AlfaBetaRETRO: Cadash – Mi rollo es el rol

No deja de tener su guasa que un país como Japón, con una riquísima cultura, mitología y leyendas propias a cuestas, experimente a principios de los ochenta una verdadera fiebre hacia el rol con toques medievales occidentales, y más concretamente, europeos, claro. La culpa la tiene Wizardry, la vetusta serie de Sir-Tech que nació en Apple II y que a bordo de sistemas como el MSX cruzó el gran charco para conquistar la tierra de los samuráis. Resulta que a los japoneses les entusiasmaron las aventuras de toque tolkeniano, y tan fue así que abrazaron la imaginería de fantasía épica con verdadera devoción.

Y es que si algo han sabido hacer los nipones de manera tradicional es tomar algo y darle un giro propio para mostrarlo a su manera, muchas veces para mostrar que dicha manera podía incluso superar al original. El rol japonés, pese a tomar muchos elementos occidentales, ha llegado a ser un género en sí mismo. Pero más allá de la mecánica utilizada, hay algo especial en este tipo de aventuras gestadas en las islas. Algo en el tono, en la importancia de los objetos, en los propios personajes que se antoja muy distinto a las gestas occidentales.

Por ejemplo, llevar una aventura rolera a los recreativos es algo que, tal y como se planteaban los videojuegos basados en juegos de rol en occidente, mucho más sesudos y para tomárselos en casa con calma, no parecía viable. Pero eso no detuvo a desarrolladoras como Namco, Sega o Taito. En el término medio está la virtud, y si el público de los arcades quiere acción, pero al mismo tiempo sentirse dentro de un RPG, se puede dar con la fórmula. Dragon Buster, Wonder Boy in Monsterland en menor medida, y Cadash en mayor, fueron algunas de las máquinas que apelaron a esta receta híbrida. Vamos a centrarnos en la última de ella, la de Taito, un juego para hasta cuatro jugadores simultáneos que te embarca en la aventura por cinco duros.

El pacífico reino de Deerzar ha sido atacado por el malvado dragón Baarogue (una transcripción fonética de Balrog), y ya puestos se ha llevado a la princesa Salassa tras atacar hasta el reino de Cadash. Cuatro héroes acuden a la llamada del rey para afrontar una misión de rescate: Un guerrero, un mago, una sacerdotisa y un ninja, cada uno con sus propias armas y habilidades que irán en aumento conforme ganen experiencia. Les hará falta para cruzar Cadash y acabar con Balrog de una vez por todas, juntos o por separado.

Jugar a un juego de rol de dados y papel y jugar a un videojuego son experiencias muy diferentes, pero cada una muy satisfactoria por sí misma. Dicho esto, los juegos de rol ofrecen elementos característicos que, si se saben mezclar con otros inherentes a los videojuegos, pueden ser dar pie a algo muy interesante. Taito lo llevó a la práctica con Cadash, y la idea era la monda. ¿Se puede hacer una recreativa de un juego de rol, con sus clases de personaje, sus niveles, sus puntos de experiencia, el poder lanzar conjuros y mejorar equipo, y ojo al órdago, con solo dos botones de control? Pues sí que se puede. Y aunque habrá quien diga que cojea de ambos lados por querer abarcar todo, pues mira, tiene razón. Pero el conjunto sigue siendo bastante satisfactorio como para darle una oportunidad.

Cadash nos presenta en su intro con la típica historia del rescate principesco y nos da a elegir, una vez echamos la moneda y todos los jugadores pertinentes reclaman su sitio en la partida, entre uno de cuatro posibles personajes. El clásico guerrero, apto para los principiantes por contar con buen ataque y defensa, pero cero magia. El mago, que puede lanzar poderosos conjuros y aprender otros nuevos rápidamente, pero es un señor lento con achaques y que no está para tantos trotes. La sacerdotisa, el imprescindible clérigo que disponga de magia de curación, y una cadena para atacar con un alcance decente, que no viene mal. Y para ir rompiendo ya los esquemas, un ninja, que se note que la denominación de origen. No es baladí esto, ya que hay juegos de temática épico-fantástica que disponen de esta exótica clase. Pues Cadash ya le echa bemoles, ya ves, y es ya que se va a orientar a la acción de manera poco disimulada, nunca sobra un buen ninja que lance proyectiles. Eso sí, de equiparle con defensas, olvídate.

