Oh capitán, mi capitán

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El futuro, un supervillano genetista y cuatro tipos totalmente diferentes que solo comparten su afición por dar tortazos. A Capcom no le hacía falta más para dejarnos Captain Commando, una de las recreativas con las que se nos dio a conocer.

Cuando ya estaban entrados los años ochenta y la consola Nintendo Enteraintment System hacía las delicias de los más jóvenes en su sala de estar, las cajas de algunos de los juegos de este sistema veían un invitado inesperado. Para ser concretos, se trataba de algunos de los juegos de Capcom, que a base de conversiones de sus máquinas recreativas se iba labrando un nombre en el mercado doméstico. Era una época en la que las mascotas corporativas eran los mejores portavoces para una compañía, y si calaban entre la chavalada, mejor que mejor.

Desde Capcom USA se intentó hacer una mascota propia que, además, fuera una especie de relaciones públicas de la desarrolladora. De este modo, y al igual que vimos a Joaquín Prat recomendarnos cintas de VHS, un tal Capitán Commando aparecía en la parte trasera de las cajas de juegos para NES hechos por Capcom felicitando a los nuevos compradores por haberse llevado a su casa un nuevo, emocionante y divertidísimo cartucho de la compañía japonesa. Y para que no quedaran dudas, hasta firmaba estas declaraciones de su puño y letra. Qué majo.



Lo único, que no inspiraba demasiado el que esas palabras vinieran de un tipo con un par de medallazas de oro y dudoso sentido de la estética como el que figuraba en la ilustración que lo representaba disparando con desgana dos pistolas. Para la siguiente hornada, se imponía un cambio de imagen para el capitán, que debía parecer más héroe espacial y menos carne de envoltorio de chicle. Dicho y hecho, para una nueva tanda de juegos de Capcom, el Capitán Commando luciría unas pintas entre piloto de caza y astronauta. Y como todo es mejor con monos, se le añadía una especie de primate azulado sobre su gallardo hombro.

Pues bien, no está claro si fue por el mono o por la mirada “acero azul” del capitán, pero el caso es que cuando Capcom planificó sus próximos beat’em up después del éxito de Final Fight, fue su mascota Captain Commando el personaje que se decidió que contaría con juego propio. Para ello aprovecharían el motor de Final Fight y plantearían un juego mucho más salvaje y desenfadado, ergo, más divertido. No sería el motor lo único que tomasen del juego que, originalmente, iba a ser la secuela de Street Fighter, sino que su escenario, Metro City, sería también el entorno en el que se situaría este nuevo arcarde. La diferencia es que desde que Mike Haggar ocupase la alcaldía hasta el lejano año 2026, muchas cosas han pasado.

Por ejemplo, que en vez de pandilleros y una organización criminal son las tropas mutantes de un supervillano con el vicio de manipular genes las que aterrorizan las calles de Metro City y sus inmensos alrededores. Pero por suerte, contamos con el Capitán Commando y sus tres compañeros de fatigas, a quienes no hay más que ver para darse cuenta de que Capcom se había soltado la melena en este desarrollo.



El propio Capitán Commando vio su aspecto rediseñado, muchos dirán que por suerte, desde las tierras del sol naciente para darnos un héroe más presentable que incluso haría carrera en posteriores juegos de la compañía. El traje de este justiciero le permite llevar a cabo un ataque con el que, gracias a un puñetazo en el suelo, se libera una sacudida eléctrica que tumba a los enemigos cercanos. Entre el repertorio figura también un ataque en salto con el que se dispara una llamarada de fuego que puede carbonizar a los enemigos si consume su salud restante.

Y junto al Capitán Commando llegan otros tres “comandos” muy diferentes y cada uno con su estilo particular. En la línea de este género, encontramos personajes que destacan también por su fuerza o su velocidad, mientras que, en principio, el protagonista sería el más equilibrado. Pero estos son todo un delirio: una momia con gorra (Mack The Knife, alias “Mummy Commando”), un ninja (Ginzu, “Ninja Commando”) y el redoble de tambor, un bebé superinteligente pilotando un robot bípedo construido por él mismo con el que puede entrar en combate (Baby Head, “Baby Commando”). Juntos forman el “Commando Team”, con la misión de derrotar a Scumocide, el villano de la función.

Esto lo haremos a base de repartir leña al estilo de Final Fight, y de hecho podemos hacer muchos movimientos que son calcados a los de este arcade, incluyendo la posibilidad de agarrar y arrojar a los enemigos. Corriendo y atacando, o lanzando un ataque en salto, ejecutamos golpes diferentes y con la pulsación simultánea de los dos botones desencadenamos una técnica devastadora de cada personaje. Captain Commando no se anda con chiquitas y deja claro que va a ir más a lo bruto desde el momento en el que vemos que algunos de los personajes, concretamente Ginzu y Mack, pueden cortar por la mitad a los enemigos y reducirlos a polvo y huesos respectivamente, proporcionándoles una muerte horrible. Pero además, podemos mandar a los adversarios al otro barrio usando lanzagranadas, pistolas de rayos o pilotando unos robots de los que previamente habrá que derribarles para que prueben su propia medicina. Además de pistolas, ametralladoras, martillos o estrellas ninja que encontraremos también.

Los enemigos tienen un punto entre cómico y estrambótico que acentúa aún más lo alocado de un juego en el que atravesamos zonas como la ciudad, un museo, un circo o una base espacial casi sin solución de continuidad. Y como sucede en Final Fight, Capcom hace uso del cambio de paleta para multiplicar la variedad de estos. Ahora bien, hay unos cuantos diseños de personaje, todos bastante curiosos, y no faltan los jefes de gran tamaño. La jugabilidad tiene el grado de excelencia a los que Capcom nos acostumbró en los recreativos, y la diversión que ofrecía este juego le hizo valedor de ser una de las máquinas míticas a las que ofrecíamos en tributo nuestras monedas de cinco duros. Ni qué decir tiene que jugar a Captain Commando con un amigo es garantía de pasar un más que buen rato.

Con estas credenciales, Capcom portó el juego a Super Nintendo dejándose por el camino algunas cosas como los robots pilotables o las defunciones por incineración, desintegración y separación del tronco por causa de espadazo. Aunque no evita que sea un cartucho muy disfrutable, con el comprensible salto técnico a favor de la recreativa. PlayStation fue la siguiente parada del Capitán antes de regresar en los recopilatorios para PlayStation 2 y PlayStation Portable de los clásicos de la compañía. Y si tenemos en cuenta que el Capitán Commando fichó por los crossovers Marvel vs. Capcom y Namco X Capcom además de aparecer en otros juegos de la compañía a modo de guiño, podemos concluir que, en el fondo, mereció la pena llevar ese mono al hombro. No estaría mal que el Capitán volviera por sus fueros, incluso si es en un juego tan disparatado como su recreativa. A veces necesitamos héroes que no se tomen demasiado en serio, suelen ser los mejores.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Guardianes de la Galaxia, de James Gunn

Canción: Robert Tepper – Angel of the City

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