Lo que trae la marea

12292

Firaxis y 2K Games publican la primera expansión de Civilization: Beyond Earth, una variante de la saga de estrategia situada en el futuro distante y en otros mundos, pero con demasiado regusto a Civilization V para el gusto de los usuarios. Rising Tide llega precisamente para empezar a marcar territorio en algunos frentes.

Algunos cómicos españoles como el gran Gila o el caricaturista El Perich han incorporado en algún momento de su repertorio una gran lección de la vida, y esa es la que podríamos llamar el modelo del plato de macarrones. El modelo del plato de macarrones consiste en una comparación de un plato de ídem con algo que te gusta mucho. Cuando lo pruebas por primera vez te entusiamas, como cuando probaste por primera vez los macarrones. Es más, te gustan tanto que a partir de ese día decides que solo comerás macarrones. Cada cual lo desarrolla a su modo y en su campo, pero la conclusión es que a la larga, en la variedad está el gusto. Y tras esta introducción que parece que no viene a cuento, es cuando puede quedar más clara la situación que capeaban 2K Games y Firaxis tras el lanzamiento de Sid Meier’s Civilization: Beyond Earth. Muy rico, pero recordaba mucho a ese plato de macarrones, recordaba a Civilization V.

Es la opinión generalizada de un cierto nutrido grupo de usuarios que sí, aprecia el producto, pero lo sigue viendo como un lavado de cara del juego anterior. Servidor de ustedes quedó satisfecho y agradeció el giro hacia la ciencia ficción y el cambio de aires, aunque es cierto que la mecánica de juego es una vieja conocida en la saga de estrategia, y estas cosas, frente a la estantería de la tienda y luego pasando por caja, hacen sopesar un poco más la compra. En este género, cuanto más azúcar más dulce. A Beyond Earth le faltó quizá desmarcarse por la banda, hacer un buen par de requiebros y prepararse para rematar a gol. Ahora, Firaxis mueve el banquillo, sale Rising Tide, la primera expansión del juego principal, y con ellas se quiere dar algo de frescura a este curioso nuevo punto de partida de Civilization. Y una cosa hay que decir, nada más salir al campo echa un par de jugadas de tiralíneas.



Recordemos que en Civilization: Beyond Earth, los recursos del planeta Tierra han dicho que hasta aquí hemos llegado y que hay que buscarse los garbanzos, en la extensión más literal de la expresión en otro sitio, léase en otro planeta. Por suerte, la tecnología ha avanzado lo bastante para que varias facciones, representadas por alianzas y corporaciones multinacionales, logren dar el salto al espacio y colonizar nuevos mundos. Precisamente, una de las posibles condiciones de victoria del juego residía en construir el dispositivo para poder comunicar con la vieja Tierra y dar la señal de que se ha encontrado un nuevo hogar.

Bien, en Rising Tide hay nuevos elementos sobre el terreno de juego. La marea ha dejado algunos nuevos componentes que vamos a tener que tener en cuenta en las nuevas partidas, y para empezar, hay nuevos intereses sobre la mesa. Los de cuatro nuevas facciones representando, cada cual afine la región como más le guste, a Arabia, Corea, Centroeuropa y la Región Báltica con sus respectivas características a los que podremos representar, convertir en nuestros aliados o, si las cosas llegan al extremo, en nuestros enemigos. Un aspecto el de la diplomacia que se convierte en otro de los puntos novedosos de esta expansión.

Porque si nuevos participantes era algo que entraba en los mínimos exigibles para Firaxis a la hora de elaborar un DLC para Beyond Earth, retocar el mecanismo que rige las relaciones diplomáticas no está de más. Y si encima se le da una importancia y conveniencia mucho mayor, pues mejor todavía. En Rising Tide tendremos más mano para ajustar las relaciones con otras potencias y acercarnos más hacia los rasgos que valoran de cara a tender la mano y establecer alianzas. El juego de esos triángulos de recelo al firmar pactos con una parte a la que otro de nuestros asociados odia a muerte, sigue presente, y sigue a un nivel de detalle mayor que hace que sean más puntillosos, pero que al mismo tiempo estas relaciones se vuelvan más dinámicas. Sin embargo, la mayor novedad en este aspecto radica en el Capital Diplomático, unos puntos que se otorgan a cada turno y que nos permitirán ajustar los rasgos de nuestro propio líder, algo que valdrá para cerrar colaboraciones en diversos campos y alcanzar un beneficio mutuo con otras civilizaciones. Algo que no viene mal si tenemos que ir a la guerra y queremos a una potencia aliada a nuestro lado. Un aspecto, por cierto, que se ha visto resentido debido a un bug en la versión inicial que hacía que los aliados nos hicieran un desplante a la hora de arrimar el hombro. Un parche hará que dejen de remolonear y cumplan su palabra. Sin embargo, cuidado porque las alianzas en Rising Tides son bastante volátiles.



