AlfaBetaRETRO: Castlevania II: Belmont’s Revenge – Afinando el látigo

Ninguna consola quiere quedarse sin las principales sagas de videojuegos que salen a la luz, y una portátil con la que puedes jugar en cualquier lugar, con menos razón. Aunque haya que hacer encaje de bolillos para paliar una menor capacidad técnica, como fue el caso de la Game Boy. Y pese a ello, la pequeña de Nintendo vio grandes juegos de grandes series en su catálogo. Incluida Castlevania, la saga de Konami protagonizada por el clan Belmont y el reincidente Drácula, que a vez por siglo tiene oportunidad de dar mal por todo el mundo hasta toparse con el látigo sagrado.

Eso sí, los inicios de Castlevania en Game Boy no fueron fáciles. O al menos, no tuvieron el relumbrón de sus entregas en otros sistemas. Castlevania Adventure presentaba a un nuevo Belmont, Christopher, un descendiente de Trevor Belmont que tomaba la responsabilidad de blandir el Vampire Killer y partir en busca de Drácula para devolverlo al inframundo de donde nunca debió salir. El problema es que carecía de algunos de los elementos que definen a la saga desde sus comienzos, y además, pecaba de una cierta lentitud. 

En el caso de su secuela, Castlevania II: Belmont's Revenge, Konami vuelve a traer a la palestra a Christopher como ya hiciera en NES con la segunda aventura de Simon Belmont. Con una resurrección de Drácula antes de tiempo, saltándose el reglamentario siglo de letargo y además usando como vehículo a un nuevo Belmont sobre el que pesa una maldición y que corre el riesgo de ser poseído por el mismo poder al que está destinado destruir. 

Quince años después de que derrotara a Drácula e hiciera desaparecer de nuevo la fortaleza Castlevania, Christopher Belmont ha de volver a tomar el látigo sagrado para acudir en ayuda de su hijo Soleiyu Belmont, quien tras la ceremonia en la que se le designa como nuevo cazavampiros desaparece por las artes del conde. Su plan es aprovecharse de los poderes del joven Belmont para adelantar su resurrección y volver a materializar Castlevania. Pero esta vez, como parte del plan, invoca primero otros cuatro castillos centrados en distintos elementos desde donde acumular poder. La misión de Christopher es recuperar a su hijo, impedir que Drácula recupere su poder y devolverlo a su letargo.

En Castlevania II: Belmont's Revenge, los fans recibieron un cartucho que solucionaba algunos de los puntos negros de Castlevania Adventure. Si no lo has visto en los tops de la saga es porque colarse entre los mejores Castlevania son palabras mayores, pero dentro del microcosmos de las entregas para Game Boy, este Belmont's Revenge es seguramente el mejor de las tres que llegaron a la portátil de Nintendo.

Para empezar, se recupera algo que es distintivo de la saga de Konami e inexplicablemente no estaba presente en la entrega anterior, y son las subarmas. No sería del todo un Castlevania si el Belmont de turno no pudiera lanzar un ataque secundario a expensas de corazones que recoge al romper candelabros aparentemente sostenidos en el vacío. Pero habiendo monstruos sobrenaturales por doquier, ver velas suspendidas en el aire aún tiene un pase. Lo que no se comprende es que, si bien se agradece poder volver a lanzar hachas en parábola para terminar con enemigos a altura superior, y agua bendita para provocar un gran daño a enemigos en un mismo punto, ahí se acabe todo. Nada de cuchillos, nada de cruces, solo agua, hachas y látigo. No hace falta más.

Un látigo que, eso sí, se potencia de manera poco usual en manos de Christopher. Las dos primeras mejoras siguen los paso de rigor, convirtiendo el látigo de cuero en una cadena de acero cada vez más extensa. Pero la tercera hace que, encima, cada restallido del Vampire Kille lance una bola de fuego en línea recta, compensando de alguna manera la carencia de los cuchillos, que hacían esta función, y facilitando un poco las cosas a Christopher. Precisamente, el cazavampiros ha aprendido un par de trucos nuevos para cuando está suspendido de cuerdas, como son el poder atacar y no quedarse vendido, y dejarse deslizar hacia abajo rápidamente. 

Castlevania II: Belmont's Revenge permite escoger el orden de sus cuatro primeros niveles al estilo Mega Man, dejando que el jugador escoja a la carta por dónde empezar y proseguir hasta que Castlevania emerja de nuevo y Christopher recorra las últimas zonas. Niveles que constan en buena medida de plataformeo, y en algo menor, de exploración. Con la agilidad en pantalla, Konami no ha podido hacer mucho pese a que otros juegos demuestran que la Game Boy puede proporcionar más rapidez en pantalla. En este caso, sin embargo, se suplen las numerosas hordas de enemigos en pautas sin la menor clemencia por montones de trampas que deberemos sortear con coordinación y habilidad. 

Christopher es el mismo viejo Christopher de la entrega anterior, es decir, es el mismo sprite, y no es el único que repite. Pero pese a que el protagonista presente un aspecto que no es especialmente elaborado, hay otros diseños de criaturas más llamativos, y hasta de fondos y escenarios que dan bastante vidilla al juego en ciertas zonas. Ahora bien, la imaginería propia de la saga es un poco cara de ver en los cuatro primeros castillos, cosa que se hace un poco extraña, pero que al mismo tiempo proporciona algo de frescura. El apartado musical, siempre uno de los más destacados en la saga, deja pautas similares a las de las entregas de NES, con un tema para el Castillo de Cristal que destaca sobre el resto.

Aunque no destaque entre el resto de entregas de Castlevania, esta segunda entrega para Game Boy es, en suma, un buen juego para la portátil que sube el listón de su anterior entrega para poder justificar ser digna del título que lleva a cuestas. Colosos como Symphony of the Night, Super Castlevania IV o Rondo of Blood juegan en otra liga, pero se puede ser bueno sin necesidad de estar entre los mejores.  

Juan Elías Fernández

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