Cuando el vampiro te da serenata

Castlevania nació en los sistemas de Nintendo y salvo una escapada a ordenadores personales parecía una serie abonada al catálogo de la gran N. Pero los años demostraron que precisamente en otros sistemas ajenos al gigante de Osaka la saga podía brillar tanto o incluso más. Y aprovechar las bondades del CD, claro.



Justo antes de abonar sus juegos en dos dimensiones a la exploración y un ligero toque de RPG, con mucho acierto todo sea dicho, Konami dejó con Castlevania una serie de arcades de gran calidad, casi tan alta como su dificultad, y que provocaban una sana envidia entre los poseedores de sistemas que no fueran una Nintendo Entertainment System. La aparición de Super Castlevania IV en Super Nintendo fue ya el golpe en la mesa definitivo por parte de Nintendo para proclamar a los cuatro vientos que la serie vampírica de Konami era una de sus mejores bazas exclusivas. Pero claro, como decía aquella serie juvenil, nada es para siempre.

A partir de 1993, la franquicia Castlevania se graduó de su andadura en Nintendo, a la que no dió un adiós definitivo ni mucho menos, ni siquiera tampoco uno demasiado duradero, pero sí dejó claro en Mega Drive y en PC Engine que aunque Castlevania se vista de seda, Castlevania se queda. Dos juegos de alto nivel salieron de estas aventuras. Uno de ellos era muy bueno, Castlevania: Bloodlines (The New Generation en Europa). El otro, en cambio, era excelente. Drácula descubría el CD-ROM y asolaba Centroeuropa con su mejor banda sonora hasta la fecha en Akumajou Dracula X: Chi no Rondo, o lo que es lo mismo, Castlevania: Rondo of Blood, el juego que daría a los fans a uno de sus Belmonts favoritos.



Corre el año 1792, y Drácula está siendo resucitado una vez más por sus acólitos más fieles, con el devoto Shaft a la cabeza. Sin embargo, esta vez el legado familiar de Richter Belmont se convierte en un asunto personal cuando los seguidores del vampiro incluyen a su prometida Anette entre las chicas jóvenes que han raptado y llevado a Castlevania. Lo que no saben es que Richter cuenta con un poder mágico que corre por sus venas y que hasta ahora su linaje no había mostrado. Pero lo llevará a la práctica cuando el látigo Vampire Killer restalle de nuevo entre los pasillos de la fortaleza de Drácula.



Los sistemas de 16 bits son la prueba perfecta de que Castlevania es la horma para el zapato de esta generación. Gracias a las capacidades técnicas de estos sistemas se puede jugar con transparencias, rotaciones, efectos de profundidad y sobre todo dotar con un colorido adecuado los escenarios diseñados por Konami para dar forma al castillo de Drácula y sus alrededores, además de a los seres infernales que los rondan. Dicho esto, PC Engine no es precisamente la consola más potente de la generación de los 16 bits. De hecho, su cerebro es una CPU de 8 bits apoyada en un procesador gráfico de 16 bits. Para ofrecer muchos y muy buenos shoot’em ups y arcades de la vieja escuela va servida. Pero pese a ser teóricamente inferior, dispone seguramente del mejor Castlevania hasta la llegada del que precisamente sería su secuela directa, Symphony of the Night.

El secreto está en el empujón extra del lector de CD de su revisión PC Engine Duo, algo que en manos capaces como las de Konami dio para lucirse aprovechando sobre todo la capacidad de almacenamiento extra y la calidad de sonido que ofrece este formato. Ese plus de espacio para datos hizo que varios juegos de PC Engine Duo como este Rondo of Blood contaran con secuencias de corte que mostraban con un estilo anime varias escenas animadas de una manera limitada pero vistosa para su momento el devenir de la historia. Así es, por ejemplo, como a Richter y a nosotros se nos presenta a la hermana de su prometida y compañera de fatigas en el juego, Maria Renard, a la cual puede rescatar en el pasaje subterráneo del primer nivel donde suelen estar los tritones si es que previamente da con la llave de su celda.