Con ellos tenemos que atravesar los cinco niveles que conforman el juego, y por extensión el reino de Cadash, desfaciendo los entuertos con los que nos topemos en el camino a base de hablar con los NPCs. Así sabremos que algunas pobres almas en apuros que, a cambio de nuestra ayuda, nos pueden echar una mano premiándonos con determinados objetos para hacer nuestra misión más fácil. Uno de los elementos que siempre gusta en el rol nipón, este de los objetos maravillosos obtenibles en misiones secundarias. Los niveles son bastante lineales, pero ojo, porque en alguna ocasión tendremos que volver sobre nuestros pasos, e incluso rebuscar bien para dar con paredes falsas y acceder a zonas ocultas. En ciertos puntos nos las veremos con algún monstruo de tremendo tamaño y aviesas intenciones con el que batirnos el cobre, y que con su derrota podamos seguir en nuestro progreso.

Y hablando de progreso, pese a estar en un arcade, nuestro personaje subirá niveles conforme vaya masacrando a los enemigos con que se tope gracias a la experiencia obtenida, como mandan los cánones. Esto hará que se vuelva más resistente, fuerte y ágil, aunque notaremos especialmente lo primero más que el resto de características. Más que nada porque, entre zona y zona, podremos acceder a aldeas en donde, como es de precepto, podremos recuperarnos en posadas y avituallarnos en tiendas de objetos y armamento, y esto hará que podamos conseguir, si tenemos bastante oro, nuevas piezas de equipo que reemplazarán a ojos vista a las anteriores, y que se traducirán en mejores armas, o armaduras, si el personaje permite su uso. Con esto, para cuando nos enfrentemos a Balrog podemos ir con nuestros héroes hechos un dorado pincel gracias al mejor equipo posible. Pero si hemos subido bastantes niveles, sus características nos echarán un cable.

Cadash es un juego que cumple con lo que cabe esperar de Taito. Es un arcade colorido, de aspecto muy alegre sin ser en absoluto caricaturesco, pese a la seriedad de la situación y el estar atravesando, en teoría, lugares terribles. Pero como pasaba en Rastan, del que esta máquina tiene ciertos ramalazos, incluso las áreas más tétricas no son sino un escenario más y no están pensadas para provocar tensión en el jugador, que bastante tiene con lidiar con los enemigos que acuden en manada, y que no solo pueden provocar que la barra de salud disminuya, sino que algunos envenenarán al personaje salvo que llevemos encima antídotos. El uso automático de objetos hace que nos olvidemos del inventario, nuestro héroe o heroína tomará elixires o hierbas cuando su salud esté en las últimas, o se curará del veneno según contraiga la afección. Puede parecer inconveniente, pero es un dolor de cabeza menos en un afán simplificador que requiere el soporte arcade. Incluso los conjuros no tienen secreto alguno. Solo mantener pulsado el botón de ataque hará que circule una rueda de éstos y se lance, a cambio de los puntos de magia indicados, el que esté seleccionado en ese momento.

El juego dispone de personajes de buen tamaño, pero ni su velocidad de ataque, salvo en el caso del ninja, ni su agilidad de buenas a primeras son como para echar cohetes. Incluso a niveles altos, los inmisericordes ataques de enemigos harán que suframos castigo, a menos que coordinemos nuestros movimientos a la perfección. Y si le sumamos que tenemos que ir contrarreloj, con un contador que añade 10 valiosos minutos cada vez que completamos una zona, ahí es donde radica la tensión del juego, que no nos da pie a perder mucho tiempo en farmear, como haríamos en otras condiciones. No es Cadash un dechado de control, tampoco es que sea horrible, pero tiene algo que muchos ya quisieran. La capacidad de unir dos muebles para que los cuatro personajes puedan participar simultáneamente, proporcionando así una experiencia completa poco frecuente en un juego de este tipo. Y muy agradecida.

Este primer ejemplo de lo que sería una recreativa de Dungeons & Dragons, y del que luego Capcom tomaría buena nota años después, dispuso de conversión para Mega Drive y para Turbografx-16, sin que ninguna de ellas llegase a Europa. En Mega Drive, la verdad es que nos perdimos una adaptación que reflejaba la mecánica original de manera bastante decente, y sustituye el ítem para poder comprar más tiempo por créditos extras. Pero a cambio sacrificaba a la sacerdotisa y al ninja para quedarse con el guerrero y el mago únicamente. Eso sí, dando opción al juego cooperativo entre ellos. La versión de Turbografx-16 y PC Engine, en cambio, dispone de los cuatro personajes y de un mayor colorido… pero cuando mueren se acabó ya que no da opción de continuar. Salvo que conozcas cierto truco en forma de código para ganar unas pocas oportunidades más.

Sea como fuere, Cadash es un juego de Taito que une mediante un mágico lazo dos mundos tan dispares y separados como el rol y los recreativos. Algo que se ha hecho pocas veces, pero que generalmente siempre ha valido la pena. Y si tu máster no te deja introducir un ninja en la campaña de D&D, ya sabes dónde acudir.

Juan Elías Fernández

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