La llamada de la guerra

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El fenómeno Call of Duty sigue adelante, con una nueva e intensa entrega que profundiza aún más en las raíces visuales y jugables de la serie.

Si algo funciona, para qué cambiarlo. Eso ha debido de pensar Treyarch a la hora de desarrollar esta nueva entrega del conocido juego de acción Call of Duty. Después de no pocas polémicas alrededor del desarrollo de este título, Activision ha demostrado que su serie está lista para seguir liderando los juegos de guerra una temporada más. Partido en casa, victoria segura.

En primera línea

Black Ops mantiene, como decíamos, las principales características de los últimos Call of Duty. Es decir, un juego de acción en primera persona que nos lleva alrededor del mundo en diversas misiones. Su trama destaca por su intenso desarrollo -totalmente cinematográfico- y adictiva jugabilidad, mientras que la completa oferta de modos online hace el resto.

A pesar de seguir los cánones de un género que su propia saga ha ayudado a definir, este nuevo Call of Duty presenta una variedad de situaciones considerables. Tan pronto estamos en un conflicto bélico de los setenta -como Vietnam-, que luchando en una guerra actual. Además, Black Ops tiene un argumento que, si bien no va a revolucionar los juegos de acción, es de lo más completo que hemos visto últimamente, con escenas en forma de flashback y suspense suficiente como para atraparnos.

Pero claro, si algo destaca en el juego son sus escenas de acción. El control de Black Ops sigue siendo cómodo e intuitivo y la dificultad está perfectamente ajustada (además el título nos permite elegir entre varios modos distintos, en función a nuestros nivel y experiencia). En este sentido, resulta recomendable elegir, a poco diestros que seamos, uno de los más elevados, para que las siete u ocho horas que dura el título no se terminen en un suspiro.

Por su parte, también se ha vuelto a las raíces más directas y “pasilleras” de la serie. No es que Modern Warfare 2 fuera Fallout precisamente, pero aún así sí ofrecía escenarios algo más abiertos y amplios. En esta ocasión Treyarch ha optado por una experiencia algo más encorsetada, si bien es cierto que eso no resta intensidad ni emoción al desarrollo. Simplemente en algunos momentos de la impresión de que todo sigue un guión demasiado rígido y prefijado. Pero eso es algo que, a fin de cuentas, siempre ha estado presente en todos los Call of Duty. Esta falta de libertad, no obstante, se camufla un poco cuando manejamos vehículos o gracias a las contundentes y sangrientas escenas adultas que salpican el juego.

Con respecto a la experiencia compartida, al multijugador, Black Ops recupera el célebre modo Zombi que tanta fama diera a la serie en el pasado. De nuevo podemos enfrentarnos a hordas de muertos vivientes junto a otros jugadores, en un contraste absoluto con el hollywoodiense modo campaña. Por lo demás, el alto número de modos (Todos Contra Todos, Tomar la Bandera, etc.), sus muchas posibilidades de personalización y el generoso arsenal hacen que estemos ante el mayor aliciente del juego, al menos una vez finalizada la historia individual.

Por último, Black Ops cuenta con un acabado gráfico resultón, en el que destacan el aspecto de los personajes, así como los efectos (explosiones, luces y demás). No obstante, los escenarios, si bien cumplen, no brillan tanto como otras superproducciones actuales. Aún así, el título entra por los ojos y tiene en su cuidado trabajo audiovisual uno de sus atractivos básicos.

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