Y es que al igual que Maria, el resto de muchachas del pueblo, incluyendo a Anette, esperaban ser rescatadas de las garras de Drácula, lo que determinará en qué porcentaje completamos el juego y a cuál de sus finales optamos. Pero a diferencia de ellas, María sí es bastante importante en la aventura, ya que de hecho es un personaje desbloqueable con nuevas habilidades muy concretas. María puede comunicarse con espíritus animales que le acompañan y esto hace que pese a que no posea un látigo encantado ni pueda usar las subarmas de rigor a las que Richter sí tiene acceso, puede invocar a palomas para atacar como si éstas fueran una suerte de boomerangs, halcones que se proyectan en diagonal hacia arriba, una tortuga que le presta su caparazón para volverla invulnerable hasta que salga de debajo de él o un dragón que recorre la pantalla en sentido horizontal. Además, puede dar un doble salto en el aire redondeando uno de los personajes más curiosos de la serie.



Por su parte, Richter es casi el cúlmen de su dinastía de cazavampiros, por lo menos lo es para muchos de los fans de la serie, que tienen en Richter su personaje favorito por encima de Simon o Trevor. Su gran baza, además de mostrar un uso de las subarmas un tanto más potente que otros de sus parientes (por ejemplo, Richter lanza una andanada de cuchillos en lugar de uno solo, o provoca que las llamas del agua bendita se desplacen unos metros por el suelo) es el poder llamado Item Crash que libera un ataque especial variable según la subarma equipada a cambio de una cantidad mayor de corazones. La manera de saber si podemos realizarlo es fijarnos en el indicador de éstos, y si parpadea en azul Richter puede liberar tormentas de hachas, cuchillos, hojas de biblias o rocas, además de otros efectos más específicos como Hydro Storm, un aguacero de agua bendita, o liberar el poder del Vampire Killer si no lleva otra arma equipada al envolver en llamas su propio látigo. María también puede hacer uso del Item Crash usando los poderes de sus espíritus para invocar versiones mucho más poderosas de éstos.

Pero por encima de las novedades jugables, lo que prima en Rondo of Blood es precisamente la sensación de ser un Castlevania de toda la vida que al mismo tiempo está tanteando dar un paso hacia algo nuevo. Al igual que en Castlevania III, la ruta del juego está ramificada, pero a diferencia de éste podemos elegir qué nivel recorrer antes de retomar la partida. Retomar porque el progreso del juego se guarda, dando opción a explorarlo a fondo. Y aquí se agradece también la ausencia de un elemento que ya no volverá, y es la cuenta atrás de tiempo para completar cada nivel si no queremos perder una vida.

Gracias al CD, la PC Engine Duo convierte el habitual sobresaliente del apartado sonoro de los Castlevania en una matrícula de honor con nuevas versiones de temazos como Vampire Killer o Bloody Tears además de nuevos temas compuestos para la ocasión. Y tanto la intro, narrada en alemán, como los diálogos del juego en japonés en las escenas de corte están contados con voces digitalizadas. Es un convivencia extraña y al mismo tiempo reconfortante con una manejo muy clásico de la serie y muy, muy fluido, permitiendo aprovechar al máximo las habilidades de María y Richter. Es como jugar a un juego ya conocido, con un halo de familiaridad, pero encontrarlo vestido con sus mejores galas. Hasta en lo visual, escenas al margen, la máquina de NEC se permite sacar pecho mostrando enemigos de final de nivel que aparecen desde segundos o terceros planos, como es el caso del dragón y del licántropo del primer y segundo nivel. 

Cuatro años después, Symphony of the Night llevaría Castlevania a su máxima expresión, pero el camino ya estaba marcado y la semilla plantada. Una lástima el no conocer este juego fuera de Japón hasta hace relativamente poco, porque pese a que Super Nintendo y Mega Drive ganasen la partida en nuestro territorio, Castlevania: Rondo of Blood es un juego que presenta muchísima batalla. Una maravilla que no fue para paladares de fuera de Japón en una consola demasiado infravalorada y que oculta muchas más sorpresas y mucho más agradables de lo que muchos creen.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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