Dentro de la viñeta

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Si hay una afición que nos guste casi tanto como los videojuegos, es el cómic. Y cuando ambos se juntan en un único juego como es Comix Zone, tenemos un clásico instantáneo entre manos. Nos metemos de lleno a través de la cuarta pared para rendirle homenaje.

Cómics y videojuegos, ¿puede haber algo mejor? Es una pregunta retórica, por supuesto. A la altura de la década de los noventa, cualquier adolescente que se preciara de serlo tenía al menos uno de estos dos hobbies, e incluso algunos privilegiados podían tener a su alcance el lujo de seguir mensualmente las colecciones regulares de sus cómics favoritos y, al mismo tiempo, hacerse con los videojuegos que triunfaban en el momento. Darse el gustazo de salir de una tienda de cómics para entrar en otra de videojuegos era uno de los pequeños grandes placeres del joven geek de finales de siglo XX.

Curiosamente, ambos mundos pasaban por una época algo similar a la altura del año 1995. Por el lado de los videojuegos se apuntaba a un relevo generacional que haría que los gráficos 3D y un nuevo mundo de posibilidades técnicas, sobre todo gráficas, que solo podíamos soñar hasta el mundo entrase en nuestros hogares. Por su parte, en los cómics se buscaba una mayor agresividad y aportar un toque más adulto, entendiéndose entonces por “adulto” el llevar armas grandes y enseñar mucha cacha. El llamado “grim and gritty” era el estilo que marcaba al noveno arte llegado desde Estados Unidos, especialmente en lo que a superhéroes tocaba. Y la verdad es que también los videojuegos habían perdido algo de su inocencia.



Juntar ambos mundos fue una de las mejores cosas que le pasó a Mega Drive. Y no es que Sega se pusiera a sacar como loca licencias de colecciones de cómics, es más, los juegos basados en cómics, por lo general y aunque habían honrosas excepciones, no solían augurar grandes éxitos. Pero el caso de Comix Zone fue diferente, un videojuego contado en forma de cómic. O viceversa. Un experimente del Techinical Institute de Sega que se convirtió en uno de los títulos insignia de la consola negra de 16 bits.

Comix Zone nos presenta a Sketch Turner, un dibujante de cómics que se encuentra a sus cosas, es decir, dándole al lápiz con la nariz pegada al tablero de dibujo, en su apartamento de Nueva York. Y es que quienes sean o conozcan a algún dibujante de cómics sabrán que su mesa es buena parte de su hábitat durante gran parte del día. Turner, como decíamos, está garabateando sus monigotes cuando de repente, en medio de una gran tormenta, un rayo provoca que su personaje, el supervillano Mortus, emerja de entre las páginas que está dibujando. Tener ante sí al chalado con ansias de conquista que él mismo ha creado ya es de por sí una mala noticia para Turner, pero las cosas irán a peor cuando Mortus revele sus intenciones. En el mundo real, él es solamente un dibujo, pero si consigue matar a su creador podrá volverse un ser de carne y hueso e iniciar la conquista de un mundo que ahora se encuentra a su disposición.

Así pues, Mortus ocupa el lugar de Turner y destierra a éste a las páginas de su propio cómic, que además es bastante acorde a los tiempos, ya que la obra de este dibujante no está exenta de monstruos, mutantes, artistas marciales, alienígenas… En definitiva, toda la alegre fauna de dientes, colmillos apretados y ojos entrecerrados que solíamos ver en cuatricomía y que ahora el bueno de Sketch tiene ante sí dispuestos a hacerlo fosfatina. Por suerte Comix Zone es un arcade de acción con bastante de beat’em up y algo de plataformas, lo cual significa que Turner no está indefenso y que este dibujante no es de los apocados sino que devuelve los golpes con contundentes movimientos de artes marciales.



