La auténtica figura de acción

¿Quién dice que hay una edad para dejar los juguetes? En Sega no están de acuerdo. Tampoco con que los videojuegos los estén desplazando. A la Saturn llegó un título de su división AM7 para acompañar el lanzamiento en Estados Unidos que junta los dos mundos y se adelanta por poco a Toy Story.

La consola Saturn no tuvo el destino que Sega esperaba. No tuvo tampoco una mala vida, pero desde luego se resintió y mucho del varapalo de PlayStation y de un catálogo para la máquina de Sony que contaba con verdaderos monstruos en sus filas. Sin embargo, la negra sucesora de los 16 bits de Sega tenía argumentos propios bastante interesantes. Argumentos como uno de sus juegos tempranos, Clockwork Knight, un título que combinaba las tecnologías de renderizado y modelado poligonal que tan en voga estarían en adelante y una jugabilidad muy de la vieja escuela.



En lo que a 1994 se refiere, el futuro viene en tres dimensiones. Los juegos van a dejar de ser sprites pixelados con unos movimientos poco fluidos y ajenos a varias leyes de la física en una pantalla. Pide pista una nueva generación de máquinas que están tomando por bandera adelantos como el CD-ROM, que deja obsoletos en cuanto a capacidad a los cartuchos, o la aceleración gráfica, con nuevos procesadores que permiten que una cantidad impensable de polígonos se mueva con total fluidez en pantalla para trasladar experiencias interactivas más realistas que nunca, aunque su aspecto necesite todavía pulirse un poco.

Saturn se ha presentado asegurando que el siguiente paso en la evolución de los videojuegos. Ha cautivado al público con sus demostraciones y avances de sus primeros juegos, y lo que se ve en pantalla, especialmente lo que cuenta con el buen hacer de grupos internos de Sega como es el caso de AM7, que viene pegando fuerte desde la fallida 32X. En Japón, la empresa ha presentado ya Clockwork Knight, un arcade para su nueva máquina que algunos medios occidentales ya han podido probar, y su reacción positiva hace que sea uno de los elegidos para dar la alternativa a Saturn en occidente. Si el público del otro lado del océano Pacífico se pirra por los muñecos tridimensionales, los efectos de profundidad y las rotaciones, va a quedar muy bien servido.



Cada noche, cuando el reloj da las doce, la princesa Chelsea deja sonar su voz en una melodía muy especial. Su canto hace que los juguetes, inertes por el resto del día, regresen a a una vida que guardan en secreto. Sir Tongara de Pepperouchau III, un soldado de lata movido por engranajes a cuerda, bebe los vientos por la princesa a pesar de que sabe que no está al alcance de alguien tan angelical. Pero cuando la princesa es secuestrada y los juguetes corren el riesgo de no volver a despertar nunca jamás, Pepper tendrá que convertirse en el héroe que sus semejantes necesitan. Aunque eso implique recorrer una casa entera llena de peligros y otros juguetes muy hostiles.



Los cambios bruscos no son buenos del todo. El paso de los juegos clásicos con mecánicas sencillas como los arcades de plataformas al nuevo mundo de los videojuegos de 32 bits que se abre en el horizonte parece dar un poco de vértigo a Sega, que opta por tanto por no asustar demasiado a su público y dejar que Clockwork Knight entre por los ojos y el oído, pero que a los mandos tenga un toque muy familiar. Es debido a que Clockwork Knight sigue siendo un arcade de plataformas, uno muy bonito para la época, eso sí, pero que se apaña con las cuatro direcciones y dos botones de acción, tal como se ha venido jugando desde una década antes.

Puede que por ser uno de los primeros juegos en llegarnos con el catálogo de Saturn, que en nuestro caso además fue uno de los que apareció de salida junto con la máquina, Clockwork Knight fuese visto por alguien como una especie de tarjeta de visita más que como un juego en toda regla. Eso podría explicar que este título, que en el fondo es un juego clásico con una bonita apariencia moderna llena de trucos de perspectiva y movimiento, sufra de quedarse algo corto. Su duración no es precisamente larga, solo son cuatro zonas de la casa que hay que recorrer y que suman un total de 13 niveles contando con que 5 de ellos son en realidad enfrentamientos con los jefes de cada una de las zonas y el villano final.



Tampoco es que sea un juego precisamente fácil. Aunque Sega brinda la opción de dejarnos elegir entre varios grados de dificultad y de subir el contador de vidas bastante por encima de las 3 por defecto, Clockwork Knight tiene ciertas reglas para sus continuaciones. Cuestan 20 de las monedas que podemos recoger por los niveles, y aunque no parezca un número alto no son demasiado abundantes. Sobre todo cuando entre nivel y nivel podemos participar en un minijuego en el que apostarlas. Si nos sale bien, tendremos el futuro resuelto, pero si no, más nos vale emplearnos a fondo en el manejo de Pepper, que puede correr, saltar, agacharse, agarrar, lanzar y golpear a sus enemigos con una llave que además puede girar para activar ciertos mecanismos.

Pero por escaso que pueda hacerse el juego o por sobada que pueda estar su mecánica, Clockwork Knight lo suple a nivel de diseño con mucha imaginación y, en el momento, frescura. Y es que las habitaciones primero de una niña y luego de un niño, hasta los topes de juguetes, dan pie a trayectos sobre cajas, libros y bloques custodiados por todo tipo de muñecos, incluidos robots que interactúan con el entorno. Es en puntos como este donde Saturn saca pecho y nos presenta elementos del fondo que de repente están en primer plano, mejor dicho, que desde el fondo nos caen encima al primer plano. Hay una sensación de profundidad y de volumen en todo momento en Clockwork Knight y especialmente un colorido que recuerdan constantemente a los usuarios de Mega Drive que diesen el salto a los 32 bits que aquello ya no se regía por las reglas que habían conocido en la primera mitad de la década. 

Otro ejemplo de esto es que el sonido, el punto débil eterno de Mega Drive, era de golpe y porrazo maravilloso. Bondades del soporte óptico que ya experimentó Mega CD, pero es que la banda sonora de Clockwork Knight y en especial sus temas cantados son francamente interesantes. Técnicamente, el juego cumple con creces. Y el que use una fórmula anticuada tampoco debe estar tan mal cuando al mismo tiempo resulta bastante entretenido. Clockwork Knight suple su corta duración con secretos que descubrir, como zonas ocultas accesibles a través de cajas o algún que otro minijuego para conseguir vidas extras, como una curiosa forma de acabar cada nivel consistente en saltar sobre las letras de la palabra “Clockwork” que faltan para completarla justo al llegar a la meta.

Sega presenta pues un juego de 16 bits vestido con ropas de 32 bits. Lo mejor estaba por llegar, pero como comienzo no se le pueden poner muchos peros a un título de salida que rebosa de magia. Ya habría tiempo para grandes aventuras completamente tridimensionales. A veces, conviene seguir jugando un poco más con algunos juguetes del pasado.

Juan Elías Fernández
 

Juegos Relacionados Si te gusta juega a… No te quedes solo en el juego: 

Clockwork Knight 2

Película: Toy Story

Canción: Piotr Il'yich Tchaikovsky – La Danza del Hada de Azúcar

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
Cerrar