Vamos, señor conductor

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Una de las recreativas de coches más míticas de los años ochenta fue Out Run, esto es algo que no puede negarse. Y no solo por su mueble, también por su jugabilidad y por la conseguida sensación de velocidad. Pues bien, solo dos años después de hacer su aparición le salía un alumno aventajado. ¿Qué pasa si cruzas las series tipo Corrupción en Miami con Out Run? Que tienes Chase H.Q.



Hasta llegar a los actuales juegos de conducción han tenido que pasar muchos años. Generalmente, lo que en la época de esplendor de los salones recreativos se entendía por un juego “de coches”, como se conocían por entonces, no tenía nada que ver con modelos tridimensionales, con reproducción fiel de trazados reales o con estilos de manejo automovilístico. Eran meros vehículos, valga la expresión, de poder disputar una carrera contra la máquina, o de experimentar la sensación de estar al volante tomando curvas y esquivando otros coches durante un rato que dependía de nuestra habilidad.

También ayudaba los diseños de algunos de sus muebles, como el del mencionado arcade de Sega, imitando lo que era conducir aquel Ferrari Testarrosa en toda la extensión de que en el momento se era capaz. Y es que con dos pedales, un volante y una palanca de cambios se obraban milagros. Chase H.Q., de Taito, se fijaba bastante en esto y lo reproducía a varios niveles, tanto de diseño como de jugabilidad. Y el resultado fue bastante bueno. La prueba es que Ocean se ocupó de las conversiones a ordenador, y eso, amigo lector, es la prueba del algodón. 



Al igual que en toda buddy movie o en cualquier serie de policías que patrullen al pie de la calle, el crimen no descansa. Pero desde las indicaciones del Chase H.Q., dos agentes al volante de su coche patrulla de incógnito pueden detener a los criminales que intentan darse a la fuga antes de que escapen. Tendremos que completar cinco misiones y arrestar a otros tantos sospechosos dando caza a sus coches y embistiéndolos hasta que se vean obligados a parar para ser detenidos. Porque nadie, por rápido que conduzca, está por encima de la ley.




Lo principal que se le podía pedir a un juego de coches en el año 88 era diversión y sensación de velocidad. Chase H.Q. tenía de los dos, sobre todo porque se había buscado un buen espejo en el que mirarse. Taito había tomado muchas notas de Sega en su juego, pero además no era una novata en esto de las carreras. En 1987 habían sacado Continental Circus, un estupendo juego de Fórmula 1 en el que partiendo de lo más hondo de la clasificación teníamos que alcanzar el liderato obteniendo una posición mínima en cada una de sus carreras. A la hora de diseñar un juego del mismo palo al año siguiente, se puede decir que Taito partía con la lección aprendida.

En esta ocasión, en lugar de ser un juego de competición, Chase H.Q. tomaba incluso para sus propios diseños conceptuales una imagen inspirada en producciones como Corrupción en Miami. Además, basta ver su cartel promocional, o la portada de sus ediciones domésticas, para ver que aunque Don Johnson hubiera sido sustituido por Charles Bronson, el aire que se daba era el mismo. Chase H.Q. va bastante al grano porque realmente no hay mucho en lo que perderse. Según echamos la moneda y damos al Start, una tal Nancy nos avisa a través de la radio policial que un granuja acusado de algún delito anda a la fuga por las calles de la ciudad primero y las afueras después. Nuestra misión es localizarlo, y una vez a su altura, hacerle parar por las malas.

En esta primera parte de cada fase, la de dar con el bribonzuelo, Chase H.Q: es un arcade de conducción que va a sota, caballo y rey. Salir en primera marcha, ganar velocidad, meter la directa, saber tomar las curvas, esquivar los demás coches y a ser posible, no empotrarse contra nada porque el tiempo es oro. Si no damos con el coche del fugado antes del límite inicial, se acabó lo que se daba, y no hay checkpoints ni nada parecido, porque el crimen no se para a hacer una pausa mientras lo persigues. Por tanto, es la parte en la que los más afines a la velocidad se entonaban y entraban a la premisa del juego gracias a un movimiento muy rápido, hasta demasiado a veces, y que planteaba un buen reto al jugador. Lo bastante como para animarle a echar monedas si a la primera la cosa no le salía bien.



La segunda parte viene cuando el coche del criminal es identificado y debidamente señalizado con una gran flecha con la frase “¡Criminales aquí!”. La policía no es tonta, amigos. Fichado el susodicho, el contador de tiempo se reinicia y empieza un combate en toda regla en el que tenemos que apañárnoslas para dejar su vehículo fuera de combate, como si fuera un derby de demolición. Esto lo conseguimos embistiéndolo como si no hubiera un mañana antes de que el tiempo concluya y el granuja se salga con la suya. Una barra lateral indica el castigo que está soportando su coche, y solo cuando ésta se complete aminorará, nuestros agentes le cortarán el paso y le harán hincar la rodilla en el suelo teniendo derecho a permanecer en silencio, llamar a un abogado y etcétera.

Chase H.Q. es un buen juego de coches, y perdón por la reiteración, pero es que realmente aquello eran juegos de coches. Siempre intentamos situar y que tú, lector, lo visualices, cada juego de esta sección en su debido contexto. Pero la verdad es que incluso a día de hoy, esta máquina de Taito cumple de maravilla su propósito de transmitir sensación de rapidez. Además, hay detalles como las comunicaciones que entran por la radio y en las que Nancy nos indica el camino a seguir para atajarle al malo, momento en que tenemos que tomar el desvío correcto si no queremos desperdiciar crono. O los comentarios que nos hace nuestro compañero mientras vamos al volante animándonos a darle hule al prófugo de una manera que a asuntos internos quizá no le haga gracia.

De todas estas voces digitalizados una de las más famosas es “Let’s go, Mr. Driver” (“Vamos, señor conductor”), una locución muy clásica y muy señera de este juego. Siempre está bien tener un compañero a quien le vaya la marcha, no se que un día le de por jubilarse en 48 horas y empezar a sacar fotos de la familia. Por otro lado, si echamos el guante a los cinco, al final un señor de sospechoso parecido con Ronald Reagan nos dará un reconocimiento por el trabajo bien hecho. Pero lo más importante es que habrás echado un buen rato con un buen juego. Ya tendrá tiempo el comisario de cabrearse y pedirnos la placa y la pistola, que hoy toca ser héroes a todo gas.

Juan Elías Fernández
 

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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