conocido puesto que se sabe su argumento y si se ha visto se recuerdan escenas clave. Hay cosas que caben esperar cuando uno juega a Cazafantasmas que en el amenazante búho de Obitus no son tan intuitivas.

Para Ocean no era algo nuevo el trabajar con una película de éxito como material de referencia. Por ejemplo, uno de sus juegos más aclamados, y uno de los que rompe ese tópico de las adaptaciones de cine, fue su Robocop para ordenadores de 8 bits, un juegazo que recreaba ciertos momentos de la pantalla como la identificación de uno de los secuaces de Clarence Boddicker en la base de datos de la policía o el abatimiento de un atracador con rehén de un tiro preciso en un callejón. Tampoco lo era Batman, a quien habían usado en dos juegos anteriores. Una de sus obras maestras, el Batman isométrico de John Ritman y Bernie Drummond de 1986, y la aventura arcade Batman: The Caped Crusader, aunque el desarrollo original pertenecía a otro estudio. Sea como fuere, cuando Ocean Software abordó el desarrollo de Batman: The Movie, tomó notas tanto de uno como de otro. Porque si bien de The Caped Crusader vió qué elementos no debían faltar en la vertiente arcade de Batman, de Robocop le vino muy bien esa filosofía a la hora de diseñar los niveles del juego.

 


 

Todos conocemos la historia del joven Bruce Wayne, pobre niño rico al que el destino y un par de balas en un solitario callejón de Gotham dejaron huérfano y con el juramento personal de dedicar su vida a luchar contra el crimen y convertise en un símbolo que infundiera terror en los delincuentes. Ya de mayor, y tras su pose diurna de millonario filántropo, Bruce utiliza sus vastos recursos y la cueva natural que se encuentra bajo su mansión para dar vida a Batman, el cruzado enmascarado que cada noche sale a combatir a la misma escoria que causó su desgracia y que amenaza con devorar la ciudad. Sin embargo, entre las filas del jefe mafioso Grissom hay un elemento llamado Jack Napier que le va a causar más de un dolor de cabeza, y es que al caer por accidente a una cuba de resíduos químicos tras su encuentro con Batman, Napier quedará desfigurado y psicótico. Desde ese momento, Jack ha muerto y el Joker vive.  Y le reserva su mismo destino a toda la población de Gotham liberando un gas durante el desfile del bicentenario de la ciudad que les dejará para siempre con su característica sonrisa y el efecto secundario de una muerte horrible. Eso será, claro, si Batman no puede evitarlo.



Batman: The Movie opta, como muchos otros juegos de su época, por un desarrollo multifase y multigénero. Para entendernos, a lo largo de sus cinco niveles, como sucedía en el mencionado Robocop, contempla diversos géneros para seguir los pasos del Caballero Oscuro en la película. De esta manera, la andadura la empezábamos en la planta química Axis, donde el largometraje nos dice que el hampón Jack Napier y algunos de los sicarios de su grupo criminal andan haciendo de las suyas. Nuestra tarea es atravesar las instalaciones de la planta usando nuestro fiel gancho con cuerda para elevarnos a plataformas superiores o balancearnos para acceder a otras más separadas. Esto mientras los gangsters nos intentan acribillar o volar en pedazos con granadas, pero nada que un buen batarang a tiempo no arregle. A través de un desarrollo laberíntico y contra el reloj, Batman debe llegar hasta el punto en el que se encuentra Napier y con un certero batarang lanzarlo a la cuba tóxica donde se convertirá en el Joker.

Con su archienemigo ya suelto por Gotham, Batman debe darse prisa en llegar a la Batcueva en la segunda fase al volante del Batmóvil, esquivando el tráfico y siguiendo la dirección que una flecha nos señala haciendo las veces de GPS. El problema son los giros, y es que tal como se ve en el celuloide, la velocidad del Batmóvil hace que tengamos que lanzar una cuerda contra un poste para poder tomar el ángulo de noventa grados sin perder velocidad. Ya frente al Batordenador, Batman debe deducir en un minijuego de puzzles los productos de uso común contaminados del letal compuesto Sonríex que el Joker ha introducido entre la población. Desde luego, esto no detendrá al Payaso del Crimen, que ahora amenaza con liberar el Sonríex en un multitudinario desfile. Y así llegamos a la fase cuatro.

Una fase que consiste en el mencionado desfile y donde ahora a los mandos del Batwing hay que cortar las cuerdas de los globos que contienen el Sonríex y lanzarlos a la estratosfera donde no podrán dañar a nadie. Y en la quinta y última fase, frustrado el plan del Joker, le daremos caza en la catedral de Gotham en un nivel muy similar al primero. Como puedes ver, Ocean hizo su plantilla a partir de estas escenas de referencia del largometraje para poder ganar en fidelidad al material original, si bien a costa de que el juego pudiera perder, sobre el papel algo de consistencia. La verdad es que por entonces no nos importaba. Lo único que importaba era que podíamos poner voz ronca y decir “Soy Batman” con más convencimiento del que habíamos tenido en la vida. 

La calidad de Batman: The Movie recibió elogios en todas sus versiones. Principalmente por ese buen hacer de Ocean en el acabado general, dando un juego que tiene de todo un poco, y que da cancha al jugador al no suponer cada golpe una muerte instantánea. En su lugar, el retrato del alter ego de Bruce Wayne se va convirtiendo en el del Joker progresivamente, un mero detalle pero que se asocia eficazmente a este juego. El apartado sonoro, por supuesto notablemente superior en las versiones de 16 bits, es sin embargo muy bueno en general, con unos acompañamientos musicales que se las apañan para no llegar a resultar cargantes y reflejar el frenetismo de los niveles más acelerados, los de conducción, y el tono más sosegado pero sin pausa de las partes arcade. El control es tan sencillo como para que baste con las cuatro direcciones y el botón del joystick, y si bien el juego no era excesivamente largo, los caminos de esos niveles uno y cinco podían dar para varios intentos si no se memorizaban debidamente.

Batman: The Movie era todo lo que le podíamos pedir a un juego en aquel entonces, ya fuera a una adaptación de película, a un juego de Batman o a un videojuego así en genérico. No en vano para muchos medios fue el juego del año, al menos en lo que a ordenadores se refiere. Ya se sabe que estas cosas siempre admiten mucho debate, pero hay algo en lo que estaremos de acuerdo: que pocos planes hay mejores para divertirse como si fuera 1989 que darse una sesión contínua de Batman, la película, y Batman, el videojuego. No hacía falta ver una batseñal en el cielo para ponernos con ello.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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