¿Dónde se esconde el conde?

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A nadie le gusta tener a un vampiro maestro haciendo de las suyas siglo sí y siglo también en la región. A la familia Belmont, desde luego que no. Así que es hora de salir látigo en ristre hacia Castlevania y volver a mandar a Drácula de vuelta al infierno.

Konami lleva un tiempo en el ojo del huracán desde que el frente de bajas presiones de Kojima desencadenara todo un tifón que amenazó con arrasar las propiedades de esta compañía en consolas. Y los veteranos a los mandos saben que esto jamás es una buena noticia. No ya por una compañía en concreto, es malo en cualquier caso. Pero es que Konami tiene un algo especial para lo que nos presentamos formalmente con la gran K en la década de los ochenta. Será porque atacaron sin cuartel por dos frentes, por los salones recreativos por un lado y por el sector doméstico por otro. Y en este segundo, NES en buena medida y MSX por su lado conocieron el buen hacer de la desarrolladora. Quién la ha visto y quién la ve. Pero una cosa es cierta, y es que no había jugador de pro que no conociera el nombre de Konami para cuando entrábamos en los noventa.

Castlevania es en esa alienación de propiedades de Konami un titular indiscutible. Quizá sea Metal Gear su licencia más rompedora, pero la saga vampírica le ganó la mano en cuanto a veteranía, aunque no por mucho. Eran tiempos en los que el catálogo de los japoneses se enriquecía casi de golpe con un póker de ases formado por Gradius, Castlevania, Contra y Metal Gear, todos ellos populares casi al instante e imprescindibles en toda colección que se precie. En el caso de Castlevania, sin embargo, se llegó a formar una mitología y una línea cronológica que para sí quisieran buena parte del resto de licencias de videojuegos. Nada menos que casi un milenio entero de historias, más de una treintena larga de entregas entre secuelas y remakes, pero sobre todo, infinidad de tardes frente al televisor intentando cumplir con el destino de los Belmont.



En el juego que lo comenzó todo, ya nos encontramos metidos en faena y, por motivos que aún no vienen al caso, nos encontramos con el protagonista de la serie por antonomasia, Simon Belmont, que tiene la nada envidiable tarea de salvar el mundo. Drácula, el temible vampiro maestro, ha despertado de su letargo como está escrito que hará cada siglo, año arriba, año abajo, y como también está escrito, ha de ser un Belmont quien vuelva a expulsar al vampiro de la faz de la tierra, pues solo por su sangre corre el poder necesario para poder combatir al monstruo. Combatirlo, que no matarlo, porque uno de los puntos dramáticos de la serie establece que Drácula no puede llegar a ser destruido, sino que en todo caso se acabará con su encarnación actual y quedará en letargo mientras recompone su poder, en un ciclo que le llevará aproximadamente cien años completar. En ese momento, habrá otro Belmont en el mundo que deberá tomar el testigo de su antecesor y la reliquia familiar, el látigo Vampire Killer, única arma capaz de dañar a Drácula, para garantizar otro siglo de paz. Un legado que es casi una maldición, salvo a ojos de los jugadores para quienes es un planazo para una tarde tonta.

La lucha contra Drácula se realiza en su propia morada, la fortaleza Castlevania, un castillo dividido en varias zonas, reconocibles pero cambiadas a lo largo de los juegos, y que está plagado de seres de pesadilla. En el caso de Simon, pero también de sus antecesores y predecesores, eran zombies, esqueletos, murciélagos, monstruos anfibios, cabezas de górgona volantes, momias y otros monstruos popularizados especialmente por el cine y las películas de la Universal, algo que tiene su por qué. Por otro lado, Castlevania tiene su propia fauna autóctona que sobrevivirá, junto a muchos de los mencionados, para el resto de la saga. Son monstruos como el llamado Peeping Eye, un enorme ojo con una cadena que revolotea a nuestro alrededor y que aguanta varios de nuestros ataques, o los saltarines Hombres Pulga, todo un incordio.

