Plataformas mágicas

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Los videojuegos no son algo nuevo para Mickey Mouse. La imagen de Disney por excelencia ha protagonizado bastantes títulos que se remontan a mucho tiempo atrás. Pero uno de los más memorables fue el que le dispensó Sega en Castle of Illusion.

Warren Spector ha rescatado a Mickey Mouse para los videojuegos, pero el ratón más famoso del mundo ya gozó de sus días de vino y rosas en forma de bits y píxeles. A fin de cuentas, la de Disney es una licencia muy golosa en unos tiempos en los que la todopoderosa multinacional aún no tiene su propia rama de software. Hablamos de 1990 y las consolas ya están claramente en auge. Mickey había hecho ya sus pinitos desde 1983 con una adaptación de El Aprendiz de Brujo para la tan vetusta como ilustre Atari 2600, y desde entonces apareció en un par de títulos para ordenadores personales y otros tantos para NES y Game Boy respectivamente.

Sega tenía entre manos por entonces su consola Megadrive, a la que le vendría bien que el orejudo roedor se pasase por su catálogo. Dicho y hecho, la desarrolladora llegó a un acuerdo por los derechos del personaje y puso a su grupo AM7 manos a la obra. Y el resultado fue realmente memorable, un clásico que seguro que más de uno y de dos habrán recordado con nostalgia solo con ver su título. Castle of Illusion Starring Mickey Mouse fue como se llamó a este cartucho que se editó en noviembre de 1990 para la consola de 16 bits de Sega, pero que curiosamente sea quizá más recordado por sus versiones para 8 bits, siendo una de las joyas del catálogo de Master System y de la portátil Game Gear.

El triunvirato de consolas de Sega en los noventa contó de esta manera con un juego de plataformas con scroll lateral, fórmula muy apreciada y sumamente agradecida por entonces, en el que realmente no intervenían más que dos personajes de Disney: Mickey Mouse, como es obvio, y su eterna novia Minnie Mouse, los cuales se hallan retozando alegremente cuando entra en escena la bruja Mizrabel, de cierto parecido con la forma que adopta la Reina en la película Blancanieves, pero no saltemos a conclusiones todavía. La arrugada hechicera está celosa de la popularidad de Minnie y por ello decide llevársela a su castillo para hacer un intercambio de papeles. Minnie se volverá fea y malvada mientras que ella recuperará su juventud y belleza. Mal panorama para Mickey, que se queda compuesto y sin novia a menos que tome cartas en el asunto.

Por tanto, nuestra misión en Castle of Illusion consiste en entrar en el castillo que da título al juego donde podrá encontrar a la bruja y a Minnie, llevar a cabo el pertinente rescate y volver al prado a seguir bailando entre risas. Lo malo es que el castillo está protegido por el poder del Amo de las Ilusiones y eso significa que deberemos encontrar siete gemas con los colores del arco iris para que nos lleven a la auténtica ubicación de Mizrabel y tener el enfrentamiento final.

Mickey tenía que atravesar cinco niveles previos a esta última fase, la más larga de todas, en los que le aguardan sus correspondientes jefes de nivel custodiando cada una de las gemas. Pero los lectores avispados se habrán percatado de que las cuentas no salen. Las dos gemas que faltan se encuentran ocultas en dos de los niveles, de modo que tendremos que estar al tanto para no dejárnoslas y poder acceder a esa última zona del juego.

 

 

Sega supo imprimir a Castle of Illusion de una jugabilidad realmente notable. En la mejor tradición del género, el juego nos obligaba a medir bien los saltos en determinados momentos para conseguir avanzar sin precipitarnos al vacío, algo que no resultaba mucho más problema que el que nuestra coordinación supusiera. De hecho, Mickey se movía muy, pero que muy bien, con unas animaciones y una suavidad inusitadas por entonces.

La agilidad, por tanto no era un problema para el ratón, pero quedaba el aspecto de cómo hacer frente a los enemigos. Y es que en Castle of Ilusion, Mickey Mouse usaba un arma pocas veces empleada y, sinceramente, muy efectiva: su pompis. Nuestra forma de ataque no era instantánea sino que en pleno salto teníamos que pulsar abajo y el botón de acción para que Mickey encogiera sus piernas y aterrizara sobre sus posaderas encima de enemigos, objetos destructibles o cofres con monedas, pasteles que recuperaban la salud o vidas extra, pudiendo incluso rebotar para acceder a zonas altas o encadenar varios culetazos seguidos.

Pero las nalgas del ratón no eran nuestra única opción si por las cercanías dábamos con alguno de los mencionados objetos, que dependiendo de la temática del nivel tomaban la forma de rocas, manzanas, pelotas, tornillos o cualquier otra cosa susceptible de ser levantada a pulso y arrojada. Una mecánica que en la versión de Megadrive fue sustituida por el fiel disparo de toda la vida, pasando a ser estos objetos la munición que íbamos recogiendo por el camino.

No fue la única diferencia entre la versión de Megadrive y las de sus hermanas. El puente entre los 16 y los 8 bits quedaba patente, por supuesto, en los gráficos pero también en los diseños de los niveles, los enemigos y algunos elementos como las lianas para balancearse. Sin embargo, estas versiones de Master System y de Game Gear, prácticamente idénticas, mantuvieron estupendamente el tipo con un colorido excelente, unos sprites vistosos y una banda sonora de Tokuhiko Uwabo de esas que luego llevas tarareando durante un par de días. En suma, todos estos elementos junto con una buena curva de dificultad daban como resultado un juego delicioso, divertidísimo de jugar y que invitaba a superar sus niveles una y otro vez.

Sega se doctoró cum laude con Disney, y su excelente trabajo le valió tres secuelas a Castle of Illusion, formando una serie que se completó con Land of Illusion para Master System y Game Gear, World of Illusion para Megadrive, que además incorporaba a la acción al Pato Donald, y Legend of illusion para Game Gear, aunque con una versión para Master System que solo se lanzó en Brasil, país muy devoto de la consola. Precisamente estos juegos, especialmente Castle of Illusion, pretenden ser el referente de Epic Mickey: Mundo Misterioso para 3DS en un tributo que, si sale como esperamos, podría dejarnos un clásico instantáneo. En cuanto a Mickey, su periplo siguió y seguirá pero siempre podremos recordar este mítico Castle of Illusion que tan buenos ratos nos dejó desde la simple frase que da comienzo al juego: “Érase una vez un ratón…”

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No te quedes solo en el juego

Película: Los cortos de Tesoros Disney de Mickey Mouse

Canción: El Aprendiz de Brujo, de Leopold Stokowski

Cómics: Don Mickey (1976 – 1989)

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