El llevar al autor dentro de su propio mundo de ficción ya es de por sí un gran punto de partida por parte de Sega, pero la verdadera genialidad es el experimento narrativo y de metarreferencia que es en sí mismo Comix Zone, una apasionada carta de amor entre dos medios que demuestran que son capaces de amarse locamente entre sí y darnos como fruto una gran experiencia. Sketch se comunica (en castellano, lo cual es un detalle) con sus propias creaciones mediante los usuales bocadillos y textos de apoyo que veríamos en una historieta al uso, pero además le veremos pasar de viñeta a viñeta cogiéndose a los propios marcos de éstas y saltando al interior de la siguiente. Eso cuando sus golpes, o el impacto de algún enemigo que salga despedido, no hagan que la propia viñeta se rompa, abriéndonos el paso para seguir avanzando.

Todo en Comix Zone estará, lógicamente, hecho de papel, y eso lo veremos cuando nuestros enemigos derrotados estallen en jirones, pero también cuando hagamos uso de lo que vendría a ser el movimiento especial de Sketch, que no es ni más ni menos que agarrar el propio decorado de la página, rascar un pedazo de ésta y hacer un avión de papel a modo de arma arrojadiza en un guiño que es sencillamente fabuloso. También lo es una de las formas que tiene de ayudarnos Roadkill, la rata mascota de Sketch, que es capaz de detectar objetos escondidos en las viñetas, precisamente haciendo una de estas rasgaduras y revelándolo para que Turner lo pueda añadir a un inventario en el que puede albergar hasta tres de estos objetos.

Y hablando de estos objetos, su correcto uso nos librará de molestias y nos facilitará el camino si somos capaces de dar con ellos, ya que no solo Roadkill podrá rastrear algunos de ellos, sino que otros se encontrarán dentro de cajas o en ocasiones a simple vista. No nos vendrán mal porque, sin ir más lejos, la botella nos permitirá recuperar salud, mientras que la granada o el cuchillo los podremos arrojar a los enemigos para acabar con ellos. La dinamita nos puede quitar de en medio algún obstáculo que de otro modo tendríamos que retirar a guantazos, lo cual nos mermará también la energía, y de nuevo el propio Roadkill puede ser usado para utilizar interruptores a los cuales no lleguemos. El efecto devastador lo pone un objeto en forma de puño que hará que Sketch se transforme durante unos segundos en un superhéroe con uniforme y todo que lance un demoledor puñetazo capaz de romper la página y llevarse por delante todo lo que haya.



Comix Zone no es ni mucho menos un juego al uso. Quizá en el fondo pueda serlo, pero en la forma, desde luego, fue algo que rompió moldes. En Sega se soltaron la melena a base de bien para dar un producto que presentaba la contradicción de jugar con un tópico tras otro de los cómics que se estilaban por la época presentados de una manera fresca y original, con diálogos frecuentes en los que Turner parece que no cierra la boca ni bajo el agua, y en los que también vemos situaciones capaces de provocarnos la sonrisa, como la llegada del protagonista al templo del Kung Fung, no confundir con kung fu, o las reacciones de Mongoria, una luchadora femenina, al ver a Roadkill. Los propios enemigos suelen aparecer dibujados por la mano del mismísimo Mortus, por si faltaba algún detalle más.

Si leer un cómic de superhéroes al uso es uno de vuestros placeres culpables, y en su momento os perdisteis Comix Zone, a pesar de que fue versionado para PC y, posteriormente, para Game Boy Advance, una reciente reedición ha puesto el juego a disposición de los usuarios de Wii, PS3 y Xbox 360. Y la verdad es que es una de las joyas de Sega que no se pueden dejar pasar. Aunque no sea un Sonic, se trata de uno de los mejores juegos que tuvo Mega Drive, y desde aquí pedimos que Sketch Turner sea colocado en el lugar que merece en el panteón de héroes de la compañía. O en un coche para el próximo Sonic & All Stars Racing, en caso de haberlo.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego: 

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