Pero no todo va a ser malo dentro de Castlevania. Los candelabros que adornan los escenarios del juego esconden al romperlos mejoras para el Vampire Killer, que tiene tres grados de poder, subarmas que nos dan un ataque secundario, corazones para poder costear este tipo de ataques y otros ítems que eliminan a todos los enemigos o nos conceden invulnerabilidad. Así mismos, en Castlevania hay paredes falsas ocultas en el decorado que son destruíbles a latigazos y donde puede haber comida para reponer energía o incluso otro tipo de objeto que nos permite lanzar varias subarmas a la vez en lugar de una por acción. Castlevania, en esta primera entrega, se presenta como un arcade de plataformas de pura cepa, y como tal presenta dos características bastante representativas.



La primera, que es endiabladamente difícil, y es que este tipo de juegos estaban hecho para durar. Y si bien los primeros niveles eran asequibles, llega un momento en el que las pautas de los monstruos son propias de la más pura insania. Se da, sobre todo, en las fases donde los saltos han de ser medidos al milímetro, algo que teniendo, por ejemplo, oleadas de cabezas de górgona volando en una trayectoria ondulada y contando con que el mínimo toque significa ser lanzados hacia atrás se traduce en morir una y otra y otra y otra vez más para nuestro desespero. En este sentido, la Torre del Reloj es una de las partes del castillo que más pesadillas despierta entre los asíduos a Castlevania, pero lo que no consigan los enemigos corrientes y las malas caídas lo pueden lograr los jefes de nivel, monstruos de mayor tamaño comandados por la Muerte y el propio Drácula.

La segunda característica es que a diferencia de lo que se empezaría a tantear con su siguiente entrega, este Castlevania aún no incorpora el elemento de exploración que llevaría a crear el término “metroidvania” para referirse a juego de plataformas y acción con un mapeado compuesto de zonas cuyo acceso hay que abrir previamente en otros lugares y que suponen tener que recorrer varias veces las estancias. No lo incorpora su original, al menos, ya que en la versión para MSX-2 del juego, llamada Vampire Killer, se abandona por motivos técnicos el scroll lateral del juego de NES (Famicom Disk System fue su hogar primigenio), que siempre fue un talón de Aquiles del estándar nipón, para dividir el juego en pantallas e introducir nuevos objetos para poder avanzar.

Y si antes decíamos que las referencias a los monstruos de la Universal tienen un por qué, éste es evidente. Castlevania no es otra cosa que una oda al terror clásico, y no ya por la presencia de personajes como el propio Drácula, el monstruo de Frankenstein, la momia, primos hermanos de la Criatura de la Laguna Negra y otros mitos del fantaterror más clásico, sino también por una secuencia de créditos que salta en su homenaje hacia la Hammer y hacer referencia a nombres como el del director Terence Fisher o el actor Christopher Lee, junto a los ya clásicos Bela Lugosi, Lon Chaney o Boris Karloff. Visualmente toma mucho de este tipo de producciones en los gráficos de los propios monstruos y en los escenarios del castillo, que es majestuoso en determinados rincones. Pero nada como la fantástica y poderosísima banda sonara del Kukeiha Club de Konami con la compositora Kinuyo Yamashita dándolo todo junto a Satoe Terashima. Solo hay que mencionar títulos como Vampire Killer o Bloody Tears y dejar que acudan automáticamente a la mente, como sucede con los grandes temas una vez oídos.



Castlevania significa mucho más que un juego para Konami. Ha tenido varios remakes a lo largo de los años para plataformas como el ordenador japonés Sharp X68000, se ha llevado a los arcades en el Vs System de Nintendo y en una versión propia de Konami no muy afortunada llamada Haunted Castle en occidente. Y a su vez, un remake del remake vió la luz como Castlevania Chronicles en PlayStation. Al final, llámese Castlevania, Vampire Killer o por su título japonés, Akumajo Dracula, lo que es en el fondo es leyenda viva de los videojuegos. Y ojalá que Drácula siga resucitando por muchos años.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Van Helsing

Cómic: Castlevania: El legado de los Belmont

Canción: Andrés Pajares – Drácula ye-yé
 

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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