La diplomacia, sin embargo, no deja de ser una de las herramientas del juego, y no es la única que se ha potencia. La investigación de nuevas tecnologías se beneficia de un árbol de progreso más amplio y que nos permite algunas virguerías que aprovechan mejor el nuevo entorno. SIn ir más lejos, ahora podemos pasar a la fauna alienígena a nuestro bando y asegurarnos nuevas unidades autóctonas del mundo colonizado. Es una de las posibilidades que nos brinda un nuevo sistema de afinidades en el que, sobre la base de los tres iniciales, se nos permite tirar por la calle de enmedio y combinar varias de ellas entre sí para seguir un camino totalmente nuevo, y lo que es más importante, más a nuestro gusto. El resultado son nuevas posibilidades traducidas en elementos como nuevos tipos de unidades con facultades únicas.

La marea de Rising Tide ha dejado también nuevos biomas en el planeta, así como Artefactos, objetos especiales que nos proporcionarán nuevos recursos y tecnologías, y que recogidos en grupos de tres incluso nos permitirán aspirar a nuevas construcciones y efectivos de un nivel superior. Pero mucho estamos hablando de lo que se cuece en tierra firme cuando el verdadero meollo de la expansión está bajo el agua. Y es que la verdadera estrella de Rising Tide es esa masa del líquido elemento que da cobijo a un nuevo tipo de emplazamiento: las ciudades acuáticas. Un nuevo asentamiento que tiene una particularidad propia, y es que a diferencia de las ciudades convencionales, éstas son bases móviles con la capacidad no solo de crecer, sino de sacrificar momentáneamente la producción para desplazarse y reubicarse en el punto que creamos más conveniente, dándonos un nuevo elemento a medio camino entre una unidad y una capital. Más posibilidades tácticas, pero también más riesgos, dado que frente a la capacidad defensiva y ritmo de crecimiento de una ciudad convencional, la ciudad acuática interrumpe este progreso y se expone de manera demasiado arriesgada cuando se desplaza, obligándonos a tener que poner un ojo extra en lo que pasa en la pantalla.

Con todo, Rising Tide se acopla a Beyond Earth para establecer una simbiosis de la que el segundo sale fortalecido y evolucionado con respecto a su encarnación inicial. Pero ojo, porque tras la capa de marisco y la salsa que tan buen regusto nos deja en el paladar, los macarrones siguen acechando en el fondo del plato. Algunos añadidos dan en el clavo, pero en ciertos casos se quedan a medias al quedar un poco desaprovechados, como es el caso de poder contar con alienígenas en nuestras filas que, al final, no eran para tanto. Tampoco iba con su primera expansión a cuadrar el círculo ni a cortar de cuajo las raíces que le unen a Civilization V, pero ha conseguido darle un empujón muy interesante en una dirección que busca innovar y que bien puede ser la correcta de cara a una futuro. Eso sí, hace falta más para que Beyond Earth gane en enjundia y pase de ser un buen juego al que le pesa horrores la sombra de su antecesor a una puesta al día con todas las de la ley. De momento, el primer tiro ha dado en su diana. Ojalá los próximos sean, como poco, igual de certeros.

Juan Elías Fernández

————————————————————–

Valoración final:

Gráficos: Seguimos en la línea habitual, con diseños de las nuevas unidades y elementos acordes al mundo de ciencia ficción que se nos plantea.

Jugabilidad: Los cambios llevados a cabo buscan añadir más profundidad. Pero cuidado, la IA tiene la mecha corta y por muy aliados que sean, las demás facciones no estarán contentas de vernos cerca del objetivo.

Sonido: Nuevamente doblado al español, y con una ambientación musical que satisfará los oídos del líder interplanetario en su día a día.

Duración: Si el básico ya daba de sí, las novedades de la expansión nos garantizan otro buen puñado de horas entretenidas.

Conclusión:

Reinventar una fórmula es algo que no se hace en un día. Si Beyond Earth pecaba bastante de continuista, pero envuelto en un interesante halo futurista, en Rising Tide ya se encienden los intermitentes y se empieza a intuir una nueva dirección. El volantazo, sin embargo, no llega del todo. Pero esperamos y deseamos que futuros contenidos les ayuden a dar con ese rumbo propio que estamos seguros que Beyond Earth puede encontrar.

—————————————————————-

Juegos relacionados:
 

Si te ha gustado, te gustará:
 


No te quedes solo en el juego: 

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

Publicaciones relacionadas

Cerrar