Hermanos hasta el fin

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Hay quienes se quedan en el tópico, quienes aún no ven más allá, quienes piensan que los videojuegos son cosa exclusivamente de niños, adolescentes, frikis y tiros.

Pero quienes ven el mundo así es o porque no juegan o porque no han probado lo suficiente a obras que transgreden ese tópico.

Y una de esas obras podría ser perfectamente Brothers: A Tale of Two Sons. El juego es el nuevo trabajo de Starbreeze Studios que este mismo año también estrenará el esperado Payday 2 y que es uno de esos juegos que dejan poso.

Probablemente Brothers sea uno de los juegos con el argumento más triste que podamos recordar: nada más arrancar la aventura vemos a un niño delante de la tumba de la que es su madre. La mujer se ahogó en una noche de tormenta en la que iba en barca con su hijo y este no pudo hacer nada para salvarla pues el miedo y la edad le impedían poder hacerlo. Duro, ¿verdad?

Pues este no es el desencadenante trágico de la aventura: después del flashback vemos aparecer al hermano mayor del que velaba la tumba que entra en escena con el padre de ambos postrado en una camilla y aquejado de una terrible enfermedad. Los dos hermanos, para salvar a su padre, tendrán que arrancar un viaje épico en busca de un árbol de cuyo interior brota un agua sanadora.

Este viaje épico es el que vamos a disfrutar en Brothers como si fuéramos niños que salen por primera vez de casa. La premisa argumental probablemente ya la hayamos visto en cine más de una y dos veces, pero en un videojuego no es habitual encontrarse con tramas tan serias y emotivas. La salida es sencilla pero la épica del viaje es lo que da sentido a este juego.

Además de su curiosa jugabilidad: en Brothers manejamos a los dos hermanos que tendrán que ir colaborando para resolver una serie de sencillos puzles que les permitan avanzar en su camino. Estamos, por tanto, ante un juego que combina los puzles y las plataformas pero en el que lo realmente importante es el paseo por el mundo que nos han diseñado.

Has dicho que tenía algo curioso, ¿no? Sí. El juego nos obliga a manejar a los dos hermanos pero debemos hacerlo a la vez y siendo un solo jugador (salvo que queráis enganchar un único mando dos personas). Nuestros comandos son muy fáciles: con una cruceta movemos a un hermano y tenemos un botón de acción que nos permitirá coger palancas, agarrarnos a salientes, saltar y demás cosas varias. Y todo esto lo tendremos que duplicar, y de ahí la ligera dificultad, para el lado derecho y al tiempo para manejar al segundo hermano.

Una dinámica muy divertida que nos obligará en muchas ocasiones a partir nuestro cerebro en dos, sincronizar muy bien a los dos hermanos y tener que realizar varias acciones distintas de manera simultánea.

Habrá momentos en los que tranquilamente podamos manejar primero a un hermano y luego al segundo pero en otros tendremos que sacar adelante esa doble personalidad que nuestro psicólogo no quiere que hagamos aflorar.

Es más, cuando llevamos unos minutos con el juego, nos va a encantar siempre manejar a los dos hermanos a la vez, porque es más ágil y le da mucha salsa al juego. No es nada complejo el asunto siempre y cuando nos organicemos bien y coloquemos a cada hermano en el lado de la pantalla que corresponda al lado de su control.

Pero tenéis que tener una cosa en cuenta que aún no os hemos contado: los hermanos protagonistas del juego se llevan bastante diferencia de edad el uno del otro. El pequeño es más impulsivo, algo más rápido y se puede meter por zonas estrechas por las que su hermano mayor no entra. El mayor es más fuerte, más alto y calmado.

De aquí que el viaje no pueda continuar si ambos hermanos no están juntos constantemente, y muchas de las resoluciones de los puzles se hacen colocando a cada hermano en la función correcta que tienen que ocupar. Por ejemplo, para acceder a una zona alta, el hermano mayor puede agacharse y colocarse como saltador para lanzar a su hermano pequeño a la cornisa. O tendremos que atravesar un campo vigilado por un perro rabioso, en el que un hermano tendrá que distraer al perro para que el otro salga corriendo hasta una zona más adelantada, para después cambiar la función de distracciónavance y repetirlo varias veces hasta atravesar la zona.

Insistimos que todo al mismo tiempo. Para que os hagáis una idea de hasta donde se puede llegar, hay una zona en la que con el hermano pequeño tendremos que coger una llave que guarda un troll (un forero rabioso no, un troll fantástico) sin pisar los huesos del suelo para llamar su atención; después de cogerla y ayudar a otro personaje.

