Tras la línea enemiga

Acostumbrados a movernos por hexágonos y movilizar divisiones enteras de tanques y de cazas en los anteriores juegos sobre la Segunda Guerra Mundial, desde España se le dio una vuelta de tuerca. Nos metemos de lleno en la acción a través de la estrategia con Commandos.

Juegos de guerra, un género en el que nos hemos puesto en las botas de los principales líderes militares que marcaron el curso de la historia tal como la conocemos. Muchas veces hemos luchado desde la pantalla de nuestros ordenadores, porque principalmente es un género asiduo a las computadoras con algunas excepciones, en batallas que han pasado a los registros de la humanidad en todas las épocas. Hemos rememorado escenarios famosos de las dos grandes guerras que han sacudido el mundo en el siglo XX, pero también las gestas de los ejércitos napoleónicos, las luchas de las huestes romanas contra las tribus bárbas, la Guerra de Secesión americana y hasta conflictos imaginarios situados en un futuro inexistente o divergencias temporales causadas precisamente por un cambio de signo en los triunfadores de estas guerras decisivas.

A día de hoy, hemos tenido ocasión de poner nuestro genio estratégico al servicio de casi cualquier periodo temporal para inclinar la balanza a uno u otro lado, pero hay una particularidad en este tipo de juegos y es que en nuestro papel de generales tenemos a nuestro mando un ejército entero. Nosotros decidimos el avance a gran escala de nuestras tropas en un mapeado que, en su encarnación más clásica, venía representado en casillas a modo de los juegos de mesa con miniaturas que podían adquirirse por entonces. Tan es así que los hexágonos acabaron asociados a este género gracias a juegos como Panzer General. El jugador belicoso se mueve como pez en agua por esta especie de colmena mientras conquista el mundo a golpe de clic.



Comparados con los usuarios de juegos más encarados a la acción, los jugadores de juegos de estrategia militar parecían casi una rara avis. Parecían, porque en realidad eran legión, como posteriormente quedó patente cuando se empezó a popularizar a lo grande el género con sagas como Age of Empires o Command & Conquer. Ahora bien, movilizar tropas de la manera apropiada para aplastar al enemigo está muy bien, pero ¿qué hay de la labor de los soldados de a pie que arriesgan el pellejo? Un enfoque más individual de la guerra, con efectivos especializados en diferentes campos, es a lo que Pyro Studios le estuvo dando vueltas allá por 1998 para dar pie a un juego con una profundidad inusitada y un grado de desafío que no le iba a la zaga.

El juego se llamó Commandos: Behind Enemy Lines, más conocido para abreviar por Commandos, ya que precisamente estos serían sus protagonistas, un grupo de militares procedentes de diferentes grupos y con sus propias habilidades cuya colaboración y buen desempeño es fundamental para llevar a cabo las misiones de manera efectiva. Algo similar al tipo de estrategia táctica a la que Julian Gollop nos abrió las puertas con Laser Squad y que más tarde perfeccionaría con X-COM: Enemy Unknown. Sin embargo, aunque Commandos toma apuntes de estos juegos, y los toma muy bien, sabe desmarcarse también introduciendo una serie de variables en la ecuación, siendo la primera el hecho de que el juego transcurre en tiempo real, por lo que a menos que tengamos a nuestros chicos en una posición segura no podremos tomarnos tampoco todo el tiempo del mundo a la hora de avanzar.

En Commandos contamos con, valga la redundancia, comandos especiales que los fans de las películas bélicas o incluso de obras del noveno arte como la muy gamberra Brigada de Fusileros de Garth Ennis podrán reconocer bajo diversos arquetipos, y es que en realidad éstos se basan en personalidades reales que destacaron en su labor durante la Segunda Guerra Mundial. Y es precisamente en este periodo donde Commandos nos sitúa a lo largo de 20 misiones que arrancan en el año 1940 y que nos enfrentan al Eje bajo el mando de Hitler en un avance imparable contra el que las tropas aliadas se las ven y se las desean para frenar.

Se impone pues el pasar a la acción por medio del Boina Verde Jack “Butcher” O’Hara, un mostrenco especialmente dotado para el cuerpo a cuerpo; el francotirador Sir Francis “Duke” T. Woolridge, perfecto caballero inglés capaz de acertar a una mosca mientras se toma su taza de té; el marine James “Fins” Blackwood, vuestro hombre para actuar en el agua; el conductor Samuel Brookly, dispuesto a manejar lo que le echen; el zapador Thomas “Fireman” Hancock, dispuesto a volar por los aires todo cuanto haga falta con sus explosivos; y por supuesto no puede faltar un “Frenchy” y en Commandos es René Duchamp, un espía para el que nada puede guardar secretos.

Con una interfaz sencilla y un diseño gráfico exquisito, nuestra labor en Commandos es cumplir el objetivo de cada misión partiendo de que cada uno de nuestros hombres deberá llevar a cabo su labor, preferiblemente sin que le maten ya que los necesitaremos a todos. Y esto es más fácil decirlo que hacerlo, ya que nuestros muchachos son buenos pero los enemigos no están ahí por su cara bonita. Las tropas enemigas, al contrario que en muchos juegos, no están ciegas ni sordas. Muy al contrario, cada uno de ellos dispone de un campo de visión a media y larga distancia en el que podrá detectar a nuestros efectivos, a menos que algo se interponga entre ellos obstaculizando dicho campo. Avanzar a rastras es efectivo también a larga distancia, pero si nos acercamos demasiado, los enemigos darán la alarma y acudirán para acabar con nosotros. Y lo mismo si ven algo fuera de lo común, entiéndase huellas o algún cadáver tirado de un compañero, o si escuchan algún ruído extraño, como disparos. Un toque a lo Metal Gear que además de hacernos ir con cuidado nos da también un nuevo recurso, la posibilidad de emboscar al enemigo atrayéndoles a un punto en el que podamos acabar con ellos.

La jugabilidad de Commandos es tan pulida y tan completa que es uno de esos casos en lo que las ganas de desquitarnos por una misión fallida no llevan a seguir intentando la partida aun cuando Commandos es realmente un juego con una dificultad enorme que no hace sino ir en aumento. Hasta encontrar la adecuada manera de proceder en cada mapa nos podemos tirar de los pelos hasta quedarnos calvos, pero la sensación tan reconfortante que supone completar las misiones, y ese manejo tan bueno que tiene el juego bastan como para que la dureza de Commandos sea casi más un aliciente más que un impedimento.

Si la Edad de Oro del software español se asocia principalmente con la era de los ocho bits y con empresas como Dinamic, Topo u Opera, la sola aparición de Commandos y sus secuelas, así como el propio auge de Pyro Studios, valdría por sí misma una Edad de Platino. La aclamación a Commandos fue prácticamente universal y no era para menos. Los fans de la acción táctica quedarían irremediablemente enganchados, y lo que no podrían descubrir un género apasionante. Motivos más que sobrados para ponernos firmes, saludar y rendirle homenaje.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:
 

  • Película: La delgada línea roja, de Terrence Malik
  • Cómic: Las aventuras de la Brigada de Fusileros, de Garth Ennis y Carlos Ezquerra
  • Canción: Status Quo – In The Army Now

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