Un Rey Arturo a la española

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Apareces en mitad de la Edad Media ataviado con una espada y con una misión entre ceja y ceja: conseguir el Fuego que no quema, la Voz de otro mundo, el Espejo de la sabiduría y el Elixir de la vida. Esto es Camelot Warriors.

Corrían los primeros meses de 1986 cuando Dinamic lanzaba Camelot Warriors, uno de esos títulos que la pondrían en el Olimpo español de los 8 bits y con los que la firma de los Ruiz se iba superando a cada entrega.

Después de haber lanzado un buen puñado de títulos a lo largo de 1984 y 1985 y de haber dado forma a su primera franquicia con letras mayúsculas (la de Johny Jones, que protagonizaría Saimazoom, Babaliba y el clásico Abu Simbel Profanation), los Ruiz seguían dando pasos cada vez más grandes.

De esa premisa inicial surgió Camelot Warriors, un título pensado para arrasar con un mercado que poco a poco veía cómo aparecían varios competidores, aquí y allá, en lo que se refería a la escena española.  No hay que olvidar que ese 86 verían la luz clásicos como El Misterio del Nilo o Las Tres Luces de Glaurung.

Camelot Warriors apostaba, como ya hemos explicado en esta sección, por los grandes rasgos que hacían de Dinamic el líder del mercado español: unos gráficos sobresalientes, una jugabilidad ajustada (o muy puñetera, si lo miramos en estos tiempos que corren hoy en día) y, para colmo, supuso el primer título de la compañía para el que se creó una precampaña. Sí, eso que hoy en día llamamos hype.

Lo explica Pablo Ruiz, uno de los responsables del estudio: “El juego se nos retrasó así que le encargamos a Azpiri que nos hiciera varios carteles para ir colgando en Microhobby en las semanas previas al lanzamiento. Conseguimos conseguir ese retraso en una expectación que hizo que se dispararan las ventas en los primeros días. Recuerdo un cartel que decía, ‘¿Qué se cuece en la Mansión Dinamic?’”

 

 

“El retraso del Camelot Warriors, eso se cocía”, responde entre risas Víctor Ruiz, programador del título, mientras explican los entresijos de su desarrollo.

Esas primeras ventas espectaculares estuvieron unidas a otro aspecto novedoso hasta ese momento, la introducción del SD1, una protección anticopia por hardware que consiguió que el juego tardara la friolera de unos veinte días en aparecer por el Rastro madrileño, y que no era otra cosa que una pieza que se acoplaba al ordenador de turno y que le decía a este si el juego era original o pirata. Como de costumbre en aquellos años, la medida duró lo que tardaron los piratas en desproteger el título.

Si la acogida de Camelot Warriors entre el público fue genial, también lo fue entre la prensa. Microhobby, el clásico del videojuego español de aquellos años, no dudaba en decir que el título era el mejor que Dinamic había hecho hasta la fecha, una cantinela que, afortunadamente para los Ruiz, se iba repitiendo cada pocos meses con cada nuevo lanzamiento.

Este Camelot Warriors fue, además, el último título que Dinamic desarrollaría en la llamada Mansion Dinamic. Con los años, desde ese mayo de 1984 en el que todo echó a andar, los Ruiz habían invadido, literalmente, el hogar familiar. Camelot Warriors y su éxito fueron el empujón definitivo que les llevó a buscarse la vida lejos del calor familiar. El destino iba a ser la Torre de Madrid y lo que surgió a partir de ahí lo iremos repasando en esta misma sección…

Jaume Esteve, colaborador de AlfaBetaJuega y autor de “Ocho Quilates. Una historia de la Edad de Oro del software español”, donde podrás encontrar historias como la de Camelot Warriors.

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– No te quedes solo en el juego

Película: El primer caballero de Jerry Zucker

Novela: El Rey Arturo: El hijo del dragón de M.K.Hume

Canción: Molinos de Viento de Mago de Oz

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