Este altera al susodicho troll y tendremos con el hermano pequeño que vacilar al troll mientras que el mayor toma posición con una palanca; cuando estemos en la palanca hacer que el pequeño pase por la jaula que acabamos de abrir con la llave, atraer al troll hasta el interior de la jaula vacilándole nuevamente; una vez dentro salir rápidamente con el pequeño entre los barrotes y cerrar con el mayor a golpe de palanca la celda. Así es más o menos la tónica general del juego llena de soluciones imaginativas que vamos a encontrar fácilmente (demasiado fácilmente tal vez).

Otros momentos de jugabilidad geniales son cuando estamos atravesando precipicios con ambos hermanos al tiempo: si nos liamos (cosa nada difícil) y confundimos con qué botón se estaba agarrando uno y con cual el otro y cual teníamos que soltar en determinado momento, os podéis despedir de la aventura después de saludar al personal en la caída hasta que demos contra el suelo.

Además, Brothers: A Tale of Two Sons ha conseguido lo impensable: que la típica situación que se da en las mudanzas de mover un sofá por las escaleras entre dos porque el ascensor se ha estropeado sea divertida. Lo malo es que nos tengamos que gritar a nosotros mismos y nuestra doble personalidad aquello de "endereza, endereza".

Aún así, con todo lo dicho hasta aquí, os aseguramos que lo grande de Brothers: A Tale of Two Sons, no es lo que lo convierte en videojuego. Lo grande del título es su carácter cinematográfico y de viaje. En buena parte del juego nuestro único objetivo será pasear por un mundo magnífico, gigante, lleno de pasajes naturales y muy pero que muy variados.

El disfrute proviene de la impresionante labor de diseño de todos los escenarios (algo más descuidado es el de los protagonistas pero responde a que los podamos tener localizados en todo momento). ¿Recordáis la majestuosidad de las ambientaciones de El Señor de Los Anillos o, más recientemente, El Hobbit? Pues ese es el rollo pero llevado a videojuego y visto bajo la perspectiva de dos hermanos, dos chavales pequeños a los que el mundo y su viaje les vienen enormemente grandes.

Además, según arrancamos el juego y hasta que no llevamos un buen tramo, pensamos que estamos ante una ambientación medieval con sus aldeas y sus gentes. Y nos costará descubrir que realmente estamos ante una fantasía medieval que los niños van descubriendo plagada de monstruos, algunos horribles y otros que nos serán de una ayuda bárbara.

Una forma distinta de entender lo que es un videojuego, en suma, que no gustará a los que no disfruten con la contemplación y los juegos tremendamente tranquilos pero que fascinará a los que os guste acometer los típicos viajes personales en los que los protagonistas evolucionan a lo road movie fantástica.

Si a esto le sumáis la enorme tragedia de su argumento, la increíble variedad de situaciones, los momentos oníricos en los que se nos podrá la piel de gallina, uno de los momentos más duros que nos han permitido jugar en un videojuego actual (no os desvelamos cuál pero cuando lo veáis nos entenderéis) y el descorazonador y desesperanzador final del juego, Brothers: A Tale of Two Sons es un juego que deja poso.

Néstor García

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Jugabilidad: una idea genial la de convertirnos en un personaje con dos cuerpos y dos cabezas que tendremos que manejar siempre al tiempo. Maravilloso

Gráficos: el diseño de los monumentales escenarios ya merece el gasto del juego para poder disfrutarlos. Algo más descuidado es el trabajo sobre los protagonistas.

Sonido: los personajes hablan un idioma inventado pero siempre se entiende perfectamente qué está pasando. La banda sonora va de lo épico a lo enormemente melancólico y doloroso de manera magistral. Aunque muchas veces prime el silencio y los ambientes.

Duración: su punto más flojo pues en unas tres horas habremos dado por concluida la aventura. Habrá secretos que se nos pasen en un primer viaje pero no lo suficientemente alentadores como para repetirlo. Sin embargo, su duración es la exacta y necesaria para que la aventura y el sentimiento que se quiere transmitir ni se pierda ni adolezca de falta de ritmo.

Conclusión: Nunca pensamos que en un juego en el que la inmensa mayoría de la aventura iba a consistir en pasear nos iba a divertir tanto. Un título adulto pensado en su jugabilidad para todos los públicos y con una de las tramas más tristes, duras y emotivas que recordamos. Dejará poso siempre que entréis en la tónica de este juego que solo podría salir del mercado indie y os gusten las aventuras tranquilas y de contemplación.
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Si te ha gustado te gustará

The Cave

No te quedes solo en el juego

Película: La tumba de las luciérnagas, de Isao Takahata

Una serie: David, El Gnomo

Un libro: El Hobbit de Tolkien.

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